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Halloween 2017

Leyendas de Navarra para narrar la noche de Halloween

Con el Camino de Santiago como punto central, caballeros, batallas, diablos y almas perdidas protagonizan las leyendas que explican la historia de los lugares de Navarra donde vive el misterio

Leyendas Navarra

Imagen de la Cueva de la Mora, en Fitero.

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Actualizada 03/11/2017 a las 10:22

Si recorriésemos Navarra, de norte a sur y de este a oeste, a través de sus gentes, no encontraríamos otra cosa que una tierra de leyendas en las que las brujas, los demonios y las almas perdidas conviven con sus habitantes y se camuflan entre sus bosques, ríos y montañas. Fábulas, mitos e historias que llegan a través de la voz de los mayores y que sobreviven, generación tras generación, para estrechar el vínculo de sus vecinos con la tierra.

Navarra se muestra así como un lugar en el que el misterio te envuelve y la imaginación alcanza sus límites más insospechados. Aquí se recopilan algunas de sus leyendas.

 

La Cueva de la Mora de Fitero

 

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“¡Penetrar en la cueva de la mora! -me dijo como asombrado al oír mi pregunta-. ¿Quién había de atreverse? ¿No sabe usted que de esa sima sale todas las noches un ánima?”, así comienza Gustavo Adolfo Bécquer una de las leyendas navarras más famosa: la de la cueva de la mora de Fitero. El escritor, que se alojó en la localidad en busca del poder de sus aguas termales para sanar, encontró bajo las ruinas del castillo de Tudején una fuente de inspiración.

Las aguas del río Alhama, que bañan las ruinas del antiguo castillo, son las protagonistas de esta historia. Junto a ellas, la hija del alcaide moro que ocupó este fuerte en los años de la Reconquista, o mejor dicho, su alma, que cada noche sale de unas de las entradas secretas al castillo y se acerca hasta el río en busca de agua fresca para su caballero herido.

Cuentas los vecinos de Fitero que el enamorado de la mora fue un caballero cristiano hecho prisionero en una de las tantas batallas que enfrentaron a moros y cristianos en la Reconquista. Sin embargo, este encierro no provocó en el preso una desdicha mayor que el enamoramiento. Cuando el héroe volvió al hogar, al calor de su familia y al de sus soldados, tal era su locura que no consiguió hallar la felicidad sin su amada. Así, bajo la enmascarada de venganza, el soldado guió a sus compañeros a la batalla contra el alcaide moro, consiguiendo así hacerse con el castillo y su preciado tesoro, su mora enamorada.

La embriaguez no hizo ver al caballero cristiano la valentía con la que los moros acudieron días después a cobrarse lo que era suyo. Y la fatalidad quiso que el héroe enamorado recibiese un golpe mortal y acabase en las manos de su mora. Ésta, que conocía todas las salidas secretas de la fortaleza, arrastró al caballero hasta las orillas del río Alhama y allí fue alcanzada por una flecha, muriendo ambos frente al pasadizo que hoy se conoce como la Cueva de la mora.

 

El Brujo de Bargota

 

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Sin abandonar del todo el agua, las leyendas de Navarra nos llevan esta vez a Viana, a la Laguna de las Cañas, donde el brujo de Bargota confesó haber celebrado misas negras en presencia de Satanás.

Joanis, como era conocido por sus vecinos, era un sacerdote que compartía con sus feligreses historias tan fantásticas como que cada tarde iba desde Viana al pico de Urbión volando y regresaba para dar misa. Estas revelaciones no tardaron a llegar a la Inquisición, que puso en su punto de mira al brujo de Bargota, y consiguió dar con él hasta en dos ocasiones.

La primera, en 1599, cuando el Tribunal de la Inquisición de Logroño lo incluyó en las causas de ‘La cieguita de Viana’ o ‘Los brujos de Zugarramundi’. De ésta, Joanis consiguió escapar de los calabozos y regresar a Bargota como si nada hubiera pasado.

La segunda, esta vez sin la misma suerte, fue aquella que acabó con la confesión del mismísimo Joanis en la que contó con detalle cómo discurrían sus reuniones, los caminos que seguían para acceder a la laguna de Cañas y hasta el tipo de escobones que utilizaban en sus desplazamientos, cuando no tenían a mano murciélagos o búhos o esqueletos de animales que les transportasen.

