LA DIÁSPORA

Un economista navarro en Carolina del Norte

Recién graduado en Economía por la Universidad de Navarra, Matías Ávila optó por cursar un máster en Big Data y análisis en Carolina del Norte, donde lleva un mes “muy contento”. Vive en el campus universitario y, como no tiene coche, recurre a Uber para desplazarse

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Ainhoa Piudo

Actualizado el 28/07/2017 a las 11:34

Fue el Trabajo de Fin de Grado (TFG) en la Universidad de Navarra el que logró marcar su rumbo. “Durante la carrera no tenía claro a qué dedicarme. Se me daban bien las finanzas, la contabilidad o la política monetaria, pero no encontraba nada que me hiciera decantarme”, explica Matías Ávila Clemente, recién graduado en Económicas. Gracias al asesoramiento de la profesora Stella Salvatierra, el joven, de 21 años, dedicó su trabajo final al análisis de datos aplicado al ámbito de la Clínica Universidad de Navarra. “Y me gustó mucho la experiencia”. Tanto, que, una vez graduado, decidió profundizar en este campo, al que le ve grandes posibilidades. “Al final es una herramienta que puedes aplicar a casi todo. A un hospital, a un banco, a una plataforma como Netflix”, desarrolla. “Hoy tenemos nuevos sistemas que nos permiten sacar partido de la información que todos, sin darnos cuenta, estamos continuamente lanzando”, detalla.


Dudó entre dos máster distintos, uno en Londres y otro en Carolina del Norte. Este segundo fue el elegido (Master of Science in Analytics) , y lleva ya un mes aproximadamente en la universidad de Raleigh, la capital de este estado sureño, en la costa Este. “A mi novia Matilde no le hizo mucha gracia”, admite entre risas. “Llevo ya bastante tiempo de trotamundos”, reconoce, en referencia a sus estancias previas en Inglaterra, Alemania o Canadá.


El postgrado, que se prolongará hasta mayo, tiene un coste de 49.000 dólares. Por eso, la noticia de que le habían concedido una beca de la Fundación Ramón Areces, que sufraga la matrícula, más una asignación mensual y el seguro médico, fue “una alegría enorme”. “No me lo podía creer”.


El joven vive en una residencia en el mismo campus. Comparte estudios con otros 125 estudiantes, el 20% de ellos, extranjeros. “Europeos sólo estamos tres. El resto son o asiáticos (indios, chinos, singapurenses, etc.) o sudamericanos”, relata.

 

ENFOCADO AL EMPLEO


Aunque sólo lleva unas semanas de clase, han sido suficientes para percibir un cambio en el enfoque académico que hasta ahora había recibido. “El master está totalmente orientado a que los alumnos encuentren un trabajo. De hecho, en los diez años que se lleva impartiendo, el contenido ha ido cambiando constantemente para adecuarse a las demandas del mercado. Los profesores tienen otra mentalidad”, añade. “Estoy muy contento porque siento que aprendo mucho”, valora.


El efecto Trump no ha tenido ningún peso en su llegada al país. “El pasaporte europeo te abre todas las puertas y no se nota quien gobierna”, valora. “Los americanos son gente acogedora y, aunque éste sea uno de los estados del Sur, con fama de cerrados, tradicionales y republicanos, Carolina del Norte no lo es tanto”, apunta. La presencia de empresas tecnológicas, “que atraen a gente de otras partes del país y de otras nacionalidades”, lo convierten “en una especie de isla” en medio del Sur más conservador.


Su vida gira en buena medida en torno al campus y su actividad académica. “El máster es bastante intenso y me deja poco tiempo libre”, argumenta. El hecho de no tener coche en un país “diseñado” para moverse sobre ruedas cualquiera que sea el destino, también condiciona su día a día. “Aquí no puedes bajar a la calle a comprar el pan”, recuerda. Por eso, él ha optado por moverse a través de los servicios de Uber, la plataforma de transporte privado que le permite moverse “mucho más barato que en taxi”. “Procuro hacer compras grandes y acumular todo lo posible”.

Sus visitas a Raleigh le han dejado la impresión de ser “una ciudad en expansión” con “bastante ambiente nocturno”. “Eso sí, aquí son muy estrictos con el tema del alcohol, que está prohibido hasta los 21 años. Sin el pasaporte no se lo sirven a ningún extranjero”, afirma. Además, “está prohibido ir por la calle borracho, aunque vayas andando”. “La policía te puede dar el alto si no vas en buenas condiciones”.


Cuando se le pregunta por su futuro a medio plazo, Ávila no muestra asomo de duda. “Quiero volver a trabajar a España, aunque sea a costa de tener un salario más bajo. Aquí no lo entienden, pero lo tengo claro. Allí está mi familia y mi novia”, recuerda. Pamplona, sin embargo, no lo ve como destino probable. “Tiene que ser una ciudad grande, donde haya empresas que trabajen con un volumen de datos suficiente”.

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