Colin Farrell es 'Sugar', el detective del neo-noir y la ciencia ficción

Tras el sorprendente final de la entrega anterior, la segunda temporada vuelve a centrarse en el caso de una desaparición

Colin Farrell, como John Sugar, en un fotograma de la serie ‘Sugar’
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Colin Farrell, como John Sugar, en un fotograma de la serie ‘Sugar’Apple TV
Colin Farrell, como John Sugar, en un fotograma de la serie ‘Sugar’

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Agencia Colpisa

Publicado el 29/07/2026 a las 08:48

Los últimos compases de la primera temporada de 'Sugar', la serie protagonizada por Colin Farrell, convertían la elegante ficción neo-noir de Apple TV en algo aún más estimulante y complejo de lo que en un primer momento podía parecer. Quitémonos la tirita cuanto antes: el giro final destapaba que John Sugar, el detective privado enamorado del cine clásico, era en realidad un extraterrestre infiltrado en la Tierra que, además de resolver casos, buscaba a su hermana desaparecida. Y no solo eso. Había muchos más como él en el planeta, si bien la mayor parte había decidido regresar ya a su hogar a millones de años luz.

La sorprendente revelación desencantó a algunos de los más fieles seguidores e hizo que el resto nos preguntáramos hacia dónde se iba a encaminar la trama en una segunda temporada. ¿Se convertiría Sugar en otra serie más de ciencia ficción? Así las cosas, el reto que tenían por delante Mark Protosevich, creador de la ficción y guionista de películas como Soy leyenda, y Sam Catlin, showrunner y guionista y productor de series como Breaking Bad o Preacher, no era poca cosa. Afortunadamente, Sugar sigue siendo un neo-noir espléndido; lo que pasa es que, una vez desvelado el acertijo, ahora cuenta con muchas más aristas que enriquecen una historia llena de matices.

La segunda temporada vuelve a situar al espectador tras los pasos de John Sugar, que recibe un nuevo caso: debe encontrar a Ji Moon, el hermano, algo alocado y desnortado, de un prometedor boxeador local, mientras continúa la búsqueda de su hermana. Las primeras pesquisas llevan al sofisticado detective hasta un hospital del que Ji habría robado estupefacientes, pero pronto se destapa una trama más compleja de tráfico de drogas, en una ciudad ya muy castigada por el asunto como Los Ángeles, y en la que parece estar implicado un agente de la ley al que da vida Tony Dalton, el Lalo Salamanca de Better Call Saul. Cuando la investigación se expande hacia una conspiración que se cierne sobre toda la ciudad con intenciones siniestras, Sugar debe enfrentarse a sí mismo y responder la pregunta: ¿hasta dónde puede llegar para hacer lo correcto? ¿Debería romper sus propias reglas?

El nuevo caso abre la serie a un reparto completamente nuevo. Hábil calando el fondo de las personas -es una de sus habilidades sobrenaturales, como se pudo ver en la primera entrega de la serie-, Sugar contratará a Val, una joven exconvicta interpretada por Sasha Calle a la que en un primer momento fía su querido coche. Ella le ayudará a vigilar a ciertas personas y le proveerá de más vehículos. Pero, además, Sugar contará por primera vez con un interés romántico, el de Charlotte, una misteriosa mujer que, entre viaje y viaje, se hospeda en el mismo hotel de Los Ángeles en el que vive el trajeado protagonista y a la que da vida Laura Donnelly. Inmediatamente, al verla, Sugar recuerda a la Rita Hayworth de Gilda y, claro, el deseo va calando en un personaje hasta entonces cohibido en ese sentido.

LA FÓRMULA

Protosevich y Catlin han optado de forma muy inteligente por centrarse de nuevo en un caso y dejar en segundo plano el aspecto más fantástico de la producción, pero sin olvidarlo. Ahora entendemos mucho mejor la fascinación de John Sugar por el ser humano, al que observa siempre con la mente abierta y con una empatía que devuelve al espectador la idea del extraterrestre no como una amenaza sino como alguien bondadoso. “A los hombres os cuesta mostrar bondad, muchos se sienten vulnerables, pero para mí es lo contrario, es una cualidad poderosa porque el mundo necesita bondad”, le dice Charlotte. Pero también comprendemos mejor su pasión por el cine y su esfuerzo por imitar los comportamientos de sus héroes del celuloide -Humphrey Bogart como Sam Spade en El halcón maltés-: al fin y al cabo, tiene que replicar a la especie humana para pasar desapercibido.

Y mientras avanzan las pesquisas en torno al caso, se van dando pequeñas pinceladas acerca del extraño mundo del que vino Sugar, donde una nota encierra, por ejemplo, todo el espectro musical posible o donde los atardeceres son siempre exactamente iguales, y de las estrictas reglas que se dieron sus habitantes al aterrizar en la Tierra. Es decir, la investigación y la relación entre los personajes siguen siendo el meollo de la ficción, pero cada nuevo descubrimiento en torno al pasado del detective es un feliz elemento a sumar a una ecuación que traza la metáfora del migrante en buena posición que puede echar de menos su casa pero que cae presa de la fascinación al toparse con una cultura nueva. Interrogatorios, emboscadas, engaños y pistas falsas conforman una trama que va de menos a más y en la que el trabajo actoral destaca casi por encima de todo.

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