Es lo que hay

3,6 millones, como si fueran billetes del monopoly

Analizadas en frío, las deudas de los clubes de fútbol son un escándalo social

Los jugadores y la afición celebran la victoria contra el Real Madrid, el pasado 21 de febrero en El Sadar.
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Los jugadores y la afición celebran la victoria contra el Real Madrid, el pasado 21 de febrero en El Sadar.J.P. Urdiroz
Los jugadores y la afición celebran la victoria contra el Real Madrid, el pasado 21 de febrero en El Sadar.

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Luis Guinea

Publicado el 27/04/2026 a las 05:00

El osasunismo vivió un terremoto de escala media el pasado viernes cuando se dio a conocer un desvío de 3,6 millones de euros en las cuentas de la temporada 2024-2025. Un error que, una vez realizada la revisión por la nueva auditora, refleja que en el pasado ejercicio Osasuna no tuvo 2 millones de beneficio como se pensaba, sino un saldo negativo de -1,6 millones. El estado de las cuentas general apunta que, a 31 de diciembre, Osasuna tiene una deuda de 65,8 millones de los que 44 son del préstamo de LaLiga y que la deuda sin el plan impulso es de 22 millones de euros. El episodio, al margen del borrón reputacional para la entidad, invita a una reflexión global de mucho más calado.

El fútbol, su hipertrofia en todo, ha hecho que se asuma un error contable de 3,6 millones de euros prácticamente como si fuera una anécdota. O que se asuma como algo normal/asumible que un club como Osasuna tenga una deuda de 65 millones (o de 22 sin un plan que para el 90% de la población es como si le hablasen en mandarín). La cifra parece normal o se la considera pequeña si se compara con las cifras de otros clubes españoles. El pasado diciembre apunto el New York Times, que apuntaba una deuda financiera bruta de 1.541 millones del Barcelona, 1.302 del Real Madrid y 550 millones del Atlético de Madrid en el podio de LaLiga. Osasuna en esa tabla ocupaba el décimo puesto.

Analizadas en frío las deudas de los clubes de fútbol son un escándalo social, como lo son los sueldos de los futbolistas, las claúsulas de rescisión de los contratos y todo lo que rodea al fútbol profesional. Desde las superestructuras de personal y medios en las que se han convertido los clubes, pasando por los precios de todo: entradas, camisetas... mire por donde se mire es un deporte sobredimensionado.

La industria futbolera recurre siempre al es que el fútbol lo genera. Lo que los clubes generan cada año es más deuda y obtienen una permisividad fiscal y económica que a cualquier otra empresa -los clubes de fútbol lo son- las autoridades financieras no se la permiten. Esa es la diferencia. Si Calzados Gómez entra en números rojos lo más probable es que acabe bajando la persiana. El club endeudado de turno seguirá fichando con lo que presumiblemente saque de los derechos de TV de dentro de cinco años. Es como si todo se hiciera con billetes del Monopoly.

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