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Tecnología

Ada Lovelace, una informática en plena época victoriana

  • Se cumplen 200 años del nacimiento de la condesa de Lovelace, fue creadora del primer algoritmo de la historia

Ada Lovelace, retratada por la pintora británica Margaret Carpenter
Ada Lovelace, retratada por la pintora británica Margaret Carpenter
DN
  • colpisa. madrid
Actualizada 14/12/2015 a las 06:00
En el mundo de la tecnología suele ser muy recurrente recordar la paternidad de los grandes inventos de esta industria. Si hablamos de la computación moderna, esta ciencia es descendiente de Alan Turing, un malogrado héroe de guerra británico que desmota el sistema de comunicación nazi y que tuvo el dramático pero poético final de suicidarse mordiendo una manzana envenenada con cianuro. Sin embargo, muchos desconocen que esta disciplina fue engendrada con una mujer de sangre azul.

El pasado jueves, 10 de diciembre, se cumplieron 200 años del nacimiento de Augusta Ada King, más conocida como Ada Lovelace, debido a que ostentaba el titulo de condesa de Lovelace. Ella fue quien, en la Inglaterra victoriana, dio forma al primer algoritmo de la historia.

Para comprender la importancia del descubrimiento solo hace falta ver cómo estás fórmulas, dos siglos después, han evolucionado para convertirse en la materia prima de algunas de las grandes innovaciones de la revolución tecnológica: son los responsables de que Facebook acierte cuando nos muestra una sugerencia de amistad, que Amazon sea capaz de recomendarnos un libro acorde con nuestros gustos o que Google sea tan efectivo en sus búsquedas.

En un futuro no tan lejano, los algoritmos serán capaces de redactar noticias sin intervención humana o redirigir el tráfico aéreo cuando miles de drones surquen los cielos de todo el mundo llevando paquetes de un lugar a otro.

Volviendo a Ada Lovelace, nació en Londres un 10 de diciembre de 1815. Fue la única hija legitima del famoso poeta británico Lord Byron. Tal y como cuentan varios historiadores, los delirios del literato influyeron en la madre de Ada para evitar a toda costa que su hija cayese en las ensoñaciones de las letras y aprendiese matemáticas.

Asidua a las convocatorias sociales de la corte, Ada Lovelace supo conjugar la herencia de su padre y las aspiraciones científicas inculcadas por su madre en su actividades de la época. A orillas del Tamesis, conoció a algunos de los grandes genios de la época: compartió momentos y reuniones con Michael Faraday, inventor de la dinamo o el motor eléctrico; o Charles Dickens

Así, su avidez de conocimiento la llevó a conocer a Charles Baggage, inventor de las primeras calculadoras mecánicas, conocidas entonces como máquinas analíticas. Fruto de su relación, la aristócrata se convirtió en su discípula y solía recibir ciertos encargos de transcribir las conferencias que su amigo solía impartir o aquellas que trataban sobre sus innovaciones.En uno de estos trabajos, el de plasmar en papel una charla que se impartió en Italia sobre la máquina que había inventado Bagagge, Ada incluyó al pie del documento una serie de anotaciones extra.

En ellas se podía leer «un plan» para que las calculadoras de su maestro pudiesen ser reconfiguradas para otras tareas a través del uso de tarjetas perforadas. Este análisis, acabó por convertirse en un primitivo programa de ordenador, un siglo antes de que la primera de estas máquinas se inventase.

Sin embargo, en la sociedad de la época victoriana no terminaba de estar bien visto que Ada King, en su condición de mujer, tuviese tal desempeño científico. Los historiadores difieren en el motivo, pero el propio Bagagge la citaba en sus escritos como una mera transcriptora, dando la imagen de que era poco más que su secretaria. Sin embargo, en 1843, hizo una recopilación bajo el título de ‘Notas’, en el que recogía sus escritos y sus aportaciones sobre la máquina analítica y cómo podía reconfigurarse para otras funciones relacionadas con el cálculo y las operaciones.

El 27 de noviembre de 1852 falleció de cáncer. A los 36 años. Como en el caso de otros grandes genios, los reconocimientos tardaron mucho en llegar. Uno de los últimos, por parte del biógrafo de Steve Jobs, Walter Isaacson.

Su libro ‘Los Innovadores’ abre y cierra con la figura de Ada Lovelace un volumen dedicado a repasar las grandes figuras de la transformación digital de este mundo. Protagonista también de uno de los ‘doodles’ con los que Google celebra la efemérides, el nombre de esta visionaria de la informática inspiró a los técnicos del Pentágono para bautizar un código de programación.
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