Educación y familia

Educar entre dos: Una familia real

El rifirrafe habido entre doña Letizia y doña Sofía demuestra que la Familia Real es una familia real.

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Pilar Guembe Carlos Goñi

Actualizado el 11/04/2018 a las 13:55

Tras el rifirrafe habido entre doña Letizia y doña Sofía, nuera y suegra, madre y abuela, reinas ambas, entendemos una cosa muy simple: que la Familia Real es una familia real. Todos los medios y las redes sociales se han hecho eco de mil maneras de la famosa escena en que doña Sofía intenta hacerse unas fotos con sus nietas a la salida de la misa del Domingo de Pascua en la catedral de Palma de Mallorca, mientras la madre de las niñas, la reina doña Letizia se interpone varias veces delante de las cámaras como intentando frustrar la fotografía. Los roces continúan cuando la princesa de Asturias intenta zafarse del brazo de su abuela, entonces, siempre con disimulo, don Felipe se acerca y también don Juan Carlos para intentar poner paz en ese rifirrafe doméstico que se extiende más allá del hogar. Estos hechos probablemente espontáneos, improvisados, impensados contrastan con la fotografía oficial, ya fuera de la catedral, en que la Familia Real al completo posó sonriente para los fotógrafos. (ver noticia)

El suceso ha incendiado las redes sociales y se han multiplicado los comentarios, los memes, los análisis serios y jocosos, incluso, hay quien ha barruntado una posible crisis de la monarquía. No hace falta llegar a tanto, sino solo ver lo ocurrido como un desliz natural, como ocurre en todas las casas. No existen familias perfectas, todos lo sabemos. Si la Familia Real fuera perfecta, simplemente, no sería real. Las discusiones entre suegra y nuera no solo pertenecen al acervo del humor popular, sino también, como lo hemos podido comprobar, a la vida real. A nadie le sorprende que una nuera tenga sus más y sus menos con su suegra, y si albergaba alguna duda al respecto, el episodio de las dos reinas la despeja definitivamente.

Lo que nos puede enseñar todo esto es que debemos cuidar las relaciones familiares no solo en lo que respecta a la familia nuclear (padres e hijos), sino también a la familia extensa (suegros, abuelos, tíos, cuñados, primos), la cual puede llegar a ser fuente de conflictos, si no se toma la distancia pertinente, por ejemplo, si involucramos a familiares en los problemas de la pareja, o se pierde la proximidad necesaria, por ejemplo, si no permitimos a los abuelos “hacer” de abuelos. La gestión de la familia extensa es delicada, pero, justamente por eso, necesita que le dediquemos el tiempo y el esfuerzo que, a veces, no le dedicamos. La fuerza de la familia también reside en cómo nosotros la fortalezcamos.

La sabiduría popular nos recomienda que lavemos los paños sucios en casa. Es una buena recomendación; aunque no siempre la seguimos o la podemos seguir, pues ¿a quién no se le ha escapado algún hilillo desaliñado delante de los de fuera? Claro que es mejor solucionar los problemas, los naturales rifirrafes cotidianos, dentro de la familia, pero eso a veces, por ser lo mejor, no se cumple y saltan las chispas donde y cuando no debería saltar. Volvemos a lo mismo: no hay familias perfectas, las familias reales tienen problemas y los intentan solucionar de la mejor manera posible. Del mismo modo que, como se suele decir, el que tiene boca se equivoca, se puede decir también que el que tiene familia sabe que no existe la familia perfecta.

Todo el revuelo que se ha generado con todo este asunto (aunque parece que ya ha quedado solucionado) parte del hecho de que suponemos que la Familia Real, para que sea un modelo de familia real, debería ser irreal. Eso, simplemente, resulta imposible. No es cuestión de resaltar los defectos reales a lo Francisco de Goya, como tampoco hace falta cubrirlos con Photoshop.

 

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