Análisis
OPINIÓN: El Gobierno del cambio ¿integrador?
En el ecuador de la legislatura seguro que puede hacerse un listado de aciertos y éxitos del Ejecutivo liderado por Barkos


Actualizado el 28/07/2017 a las 11:35
Hace dos años, el 22 de julio de 2015, Uxue Barkos tomaba posesión como presidenta del Gobierno de Navarra, y un día después ocupaban sus puestos los consejeros. Lo hacían con el compromiso de gobernar para todos los navarros. Una promesa que ha ido diluyéndose por el camino conforme avanza la legislatura y van desempolvando y aplicando sus políticas de corte nacionalista en una comunidad no nacionalista.
Todos los gobiernos tienen sus luces y sus sombras, pero cuando las sombras afectan a cuestiones tan sensibles como la identidad de Navarra, la convivencia o la igualdad de oportunidades de los ciudadanos, los logros de la acción del gobierno quedan relegados a un segundo plano.
Oyendo esta última semana a los consejeros sus balances propagandísticos, podría parecer que la política navarra de los últimos cuarenta años hubiera estado dirigida por auténticos ineptos, con unos resultados calamitosos para los ciudadanos y que solo la llegada del cuatripartito en 2015 salvó a esta comunidad del desastre económico y social. Creen que definiendo al gobierno como el del “cambio” se le dota de una positividad intrínseca, independientemente de sus acciones. Como si no pudiera cambiarse a peor.
La auténtica realidad, olvidada y en no pocas ocasiones manipulada por distintos miembros de este gobierno y sus socios, es que esta comunidad se ha convertido en una de las más avanzadas y con mayores niveles de bienestar, gracias al trabajo de todos los navarros durante muchos años, a pesar de sufrir el terrorismo de ETA y la complicidad de Batasuna.
Un liderazgo que se ha mantenido hasta la llegada de la crisis y después de ella, pese a las dificultades que supuso gestionar lo público con cientos de millones de menores ingresos. Los navarros conocen de primera mano esta realidad, por lo que harían bien en desconfiar de quienes intentan presentarse como los hacedores del milagro de los panes y los peces sin reconocer que Navarra existía y progresaba antes de llegar ellos al poder.
En el ecuador de la legislatura seguro que puede hacerse un listado de aciertos y éxitos del Ejecutivo liderado por Barkos, algunos de ellos puestos de relieve durante esta semana por los distintos consejeros, unos ciertos y otros falaces.
Pero han olvidado explicar por qué miles de familias con hijos han sido castigadas en la declaración del IRPF; o los problemas que está encontrando el vicepresidente Ayerdi para desarrollar una infraestructura como el corredor ferroviario de alta velocidad; o la intención del gobierno y sus socios de minimizar el canal que tiene que llevar agua a la Ribera; por qué pretenden que la bandera de otra comunidad ondee en las instituciones, despreciando los símbolos propios de Navarra, hasta el punto de que miles de navarros tuvieron que salir a la calle para defender la enseña foral; cómo interpretar la cercanía con la memoria histórica y la relación tan distante con la memoria más reciente, dicho y escrito por las víctimas de ETA; o la política de euskera en una comunidad en la que el 80% de su población no es euskaldun...
Un cambio, en definitiva, arbitrario, alejado de los intereses de la gran mayoría de los navarros, marcado por la agenda nacionalista y por Bildu, una formación que con su presencia en el Ejecutivo foral anula y deja en papel mojado cualquier pretensión de la dirección de Convivencia y Derechos Humanos.
Queda la mitad de la legislatura y todos los actores han mostrado sus credenciales. A dos años vista, ningún navarro podrá decir que no sabe el papel que juega cada cual. Geroa Bai y Bildu perseverarán en su intento de desdibujar Navarra como una comunidad foral y propia, mientras Podemos e I-E continuarán como cooperadores necesarios de la política sectaria de un Gobierno nacionalista.
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Reunión de los miembros del Gobierno, presidido por Uxue Barkos. Javier sesma