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Camino de Santiago

Japón limpia el Camino de Santiago en Navarra

Cada 4 meses, voluntarios japoneses recorren las cunetas de la ruta jacobea en Navarra para recoger basura. Así se vive una etapa a su lado

Voluntarios japoneses limpian el Camino de Santiago en Navarra
Voluntarios japoneses limpian el Camino de Santiago en Navarra
Cada cuatro meses se reúnen para llevar a cabo esta labor.
Iván Benítez
Cada 4 meses, voluntarios japoneses recorren las cunetas de la ruta jacobea en Navarra para recoger basura. Así se vive una etapa a su lado
Yosuke, de 30 años y estudiante de español en la Universidad de Navarra, forma parte de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, pioneros de 'Un paso limpio'.
Japón limpia el Camino de Santiago 13 Fotos
Japón limpia el Camino de Santiago
Cada 4 meses, voluntarios japoneses recorren las cunetas de la ruta jacobea en Navarra para recoger basura. Así se vive una etapa a su lado
Iván Benítez
Actualizada 05/11/2017 a las 06:00

La japonesa tomoko morioka se encontraba en una situación “desesperada”; había perdido las ganas de vivir. Gracias a un periodista de su país, recorrió el camino de Santiago y recuperó la ilusión. Tomoko, agradecida, se sentía en deuda con la ruta jacobea. y junto con un navarro, creó ‘un paso limpio’.

“¡Que tengan que venir de Japón a limpiar el Camino!...”

 

 

"El Camino de Santiago me salvó la vida...”, reconoce vía e-mail desde Japón la coach de 50 años Tomoko Morioka. “Todo empezó en 2007. Llevaba una vida muy difícil. Vivía una situación de desesperación total. Incluso había llegado a perder el sentido de la vida”, cuenta. “Por eso, cuando oí que un periodista de mi país iba a viajar a Navarra para recorrer el Camino, le pedí que me llevara de intérprete. Yo sólo quería escaparme de la realidad. No esperaba nada...”. Sin embargo, “a veces, sin tener demasiada información y sin esperar nada a cambio, recibes un golpe de suerte en el momento más crítico”.

Y ocurrió “algo”. Tomoko intenta explicarse. “Cuando caminaba sentía que el universo y la tierra atravesaban mi cuerpo... Cada paso que daba me llenaba de alegría y satisfacción. Puedo decir que ocurrió un milagro. Y mi sufrimiento se convirtió en agradecimiento y en amor. Desde entonces, sólo quiero ser parte del Camino”.

En este primer viaje, en 2007, la peregrina japonesa escuchó todo tipo de historias de todo tipo de personas. Relatos de desesperanza y de aliento. Pero hubo uno que le espoleó “especialmente” por su valor espiritual y práctico. El testimonio de un avezado documentalista de la ruta jacobea, un vecino de Berriozar de 62 años llamado José Vázquez, empecinado en “concienciar” sobre la importancia de la limpieza de esta vieja senda.

Después de 35 años en la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Navarra y cinco tirando de un carrito de la limpieza fabricado por él mismo con materiales reciclables, recogiendo con sus propias manos los residuos que desechan los caminantes, desbordado por una situación que empeora por culpa de la masificación y de las “buenas pero vagas palabras” de las instituciones, Vázquez cree que ha llegado el momento de tirar la toalla. “Me siento muy cansado... Es de locos limpiar y limpiar si no hay detrás una campaña de recogida”, admite.

A través de Facebook, recuerda cómo empezó todo, contactaba con la facultad de Turismo de Madrid y les preguntaba cómo conseguir que el Camino de Santiago fuese más limpio. “Ellos me pedían que les clasificara el tipo de basura que encontraba... y les enviaba informes”. Respecto al departamento de Turismo del Gobierno de Navarra, “al principio no me creían, así que les tuve que dejar en la oficina alguna que otra bolsa de basura”, sonríe, “hasta que me dijeron que no les llevara más”.

EL CARRITO DE LA LIMPIEZA

Con el paso del tiempo, construyó un carrito con ruedas de bicicleta de niño, estanterías desechables y luces homologadas con el que poder arañar miradas curiosas. “Pensé que si acumulaba la basura y la hacía visible, conseguiría el efecto necesario para poder llamar la atención”. Vázquez insiste en la importancia de una “buena campaña nacional” abanderada por las instituciones que vaya de principio a fin, de Navarra a Santiago. “El problema va a más por la masificación... y porque cada vez hay más guarrigrinos”, lamenta.

“Estoy cansado de limpiar el Camino con mis propias manos y de escuchar palabras vacías desde las instituciones”

La japonesa y el de Berriozar coincidieron en 2007 mientras hacían una de las etapas navarras. Gracias a este encuentro, nacía el “espíritu” de un proyecto “ambicioso” del que se ocupará finalmente la coach japonesa y al que bautizarán en junio de 2015 como un Un paso limpio.
“En Japón, cada año, más de 30.000 personas pierden la vida por suicidio”, revela. “Así que pensé que si ellos hubieran conocido el Camino, se hubieran podido salvar...”, sigue relatando vía e-mail Tomoko.

