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Juan Diego Botto: "Trump es un malo de película, pero de comedia y muy sobreactuado"
Protagoniza ‘El Centro’, la serie que Movistar+ estrena el jueves, en la que da vida a un agente del CNI inexpresivo, agotado y cocinillas


Actualizado el 07/10/2025 a las 08:59
Dice Juan Diego Botto (Buenos Aires, 50 años) que ahora mismo “lo difícil es encontrar buenos” en el mundo. Él da vida a uno de ellos en 'El Centro', la serie que llega este jueves a Movistar+. Creada por David Moreno y dirigida por David Ulloa, la ficción comienza con un asesinato que destapa una operación internacional de los servicios de inteligencia rusos y lleva a los miembros del CNI a una carrera contrarreloj para desmantelarla, al mismo tiempo que intentan descubrir a un topo entre sus filas. Botto se mete en la piel de Vicente, que coordina al equipo, un tipo inexpresivo y cocinillas.
¿Cómo le llegó el papel?
Pues fue una llamada de David Ulloa. Tuvimos un primer encuentro con David y con los productores, que me contaron un poco el proyecto. Luego leí los cinco capítulos restantes y me atrapó. Soy un gran admirador del cine de espías, de las tramas complejas, no tanto de la acción sino de este tipo de historias que van armando un puzzle, que como espectador tienes que ir devanándote los sesos para ver quién es el malo, cómo lo van a atrapar...
¿Le enganchó la historia?
Tenía todos esos ingredientes y uno más que me parecía muy interesante, y es que no es habitual hacer una serie de espías de inteligencia en España y darles este sabor naturalista, realista, español. No van con traje ni toman martinis, sino que comen churros detrás de una lavandería.
¿Cómo se prepara uno para un personaje así?
Pues a Vicente había que buscarlo, porque no estaba muy clara su personalidad. A mí me parecía interesante buscar a alguien que fuera muy poco expresivo, que nunca sabes si está contento o está triste, y que tiene la costumbre de mentir, de ocultar información a su familia, a sus seres queridos y a sus compañeros para que no sepan qué está preparando y cuál es la siguiente acción. Es algo que, hablando con los agentes de inteligencia, veía: ocultar información es parte de su vida hasta que se convierte en parte de su personalidad.
Es también un tipo agotado.
Sí, en realidad está para jubilarse. A mí me parecía bonito arrancar desde ahí. Está como muy al límite. Y lo ves luego en la relación con su mujer también. Es un tipo cansado, pero a la vez con la profesionalidad y la obsesividad suficiente como para no dejar de pensar en el caso. De hecho, hubo algunas propuestas que yo hice que iban en esa dirección, como por ejemplo lo de que llevara la comida ya preparada en tuppers, que subraya esa obsesividad.
¿Estuvo con agentes del CNI?
Nos permitieron entrar en su lugar de trabajo, que es algo poco habitual. Evidentemente, nos contaron hasta donde nos pueden contar, pero sí que hablaron de ciertas pautas de su trabajo, de su rutina, e indagando también un poco en su vida personal. Sí que te contaban que cuando empiezan una relación, no cuentan a qué se dedican y cuentan otra cosa. Incluso cuando tienen hijos, hasta que no tienen una edad en la que sepan que no se les va a escapar, les cuentan otra cosa.
La serie apuesta por el realismo, aparcando la acción a un lado.
Sí, es que al final el trabajo de los agentes del CNI es recopilar información y digamos que la acción, que eventualmente imagino que la habrá, forma parte de otros cuerpos. Y creo que esto es una peculiaridad de la serie, que no es una ficción de policías que dan patadas en la puerta y entran con pistolas en la mano, sino que la tensión está dada por intentar averiguar e intentar saber para actuar. También por eso, volviendo a la primera parte de la conversación, pues el cansancio que este personaje tiene es un cansancio mental, tiene el disco duro lleno.
“REFERENCIAS SUTILES”
De fondo está toda la injerencia global rusa, que el espectador, de alguna manera, conoce.
Hay referencias sutiles, pero lo suficientemente contundentes, de ese universo que resuenan mucho en el espectador y que lo hacen más realista. Y luego me decía el otro día un periodista que qué buenos malos hacen los rusos (risas). O sea, tenemos tan introyectados a estos personajes que es fácil entrar en este universo.
Son buenos malos los rusos, pero, tal y como está el mundo ahora, también los americanos...
Ahora lo difícil es encontrar buenos. Si hubiéramos cambiado al ruso por un americano, también hubiera sido verosímil. Si quieren quedarse con Groenlandia... o con todo lo que está pasando ahora en Oriente Medio, con un genocidio. Trump es un malo tan de película... Pero no ya de James Bond, sino de comedia, es como tan pasado. Si fueran actores, dirías: “Putin como actor es más introvertido, más para dentro; Trump es muy sobreactuado”.