Relató incluso que a las once y media de la noche sonaba un trueno terrible que les anunciaba la presencia inmediata de Satanás y que a las doce comenzaba la misa negra, que se prolongaba hasta el segundo canto del gallo.

Sin embargo, lo curioso de la leyenda del brujo de Bargota es que consiguió sobrevivir a la Inquisición y, desde entonces, los vecinos de los pueblos aledaños a las Lagunas de Cañas escuchan cada noche el trueno anunciador y los ruidos propios de la misa negra impartida por Joanis.

 

Eunate

 

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En el centro geográfico de Navarra se construyó, en la segunda mitad del siglo XII, la iglesia de Santa María de Eunate. Muchas son las historias que los vecinos del lugar cuentan sobre esta ermita, y muchas las relaciones que se le con los templarios y el Camino de Santiago. Prueba de ello son las similitudes que existen entre los planos del Santo Sepulcro de Jerusalén y la iglesia navarra, pero eso es otra historia.

La leyenda más escuchada en relación a esta ermita tiene que ver su pórtico y la reproducción exacta del mismo en San Miguel de Olcoz. Según cuentan la leyenda, el maestro cantero encargado del pórtico tuvo que ausentarse de su trabajo sin haber terminado el pórtico, lo que llevó al abad del templo a recurrir a otros canteros. Para continuar con la labor escogió a un jentilak que, un poder sobrenatural, finalizó la obra en tres días.

Cuando el maestro cantero se enteró acudió al abad, que le recriminó no haber terminado el pórtico y encomendó una nueva tarea: reproducir un nuevo pórtico en el mismo tiempo que lo había hecho el jentilak. El maestro cantero, ante lo imposible de su tarea, recurrió entonces a una bruja laminak – mitad mujer, mitad oca – para hallar la solución. Ésta le ordenó coger la piedra luna que depositase una serpiente en la orilla del río la noche de San Juan.

El cantero, que siguió las órdenes de la bruja, recogió la piedra y la depositó sobre la copa de oro que la bruja le había entregado. De esta forma, la luz que saliese de la piedra labraría las piedras del nuevo pórtico.

La predicción de la bruja se cumplió y, días después, el jentilak, lleno de rabia, se personó en Santa María de Eunate y dio una patada con la que trasladó el nuevo pórtico hasta San Miguel de Olcoz. Hoy se pueden admirar ambos pórticos, colocados de forma opuesta, en Eunate o Olcoz.

 

El Puente del diablo en la Foz de Lumbier

 

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La antigua puerta meriodional a la Foz de Lumbier, hoy conocida como Puente del diablo o Puente de Jesús, esconde bajo los restos de su misteriosa pasarela un sinfín de leyendas que explican su construcción. Pudo ser el diablo, en su afán de conseguir almas perdidas, o quizá fueron los peregrinos católicos en busca de un camino más 'amable' que les llevara hasta Santiago. Sin duda, lo que sí parece cierto es que el puente, construido en la época de la reconquista, fue derruido por el general Espoz y Mira en la Guerra de la Independencia para cerrar así el paso a las tropas francesas.

La leyenda, lo que aquí nos ocupa, habla de una rica dama llamada Magdalena, enferma de riñón y del estómago. Tal fue su dolor, que un día su sirvienta Clisatela decidió salir en busca de las aguas curativas de la fuente de Liscar. Pero lo que no tuvo en cuenta esta sirvienta es que para ello tenía que atravesar el río que transcurre por la Foz de Lumbier y debía hacerlo sin barca, ya que el viento se la había llevado. 

El diablo, que apareció al oler su desesperación, le ofreció hacer un trato. Él le construiría un puente para atravesar la foz antes de las 6 de la madrugada y ella tendría que entregarle su alma. Clisatela, dubitativa, terminó por aceptar el pacto y esperó a que el diablo llevara a cabo su cometido.

Cuando el reloj de sol de una torre cercana marcó las 7 - una hora más tarde de lo pactado-, el diablo mostró a Clisetela su construcción, que unía de un lado a otro la Foz y permitía a la joven atravesar. La joven, que milagrosamente se salvó el entregar su alma al diablo, decidió rebautizar el puente como el de Jesús.