Lo primero que hizo al aterrizar en su país, fue fundar la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Japón y ponerse en contacto con la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Astorga para poder llevar a cabo Un paso limpio. “Este proyecto no es un mero proyecto de limpieza, sino algo muy ambicioso”, indica Tomoko. “Para nosotros, los extranjeros, el Camino de Santiago es único. No está separado por provincias, ni autonomías, ni asociaciones”, deja claro.

“Entre las asociaciones no existe nada de relación en las actividades que hacen”, evidencia. “Y cuando limpian el Camino, sólo se encargan de su parte... y se quedan contentos. Y cada uno hace lo bueno. Pero no hay continuidad. Por eso lamenté mucho esa situación”, explica. “Pero a la vez dudaba. Me preguntaba por qué no existe alguna organización que unifique las actividades del Camino como los asuntos del albergue, de la limpieza, de la acogida de los peregrinos, de la protección de los peregrinos, etc”.

Esta iniciativa, según expusieron por entonces los organizadores, buscaba “ser una llamada de atención y un acto de concienciación sobre el cuidado del medio ambiente en general y de nuestros caminos de peregrinación en particular, apelando a las responsabilidades y las capacidades que cada cual pueda tener en su limpieza y mantenimiento”. El plan de recogida de residuos en Navarra, que se lleva a cabo cada cuatro meses de Zizur Mayor a Estella, en dos etapas, lo protagonizan estudiantes universitarios japoneses a los que se les suman otros de diferentes nacionalidades. La última vez que lo limpiaron fue a finales de septiembre. El grupo lo conformaban tres japoneses, un canadiense y dos navarros. Aquel día recogieron botellas de plástico, ropa de todo tipo, latas de cerveza, botas...

 

“Existe falta de compromiso municipal”

La Asociación del Camino de Astorga estrenará el próximo año una aplicación para el móvil con la que los peregrinos podrán informar del estado en el que se encuentra el Camino de Santiago, podrán grabar su propio camino y recibir información sobre diferentes servicios: farmacias, restaurantes, oficinas de corres, de tren, de autobús, etc. Para Juan Carlos Pérez, presidente de esta asociación -también impulsora de Un paso limpio- uno de los mayores problemas con los que se están encontrando en la recogida de residuos en el Camino “es la falta de compromiso municipal”, sostiene. “Queremos trabajar con los más de sesenta municipios que conforman la Asociación de Municipios del Camino de Santiago y así emprender acciones conjuntas”, indica. “A veces te encuentras papeleras llenas que luego no se recogen. Muchas veces, las poblaciones luchan para que el Camino pase por sus lugares, pero luego no quieren asumir los inconvenientes. Y la limpieza es uno de ellos”. Pérez lamenta que se haya extendido
la moda de dejar elementos en lugares emblemáticos.

“Estas prácticas se han convertido en un grave deterioro para el medio ambiente y ha eliminado la costumbre ancestral de depositar una pequeña piedra traída desde el lugar de origen, para, de este modo, simbolizar la descarga de un pecado o de una carga interior”.

 

28 bolsas en 19 km

 

 

Algo debe tener el Camino de Santiago cuando a un navarro de 53 años se le humedecen los ojos con solo mencionarlo. Santiago Pérez ‘Santi’, natural de Miranda de Arga y aficionado a la gaita y al zanpantzar, posee unos enormes ojos azules que se aclaran aún más entre lágrimas. Son las ocho de la mañana y el amanecer sorprende a todos con un azul raso. Los gritos de José Vázquez espolean al grupo en dirección al Perdón. “¡E ultreia! ¡E suseia!...”, les anima. En cabeza se encuentra Santi, tirando del carrito de la limpieza del que cuelgan varias bolsas de plástico amarillas. “¡O sientes el Camino o no lo sientes!”, expresa, imponiendo un ritmo trepidante. Le siguen Yosuke (30 años), Shane (22), Asuka (20), Masaya (20) y José (62). Además de unas cien bolsas con el logo de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Japón, cada uno lleva un cepo y unos guantes.

Los metros iniciales los enfilan unidos, proyectando sombras alargadas en un arcén bañado en oro. No tardan en dispersarse al descubrir despojos. “El tema no es limpiar, sino dejar de ensuciar”, aclara Vázquez. “Con todo esto lo que intentamos transmitir es un sentido pedagógico, que te vean y se conciencien. Por eso también entregamos bolsas a la gente”.

El japonés Josuke toma el relevo. A sus 30 años, después de haber trabajado en una compañía de transportes tiene claro que su vida está conectada al Camino. De momento, no prevé regresar a Japón. “Dejé mi trabajo hace un año. Se trabaja muy duro, con una semana o dos de vacaciones como mucho al año”. Lo recorrió por primera vez hace nueve años. En aquella ocasión sólo hizo algunas etapas en diez días. Sin embargo, le atrapó. “Conocerlo me cambió la vida. Me cambió la perspectiva de todo. Aprendí que hay otra forma de vida”. Desde hace cuatro años forma parte de la Asociación Amigos de Santiago que preside su amiga Tomoko. El Camino le atrajo a Navarra en septiembre a estudiar español en la Universidad de Navarra. Su sueño es trabajar en algo relacionado con el Camino. “Quizá abrir un albergue”, asiente.

