María: “Me sentía indefensa porque pensaba que no podía hacer nada”

María (nombre ficticio) sufrió acoso a través de las redes sociales y whatsapp durante más de un año. Gracias a la Asociación Stop! Violencia de Género Digital ha conseguido que su acosador no le mande ni un mensaje más

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Rubén Elizari

Actualizado el 14/05/2018 a las 06:00

En ocasiones, la realidad supera el guión de una mala película de terror. María (nombre ficticio) sufrió acoso digital durante un año. En ese tiempo “dejó de ser la que había sido siempre”. Agobio, impotencia o inseguridad son algunos de los adjetivos que emplea esta navarra para referirse a su caso. “No me sentía libre. Parecía que tenía que vivir sometida hasta que él lo decidiera”, relata aún afectada por el recuerdo de aquella época. Recibía llamadas a las cuatro o cinco de la madrugada y más de una veintena de mensajes diarios desde distintos números de teléfono móvil. Y en redes sociales, más de lo mismo. Gracias a la Asociación Stop! Violencia de Género Digital consiguió poner fin a esta situación y probar, con la colaboración de Alfredo Caballero Sucunza, el delegado territorial, todo lo que sufrió. Este caso también llegó a manos de la justicia. Su acosador fue condenado a pagar una multa de 720 euros y a indemnizar a María con 600 euros. “Tenía incluso miedo de encontrármelo en la calle. Después, entendí que donde se sentía fuerte era detrás de un ordenador o de una pantalla”.


¿Cómo comenzó todo?

Un fin de semana que salí de fiesta con mis amigos conocimos a un grupo de personas, nos caímos bien e intercambiamos los teléfonos. Después, coincidimos de marcha un par de días más. No había ninguna relación de ningún tipo. Este chico me empezó a mandar muchos mensajes. Me controlaba mucho. Si estaba en línea y no le contestaba... Quería meterse en mi vida desde el principio. No me gustó su actitud y le dejé desde el primer momento las cosas claras. Le dije que no se ilusionara conmigo porque no quería nada con él. Él no lo aceptó. A partir de ahí empezó a tener un comportamiento más obsesivo. Tanto en el número de mensajes como en las expresiones que empleaba. Analizaba todo lo que escribía en las redes sociales. Le acabé bloqueando. Era una situación nueva para mí y bastante desagradable.


Después de intentar poner distancia entre ambos, ¿cómo reaccionó él?

Después de bloquearle, me apareció con otro número distinto. Me hizo chantaje diciendo que había muerto su madre. De nuevo, le volví a pedir que me dejara tranquila. Y de nuevo, le bloquee el teléfono. A raíz de esto, empezaron a llegarme mensajes de más números que no conocía. Llegué a bloquear hasta ocho números distintos. Bloqueabas uno y te aparecían dos nuevos. A través de Internet vi que existe la posibilidad de comprar tarjetas con número español en Rusia. Y como no es necesario el registro... También creaba números virtuales. Me decía. “Me da igual todos los bloqueos que me pongas porque me los voy a saltar”.


¿Cómo se sentía?

Me sentía indefensa porque no podía hacer nada. Aunque bloquee su Facebook, me llegó un mensaje de él. Se había creado un perfil falso con el nombre de ‘Eres muy tonta’. Me mandó un texto bastante soez. Él me quería decir que le quería pero que no le dejaba. Me insultaba. Me decía que no le iba a callar ni le tenía que decir lo que tenía que hacer. Durante todo ese tiempo, cambió mi humor por completo. Yo no era así. Me costaba concentrarme. Sentía que estaba mucho más irascible por todo. Lo pasé muy mal.


¿Cuándo puso el tema de la policía?

Pensé que tenía que hacer algo. Estaba claro que él no tenía ninguna intención de parar. Hablé con un amigo mío, que es abogado. Aparte de que era una persona obsesiva, estaba claro que el diálogo no era una opción. Él tenía un objetivo claro que era quedar conmigo. Lo primero que hice fue denunciar. Había borrado los mensajes anteriores. Y como él me seguía hablando, guarde todo lo que me iba diciendo.


¿Temió por su vida?

Como vio que la comunicación conmigo era imposible, un día me mandó un mensaje y me dijo que se iba a poner en contacto con alguien cercano a mí. Y lo hizo. Como sabía dónde vivía, porque ese tema surgió en la primera conversación que tuvimos cuando nos conocimos estando de fiesta, se puso en contacto con un chico que trabajó con él y que era vecino mío. Me mandaba fotos y me decía: “Cada día, más cerca. Pronto vamos a vernos. Voy a ir un día a tu casa...”. Se justificaba diciendo que estaba enamorado.


¿Qué pasó después?

Conseguimos identificarle con la ayuda de Guardia Civil y Policía Nacional. Solo teníamos números de teléfono. Ni siquiera sabía su nombre y sus apellidos. A él le sentó fatal lo de la denuncia. Después de juicio se puso en contacto conmigo. Mandó un escrito a mi abogado y a mí intentando justificar lo que había hecho. Cargaba contra mí, y la Policía.


¿Por qué recurrió a la Asociación Stop Violencia de Género Digital?

Mi abogado me dijo que había que probar que yo misma no me había mandado esos mensajes por venganza. Necesitábamos que alguien corroborase que no se habían manipulado el manipulado. Gracias a ellos, y más personas que me ayudaron, he recuperado la normalidad en mi vida.


¿Qué les aconsejaría a las personas que se encuentren en una misma situación a la suya?

Sobre todo que denuncien. Ese es el primer paso. Que vayan a la policía.


Antes de sufrir acoso, ¿sabía qué era violencia de género digital?

No lo sabía. Por eso me he animado a contar mi historia. No quiero que nadie, ninguna otra mujer, tenga que pasar por esta tortura.

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