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ENTREVISTA

Maite Aguirre, la navarra que se ha convertido en referente del yoga en Instagram

La alsasuarra que da clases de yoga a Cristina Pedroche explica cómo es el camino yogui que le ha llevado a inspirar a 34.000 personas en Instagram

Consejos para iniciarse en la práctica de yoga

La profesora de yoga Maite Aguirre ofrece consejos para iniciarte en la práctica de yoga.

SAIOA ROLÁN/BEGOÑA GOITIANDIA
Maite Aguirre, practicando yoga.

Maite Aguirre, practicando yoga.

DIEGO ARAUJO (@DEGOISTA)
Actualizada 18/07/2018 a las 22:59
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@Soy_yogi tiene más de 34.000 seguidores en su cuenta de Instagram. Sus publicaciones en esta red social acumulan más de 1.000 corazones rojos, esos que indican que algo gusta mucho. Es profesora de yoga de Cristina Pedroche. Sólo tres frases y es muy probable que tú ya hayas comenzado a prejuzgar a la mujer que describen, en parte, estas afirmaciones: “Bah, una de esas que se convierte en influencer porque da clases a una famosa”. Para; esa es una actitud muy poco yogui y, aunque sin esterilla, este texto pretende ser una sesión escrita de esta disciplina india que promulga el respeto a uno mismo y a los demás. ¿Preparado? Inhala, exhala. Allá vamos.

Detrás de @soy_yogi está la navarra Maite Aguirre Ortega, una alsasuarra de 32 años, que se ha convertido en un referente del yoga en España, sobre todo en Instagram; gracias a su formación internacional, las coloridas e inspiradoras fotos -tomadas por su novio, Ryan, y su amigo Diego- de su perfil y una apasionada manera de expresarse a través de los posts, en los que derrocha buena energía. Ella considera que “no es para tanto”, pero la realidad es que sus talleres se llenan en menos de una semana, su correo electrónico recibe innumerables consultas diarias y su agenda no tiene más huecos para ofrecer clases de Flow, Hot y Yin Yoga.

 

No duda al elegir la palabra que describe lo que esta disciplina india ha aportado a su vida: “Tranquilidad”, responde, casi sin dar tiempo a terminar de formular la pregunta. “La primera vez que no pude ir a clases durante una semana, porque estaba estudiando un máster online, creía que me estaba volviendo loca. Si no practico un día, me subo por las paredes, me cargo enseguida”.

Entiende el yoga como esa herramienta necesaria para equilibrar este mundo trastornado. “En vez de recurrir a las pastillas para sanar el estrés, una enfermedad que se ha convertido en crónica en esta sociedad, ¿por qué no probar las clases de yoga? Con ellas se consigue cambiar el discurso y decir: “Bien, estoy estresado, pero voy a conseguir las herramientas que me ayuden a lidiar con esto, que nos auto imponemos muchas veces”, reflexiona esta yogui viajera, que ha sumado experiencia en Colombia, California, Francia, Centroamérica, Noruega y, ahora, Madrid.

 

El DESCARTE QUE SE CONVIRTIÓ EN PASIÓN

El camino yogui de Maite comenzó por descarte, precisamente, en una de sus aventuras por el mundo; concretamente en Bogotá, donde vivía. “Me quedé sin trabajo de la noche a la mañana, por tema de visados, y me propuse ocupar mis horas en algo a lo que pudiese llegar andando; porque si tenía que coger el coche en una ciudad con tantos atascos, no lo iba a hacer. Yo quería bailar salsa, pero la escuela más cercana estaba a tres paradas de autobús y, sin embargo, tenía una de yoga al lado de casa. No me quise engañar y seguí la premisa inicial de que estuviese cerca de casa”, recuerda. Así, el yoga se convirtió primero en su “escapadera” y después en su “pasión”.

Empezó practicando Bikram yoga, un estilo también conocido como Hot yoga, que se realiza en una sala acondicionada a 40 grados y con un 40% de humedad. Acudía al estudio todos los días, porque “no tenía nada más que hacer” y, al final, se enganchó. “Es la liberación mental que siento en cada clase, cómo noto mi cuerpo fluyendo en todas las posturas, lo que me ha hecho ‘adicta’ al yoga. La experiencia más liberadora que existe para mí es poder aislar todo el barullo generado por mi mente para poder escuchar únicamente el poder de mi respiración retumbando en mi interior. Por esto sé que seré yogui siempre”, explica.

