Carismático y firme en la moral
- Su muerte en abril de 2005 llevó al Vaticano a más de un millón y medio de peregrinos
Publicado el 01/05/2011 a las 01:03
FUE un papa tan carismático y popular como controvertido. Juan Pablo II atrajo a multitudes en sus viajes alrededor del mundo, contribuyó a la caída del comunismo en Europa e impulsó el diálogo entre las grandes religiones, pero también mantuvo una postura inflexible en cuestiones morales y de fe que le granjearon no pocas críticas e incomprensiones.
Su elección como jefe de la Iglesia católica el 16 de octubre de 1978 causó una gran sorpresa. No sólo era el primer papa no italiano en 455 años, sino que procedía de un país de influencia soviética: una apuesta audaz, pero también una provocación en tiempos de la Guerra Fría y la persecución religiosa en el bloque comunista.
En su natal Polonia fue celebrado ya en vida como un gran padre de la patria que, a través de su apoyo al sindicato independiente Solidaridad de Lech Walesa en los años 80, puso en jaque al régimen del general Wojciech Jaruzelski y contribuyó al desmoronamiento del comunismo también en otros países del este de Europa.
Resistencia antinazi
Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, junto a Cracovia. Su madre murió cuando era un niño, le siguió su único hermano y, más tarde, su padre, perdiendo así a su familia cuando tenía 20 años y Polonia estaba ocupada por la Alemania nazi.
Lolek, como le llamaban sus amigos, participó en la resistencia antialemana ayudando a salvar a familias judías, mientras estudiaba Teología en un seminario clandestino, pertenecía a un grupo de teatro y trabajaba en una cantera y una fábrica.
Un año después de acabar la II Guerra Mundial fue ordenado sacerdote y enviado a Roma, donde se doctoró en Filosofía. En 1948 regresó a Polonia, entonces ya comunista, y trabajó de párroco hasta que fue nombrado obispo auxiliar de Cracovia en 1958 y arzobispo en 1962. A principios de los 60, participó en el Concilio Vaticano II y, en 1967, fue ordenado cardenal por Pablo VI, quien murió en 1978 y fue seguido por Juan Pablo I, papa por apenas 33 días.
Desde el inicio de su pontificado, Juan Pablo II se distinguió por su espontaneidad, su buen humor y su cercanía a los fieles. Era un papa mediático y muy políglota que estrechaba manos, daba abrazos y besaba a niños durante multitudinarias audiencias y misas, algo que llegó a costarle caro: el 13 de mayo de 1981, el turco Mehmet Ali Agca le hirió de un disparo en la plaza de San Pedro.
Su popularidad creció con sus visitas a 129 países, que le valieron el apodo de el Papa viajero. Entre las más comentadas, la que realizó en 1988 a Cuba, donde fue recibido con todos los honores por Fidel Castro, y la de Tierra Santa, por el Jubileo del año 2000, en el que pidió perdón ante el Muro de las Lamentaciones por las persecuciones de cristianos a los judíos.
Fue el primer papa en visitar una iglesia luterana, una sinagoga y una mezquita, y dialogó con los líderes de otras religiones en los encuentros de Asís. Sin embargo, su apertura ecuménica contrastó con la firme ortodoxia que defendió en el catolicismo.
Avalancha de peregrinos
En temas morales de gran sensibilidad social, Wojtyla mantuvo siempre una postura inflexible, condenando una y otra vez el aborto, la inseminación artificial, el uso de anticonceptivos o la práctica de la homosexualidad, además de la eutanasia o la experimentación con células madre embrionales. También reiteró la obligatoriedad del celibato sacerdotal y dio un no "definitivo" al sacerdocio femenino.
Pese a las críticas de teólogos progresistas y una creciente pérdida de la fe en Europa, el Papa continuó atrayendo a las masas, incluso cuando el progresivo deterioro de su salud era cada vez más visible. Su muerte el 2 de abril de 2005 desató una avalancha de peregrinos sin precedentes, llegando a Roma en pocos días más de un millón y medio de personas que realizaron largas colas para rezar ante sus restos.
"Un misterio difícil de explicar con palabras"
La religiosa de la Orden de las Hermanitas de la Maternidad, sor Marie Simón Pierre, cuya curación de la enfermedad de Parkinson permitirá hoy la beatificación de Juan Pablo II, explicó que su curación "es un misterio muy difícil de explicar con palabras", durante su testimonio en la Vigilia de oración que se celebró en el Circo Máximo de Roma, en la víspera de la beatificación del Pontífice.Simón Pierre se siente "pequeña ante una gracia tan grande". Antes de la curación, "aceptaba estar en una silla de ruedas" durante toda su vida porque, según indicó, su consagración religiosa "no se habría debilitado" y la enfermedad no le impediría "desarrollarla hasta el final".
La religiosa recordó que "no toma medicinas desde hace seis años" y que, desde su curación, continuó "un ritmo normal", aunque, "nada es como antes" y su vida interior "es cada vez más profunda".
Tras su curación, prometió que "iría hasta el final para que Juan Pablo II fuera reconocido beato y después santo", y "hasta el final por la Iglesia, para que el mundo crea y para que la vida sea respetada".