 

Fuente de Erreniega o de Gambellacos del Camino de Santiago

 

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La Fuente Reniega es una pila de agua clara, que se ubica en Alto de Perdón, en la cuarta etapa del Camino Francés y a pocos kilómetros de Pamplona. Su nombre en la actualidad es fuente de Erreniega o de Gambellacos pero todo el mundo la conoce como Fuente Reniega.Cuenta la leyenda que un peregrino, sediento tras la larga caminata, vio como se cruzaba ante él un hombre que le ofreció calmar su sed a cambio de renegar de Dios. El peregrino, firme en su fe, lo rechazó.

El diablo, disfrazado de caminante,  quiso disminuir la oferta tentándolo nuevamente con el agua pero esta vez a cambio de que negase a la Virgen María. El peregrino se volvió a negar al ofrecimiento.

El diablo, persistente, le propuso esta vez un trago por renegar del Apóstol Santiago. El joven volvió a rechazar la oferta y rezó para que lo ayudaran desde el cielo.

En ese mismo momento el diablo disfrazado de hombre se convirtió en una nube de azufre y desapareció.En ese mismo instante, apareció en el lugar una fuente – la hoy conocida como de Erreniega o de Gambellacos, con la que pudo finalmente saciar su sed.

 

La leyenda de Teodosio de Goñi de San Miguel de Aralar

 

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“Al subir una tarde de otoño de las cendeas de Olza y Ollo al valle de Goñi y llegar a "Errotavidea"-escribe Caro Baroja- he vuelto a sentir la tragedia de don Teodosio, que no existió carnalmente en la época del rey Witiza, ni acaso en ninguna otra, pero que ha vivido en el alma de generaciones y generaciones hasta convertirse, y no poco por fuerza del escrito de un fraile del siglo XVIII, y más aún de una novela de un escritor romántico y tradicionalista del XIX, en figura popular en la Navarra del XX, en héroe casi “nacional”, dando a esta palabra el significado que antiguamente se le daba".

El protagonista de esta leyenda que tanto impactó a Baroja es Teodosio, un caballero navarro que tuvo que abandonar su hogar para combatir en la guerra con los musulmanes. En su historia vuelve a aparecer el diablo, esta vez bajo la forma de un peregrino, que alertó al caballero Teodosio cuando regresaba a su hogar de que su mujer le había sido infiel con un criado y que éste compartía con ella el lecho en la casa conyugal.

Ciego de ira, Teodosio llegó a su casa, entró en su dormitorio y sacó su espada para arremeter, una y otra vez, contra los dos cuerpos que entrevió en su cama. Salió de la casa y, con gran estupor, vio en la plaza a su esposa, que regresaba de la iglesia. La alegría que ésta demostró por el regreso de su marido se convirtió pronto en horror al comprobar que a quienes había asesinado Teodosio era a sus propios padres, a los cuales Constanza había invitado a vivir en su casa durante la ausencia de Teodosio. El caballero navarro acudió al párroco de la localidad y al obispo de Pamplona, quienes le impusieron la penitencia de vivir fuera de toda población, llevando una gruesa cadena ceñida al cuello y a la cintura y una cruz de madera a cuestas.

Tras siete largos años de peregrinaje por Andía y Aralar, llegó hasta la cueva donde vivía un dragón que mataba personas fulminándolos con su lengua de fuego. Repentinamente, el monstruo surgió de la caverna y Teodosio se encomendó a San Miguel. El arcángel descendió del cielo, aniquiló al dragón y rompió las cadenas de Teodosio. El caballero navarro consagró el resto de su vida al culto a San Miguel, construyendo un templo en su honor.

Siglos después, la tradición explica que las cadenas que permanecen colgadas en el exterior de la capilla son las que llevó Teodosio hasta su liberación y que el conjunto del Santuario está levantado sobre la propia sima donde vivía el dragón, que únicamente se comunica con el templo a través de un pequeño hueco existente a la derecha del altar de la capilla interior, por donde los visitantes tienen costumbre de asomar la cabeza o echar monedas.

 

 

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