Después de un año dándose la oportunidad de escucharse y sacar a la luz su verdadera esencia, decidió formarse para inspirar y animar a otras personas a lograr ese cambio que ella había experimentado. Un empujoncito de la dueña del estudio en el que practicaba hizo el resto para que se lanzase a por el certificado que le acredita como profesora de yoga en California; y cambiar el rumbo que hasta ahora había tomado su vida profesional: trabajó en una auditoría y en el área de internacionalización de una universidad.

CUATRO HORAS DE YOGA AL DÍA

Si sumamos el tiempo que emplea dando clases y el que dedica a su práctica, Maite Aguirre invierte cuatro horas al día a fluir sobre la esterilla. Depende de con quién sea la clase, si esa persona tiene su nivel o similar, lo considera como práctica personal porque es exigente también para ella. Si no, practica sola en casa o acude a la clase anterior o posterior a la suya en el estudio. “Ser profesora de yoga no significa que ya lo sepas absolutamente todo de esta disciplina. Es como todo en la vida, tengo que seguir formándome y nutriéndome de otros conocimientos, para escuchar otras maneras de verbalizar los conocimientos o descubrir nuevos ajustes en las posturas”, considera.

Sus prácticas a solas consisten en desenrollar la esterilla y comenzar a moverse a la vez que su respiración. No sigue una secuencia preestablecida. “Tengo la suerte de no obsesionarme con llegar a hacer determinada postura; me gusta, simplemente, fluir. Así que, por ejemplo, me encantan los saludos al sol, una secuencia que, por cierto, es muy complicada de ejecutar correctamente, aunque parezca sencilla una vez que la aprendes”, confiesa.

 

Para quien quiera sumarse a este ‘boom’ del yoga que se está dando en España, tiene un consejo claro: buscar un estudio cercano y acudir a clases, “es muy importante que un profesor te explique las respiraciones, las alineaciones, los ajustes… Aprender en casa a solas requiere una disciplina difícil de alcanzar. Y, aun y todo, es necesario que alguien te guíe para asimilar bien la esencia del yoga”.

¿MEDITACIÓN? SÍ, PERO A SU DEBIDO TIEMPO

Esta joven alsasuarra, que ahora reside y trabaja en Madrid, considera que el yoga es un camino y cada yogui tiene que experimentar su recorrido. “Nunca les digo a mis alumnos que se pongan a meditar de buenas a primeras. Dejo que cada uno dé sus pasos según esté preparado. Que se despojen de los miedos y las vergüenzas, que abran sus puertas mentalmente hablando”, comenta.

Reconoce que ella misma ha pasado por muchas etapas. Comenzó interesada por el tema más físico, pero conforme profundizó en la práctica se interesó más por la parte espiritual de esta disciplina. Así llegó a su vida la meditación, una “asignatura” que todavía hoy trata de aprobar, pero que considera esencial: “Los movimientos que hacemos a través de la asana -postura- no son sólo para fortalecer y flexibilizar sino para calmar y activar mucho la energía para poder sentarse a meditar”.

 

LA COMUNIDAD YOGUI EN INSTAGRAM

Gestionar más de 34.000 seguidores en Instagram no es fácil en ningún caso. Y, muchas veces, llega a ser desagradable porque de todo hay en este mundo. ¿Pero cómo va a enfadarse una yogui? Pues sí, también se cabrean, aunque su forma de entender la vida les empuje rápidamente a reflexionar, respirar, aceptar, respetar y hacerse respetar de manera asertiva. “Ahora, si recibo un mensaje que no me gusta de alguien, digo: “Mira te voy a hacer un favor y ya no me sigues”. Lo decido yo y sigo mi vida sin darle más importancia”, confiesa.

Al margen de esto, Maite asegura que el balance que hace de las redes sociales es positivo. “La comunidad yogui en Instagram siempre tiene un mensaje bonito e inspirador. A mí siempre me ha ayudado como una fuente de inspiración, mucho más allá de la foto, las palabras que la gente comparte. Es verdad que si sólo nos quedamos con la foto acaba siendo postureo, no por cómo lo postea el instagramer, sino por cómo lo percibe la gente”, valora.

Ahora, con el yoga por bandera, en las redes y en su día a día, siente que desea más de la vida que tiene, en lugar de querer cambiarla. Ya no cree que lo mejor está por llegar. Una actitud muy yogui que ella tiene el don de contagiar. Quizá sea por eso -por méritos propios- que más de 34.000 personas buscan inspiración en su cuenta de Instagram.

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