Los voluntarios de la limpieza reciben todo tipo de agradecimientos por parte de los peregrinos. Santi no disimula cierto enfado. Hace hincapié en el esfuerzo añadido que tienen que realizar para extraer la basura de las zarzas. “La gente arroja las latas dentro para ocultarlas y cuesta sacarlas sin arañarse”, observa.

El traqueteo por las pistas empedradas hace temblar la carga. En ocasiones, incluso, se desnivela y está punto de volcar. El calor aprieta y comienza a estorbar la ropa. Entre repecho y repecho, camino a lo alto, los japoneses se interesan por unos extraños frutos que crecen de unos arbustos. “Son pacharanes”, ríe Santi. Los tres conocen el pacharán y lo degustarán más arriba, a la hora del almuerzo, en Zariquiegui.

A las 10.15 horas, el grupo se detiene frente a la portada románica de la iglesia de Zariquiegui y atiende las explicaciones históricas de José Vázquez. Acto seguido, se sientan en un lateral y dan buena cuenta de unos pinchos de chistorra y de chorizo de León, regados con una bota de vino. Todos lo prueban, excepto el canadiense, que es vegetariano. Al terminar, hacen recuento de lo acumulado. Hasta el momento 11 bolsas. Las depositan en el contenedor y continúan.

“Si algo te enseña el Camino es que todos somos iguales”, dice Santi al emprender la ruta. Asuka se retrasa y se queda mirando al horizonte. “Los paisajes aquí son tan distintos a Japón”, susurra en un buen castellano. La nipona estudia filología española. “Me interesa vuestro idioma porque es una de las lenguas más habladas, pero es complicada por las conjugaciones”. Santi le anima a seguir. “Septiembre y octubre es la mejor época para recorrerlo. Tienes de todo: uvas, peras, higos, manzanas, moras, nueces...”, interviene el navarro. Al dejar de hablar sólo se escuchan las pisadas sobre la gravilla. “Me encanta este sonido...”.

LÁGRIMAS EN UTERGA

Al coronar la cima del Perdón, el viento arremete de lado con intensidad. Arriba posan con el Monumento al Peregrino. “Ahora toca lo más duro, la bajada”, avisa José. Y efectivamente, el descenso no es fácil. Santi y José se ocupan de mantener el carro y el séquito de encontrar residuos. Los hay por todas partes, latas y botellas principalmente. Varias peregrinas catalanas se llevan las manos a la cara al superar al grupo de limpieza y recibir unas bolsas de plástico vacías. “¡Que tengan que venir de Japón a limpiar el Camino!”, se le escapa a una de ellas. “Así es...”, interpela Santi. “Forma parte de un proyecto que nació en Japón ”, les detalla.

Las piedras acumuladas ocultan algunos mojones que sirven para señalizar el itinerario. “Aquí se les llama hito... en Japón Hiroshito”, bromea Santi, riendo a carcajadas. Los tres japoneses escuchan concentrados, sin comprender. El grupo toma un respiro para comer algo de fruta y dar un nuevo trago al pacharán casero. “El secreto es divertirse mientras uno limpia”.

En Uterga hacen otro alto, en el Albergue Camino del Perdón. Y, de nuevo, almuerzo. Esta vez a base de jamón y cañas. Faltan siete kilómetros. Santi se emociona al ver entrar al albergue a los peregrinos. “Son los esforzados”, les llama, remontándose a su primera vez como peregrinos. “Hace 14 años estaba comiendo en un restaurante y me sirvieron una vieira. La limpié bien, la guardé y me dije que al jubilarme haría el Camino”. Al final no tuvo que transcurrir tanto tiempo. En 2008, después de perder el empleo, vio la oportunidad. Se colgó la mochila y se aventuró. Desde entonces, lo ha andado en tres ocasiones. “Me despedí de mi hijo en Tafalla. Subí al autobús entre lágrimas, con miedo por lo que me iba a encontrar”, rememora. “Al pisar Roncesvalles y empezar, el miedo desapareció”.

El tiempo se les echa encima. “Quedan ocho kilómetros y hay que llegar antes de las cuatro”, espolea el de Miranda de Arga, comprobando la hora. Son las 14 horas. El grupo se despide de Uterga. El calor aprieta más y más, y los kilómetros ya pesan. Asuka se siente cansada pero no se queja. Las pinzas recogedoras continúan enganchando plásticos sin parar.

A las 15.20 horas, se escucha ¡utreia!. Santi abraza a Yosuke. “¡Llegamos!”. Y sus ojos azules se vuelven a humedecer. “¡Ahora a comer!”. Han dejado un coche en el albergue de los Reparadores y otro en Zizur Mayor. Sacan la comida: tortillas, lomo con pimientos y sandía. “Ha sido una cantidad de basura considerable”, comentan. 28 bolsas en 19 kilómetros.


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