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DEMOGRAFÍA

La 'moda' del tercer hijo: 633 navarras tuvieron su tercer hijo en 2016, 84 más que en 2015

Aun así, el total de nacimientos en Navarra sigue en descenso y se sitúa en 5.894 en 2016

Héctor Plaza Sánchez y Olalla Alza Hernández, junto a sus hijas Nadia -11años-, Ariana -9- y Noa -1-.

Héctor Plaza Sánchez y Olalla Alza Hernández, junto a sus hijas Nadia -11años-, Ariana -9- y Noa -1-.

CEDIDA
Actualizada 18/02/2018 a las 12:33
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Cuando Olalla Alza Hernández cumplió 35 años decidió que ese era el momento idóneo para tener su tercer hijo. Sus dos hijas, Nadia y Ariana, de 10 y 8 años respectivamente, le habían dado unos buenos embarazos y quería volver a disfrutar, junto a su marido, Héctor Plaza Sánchez, del proceso de criar a un bebé. Como Olalla, Navarra contó en 2016 con 633 mamás ‘guerreras’ que se lanzaron a la locura del tercer hijo. O no, porque, tal y como lo define Olalla, fue su bebé “más pensado”.

Aunque el total de nacimientos en Navarra –5.894 en 2016, según el Instituto Navarro de Estadística- sigue en descenso, el número de parejas que decidió pasar a formar parte del colectivo de familias numerosas ha aumentado. En concreto, 633 madres dieron a luz a su tercer hijo en 2016 en Navarra; 84 más que en 2015, pero a pesar de ser un aumento “considerable” del 1,6%, denominarlo tendencia sería "aventurarse demasiado, porque todavía no se conoce con certeza hacia donde irán los datos en 2017”, explica el experto en Geografía Humana de la UPNA, Juan José Calvo Miranda.

“En el año 2009 se alcanzó el momento techo con 793 nacimientos del tercer hijo de familias navarras, después arrancó un descenso que abarca hasta el año 2015 y lo hizo a un ritmo de media de un 1%”, explica Calvo. Pero esta bajada parece haberse frenado en 2016. “Como en muchas ocasiones, no suele haber una única causa. Podríamos hablar de unas mejores expectativas desde el punto de vista económico. Se atisba una recuperación del empleo, una mejora general de la actividad económica”, añade.

Calvo recalca que siempre hay que hablar desde supuestos, ya que los datos a nivel global no dicen lo mismo. “En 2008 se alcanzó el valor máximo de nacimientos totales en Navarra -7.029-. Y este dato ha ido descendiendo año tras año, incluso en 2016, cuando se sitúa en 5.894”.

 

LA EDAD DE LA MADRE

Pero volvamos a Olalla y su bebé de un año, Noa. “La primera, Nadia, la tuve con 26 años y fue mucho más loco. Te lanzas a por el primer hijo como si fueras a jugar a mamás y a papás. Con la tercera no fue así. Era una idea que siempre nos había rondado por la cabeza, pero cumplí 35 años y supe que esa era la edad en la que tenía que decidirme”, explica Olalla Alza.

Según apunta Calvo, el retraso en la edad escogida por la mujer para ser madre podría influir en este aumento del tercer hijo. “Los últimos años se ha constatado una tendencia a retrasar la edad de ser madre. De los 29 años que estaba en el 90, a los 30 del 93 y así sucesivamente hasta que llegamos a 2014, cuando se establece en los 34 y se mantiene en 2015 y 2016”.

Al parecer, esto animaría a tener la segunda o tercera descendencia en un periodo de tiempo más reducido. “Tenemos menos familias que se animan a tener hijos, pero las que lo han hecho ya, deciden tener un segundo o tercer hijo en un tiempo más reducido porque han empezado tarde. Esto explicaría el hecho de que se mantiene el descenso del número de nacimientos, ya que en el caso del primer hijo es así, pero no ocurre lo mismo con un segundo o tercer hijo”, afirma.

Que las mujeres cada vez son madres con mayor edad es algo que también Olalla ha comprobado en el colegio. “Es curioso, aunque antes lo común era tener dos hijos, en las clases de mis hijas estoy viendo que sus compañeros suelen ser tres hermanos o hijos únicos”, explica. “Las que empezamos a tener hijos antes, ahora somos madres por partida triple, el resto se queda en uno; bien porque lo quieren así o porque no les da tiempo a tener más”, añade.

 

UN TERCER HIJO ‘SIN CAMBIOS'

Aumentar en un miembro la familia cambia la rutina, aunque Alza lo ha visto como un “proceso natural”. “Siempre he oído decir que el paso del segundo al tercer hijo era una barbaridad, un cambio muy brusco, pero a mí no me lo ha parecido”, confiesa. Aunque que exista tanta separación entre su segunda y tercera hija puede ser un punto a favor. “Que las niñas se lleven varios años entre ellas es algo positivo, o al menos nosotros lo vemos así. Ellas no son mayores, pero no tienen una dependencia tan grande hacia sus padres, lo que ha hecho que les podamos hacer partícipes del embarazo y la crianza del bebé. Es muy curioso porque se han convertido en ‘minimamis’ que preguntan y se interesan por cómo hago las cosas y si lo hacía con ellas”, cuenta.


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