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REPORTAJE

La Cañada de la Muerte, entre la pobreza y la exclusión en Melilla

  • Pobreza, marginación, extremismo religioso y delincuencia hacen que este barrio se sitúe "al margen de la ley"

Una panorámica de este barrio de Melilla
Una panorámica de este barrio de Melilla
CEDIDA
  • EFE.MELILLA
Actualizada 16/02/2014 a las 11:30
Cuando en un sitio se juntan pobreza, marginación, extremismo religioso y delincuencia, cualquier chispa puede hacer saltar por los aires la tranquilidad que generalmente buscan los vecinos de todo lugar, como les ocurre a la gran mayoría de los que residen en el barrio melillense de la Cañada de Hidum.

Conocida como la "Cañada de la Muerte", esta zona de Melilla, donde residen sobre todo musulmanes, es una de las más marginales y también conflictivas de toda la ciudad, un territorio por el que muchos ciudadanos no se atreven a pasar, sobre todo, a raíz de los últimos acontecimientos.

Y es que el pasado 10 de enero la Cañada de Hidum volvió a albergar una auténtica batalla campal en la que, durante siete horas, un grupo de jóvenes se enfrentaron con barricadas, cócteles molotov y piedras a los agentes que trataban de calmar los ánimos. Una historia que se repite con cierta periodicidad.

Este tipo de disturbios están protagonizados por unos 100 o 200 jóvenes, una cifra que nada tiene que ver con los casi 8.000 vecinos de la zona que, en su inmensa mayoría, lo que quieren es poder vivir con tranquilidad y dignamente.

La justificación para estos altercados se suele repetir: la falta de trabajo y de oportunidades para los jóvenes del barrio, muchos de los cuales pasan las horas muertas en el parque de la Cañada.

A todo ello hay que sumar la expansión de lo que se considera un mayor extremismo religioso, que se evidencia en la mayor presencia de "barbudos" y de mujeres totalmente cubiertas, dejando únicamente los ojos a la vista de los demás.

Para algunas melillenses, la Cañada y sus aledaños es un territorio "al margen de la ley", como relata a Efe Mimum, uno de los vecinos de la zona, que recuerda que no es la primera vez que "se lía" en este lugar y en barrios próximos, como el de Reina Regente, y, no tan próximos, como el Monte María Cristina.

Estos tres barrios de Melilla forman parte de lo que se denomina como Distritos IV y V, las zonas más deprimidas, con la tasa más alta de paro y de fracaso escolar, y también las más pobladas.

En ellas reside el 29 por ciento de la población y suponen el 15 por ciento de todo el territorio melillense, lo que evidencia la sobrepoblación que padecen.

Muchos de esos vecinos residen en algunos de los mil inmuebles que se calcula que hay al "margen de la ley", esto es, que fueron construidos sobre un suelo rural y no urbanizable, algo que exime a sus inquilinos de pagar, por ejemplo, el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI).

No sorprende, por este motivo, ver en el interior de una casa una farola del alumbrado público o una salida de agua conectada a una tubería de la red municipal, como tampoco sorprende el abanico de contrastes que se puede encontrar en apenas unas calles de diferencia: de las más absoluta miseria a un coche de alta gama.

Uno de los objetivos que persigue el Gobierno de Melilla, además de reducir la tasa de paro y de exclusión, es el de regularizar estos inmuebles, algo que sólo será posible a partir de la entrada en vigor del nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), que recoge la posibilidad de convertir ese suelo rural en urbanizable.

La apuesta es que la Cañada y Reina Regente, al igual que otros territorios, se sientan integrados en la ciudad y no se queden únicamente como una parte de la periferia, que, en el caso de Melilla, está situada a apenas 5 minutos del centro de la ciudad.

En ello trabaja Javier González, consejero adjunto a la Presidencia, un cargo que no maneja presupuesto propio, pero que está designado para dedicarse exclusivamente a coordinar las iniciativas que se desarrollen en los Distritos IV y V desde las distintas áreas de la Ciudad.

González ha dicho a Efe que la situación es complicada, ya que existe un desfase de varias décadas, por lo que habrá que esperar todavía unos cuantos años para recoger los frutos que se están sembrando en la actualidad.

Esperar es, precisamente, lo que no quieren o no pueden muchos de los vecinos de estos barrios, familias que cuentan, en el mejor de los casos, con un único ingreso.

Pese a todo, son una minoría los que apuestan por la violencia como vía de protesta, de llamar la atención, o también de crear una barrera para que la Policía sea más reacia a cualquier tipo de intervención, ya que no es lo mismo intervenir en la Cañada que en otra parte de Melilla.

La violencia no tiene excusa ni justificación. Es la única idea en la que se ponen de acuerdo todos los partidos políticos que, sin embargo, se culpan unos a otros de la situación.

Un mes después de los altercados del 10-E, que coincidieron con los del Gamonal (Burgos), lo único claro es el balance de daños, cifrados en 6.200 euros, un dinero que se ha perdido entre las llamas de la desesperación o por la excusa de una violencia gratuita.
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