Televisión

'Superestar', la serie que cambia a Tamara

Nacho Vigalondo humaniza a la cantante y a su cohorte de friquis en una originalísima fantasía sobre la identidad y la fama devoradora

'Superestar', dirigida por Nacho Vigalondo, llega a Netflix
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'Superestar', dirigida por Nacho Vigalondo, llega a Netflix
'Superestar', dirigida por Nacho Vigalondo, llega a Netflix

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Agencia Colpisa

Publicado el 14/07/2025 a las 05:00

"Esta serie es una fantasía que toma personas y situaciones reales como punto de partida para contar esta historia", advierten los créditos finales de los seis episodios de aproximadamente una hora que conforman 'Superestar'. El término "fantasía" es bastante preciso a la hora de definir las intenciones del director Nacho Vigalondo y de Los Javis, productores de una serie que ha resucitado 25 años después el fenómeno del 'tamarismo', la expectación creada en torno a Tamara -cantante vizcaína que después se cambió su nombre al de Ámbar y ahora es Yurena- y la cohorte de friquis que la rodeaba y a los que explotó 'Crónicas Marcianas'.

Aviso a navegantes. Quien espere un documental canónico sobre el destino de Arlekin, Paco Porras, Leonardo Dantés y compañía deberá esperar a que Netflix estrene este viernes 'Sigo siendo la misma', con testimonios actuales de sus protagonistas. Lo de Vigalondo, también en la plataforma desde el mismo día, es otra cosa. Una aproximación originalísima, libérrima, loquísima, respetuosa y alejada del costumbrismo y el realismo, que no busca reírse de personajes televisivos, tal como ocurrió a principios de los 2000, sino trascender del chascarrillo para reflexionar sobre cuestiones como la identidad, el talento artístico, la fama devoradora, el morbo televisivo y la maternidad mal entendida.

El propio director de 'Daniela Forever' rememora desde nuestros días el circo mediático anterior a las redes sociales en la piel de Joaquín Sardana, presentador de 'Tiempo de Marte', sosias de Xavier Sardà en 'Crónicas Marcianas'. "Tuve la suerte de vivir en primera línea un fenómeno asombroso", relata mirando a cámara. "Fue en el año 2000. Duró un par de años y nunca antes había pasado algo así. De repente, el centro de la pista estaba tomado por criaturas que no parecían seguir ninguna regla. Famosos que ni eran guapos, ni ricos ni mucho menos normales".

En medio de todo aquel espectáculo estaba María del Mar Cuena Seisdedos (Barakaldo, 1969), cuya canción 'No cambié' tarareaban hasta los que no veían 'Crónicas Marcianas'. Tamara (Ingrid García-Jonsson) acudía a los platós en compañía de su madre, Margarita Seisdedos (Rocío Ibáñez), que se hizo célebre por golpear a los que agobiaban a su hija con un bolso que la leyenda dice que albergaba un ladrillo en su interior. A ellas está dedicados el primer y último episodio, mientras el resto se centran en los otros personajes de un sainete que desprende tristeza y melancolía. Que logra emoción de ley con materiales de derribo, pura telebasura.

'Superestar' muestras sus cartas desde su inicio: la noche de bodas en la que Tamara fue concebida, su madre se pierde al ir al váter por unos pasadizos dignos de David Lynch. Cuando da a luz a la niña, escucha procedente de no sabe dónde, como si el bebé se hubiera tragado un transistor, 'Karma Chameleon', que Culture Club no lanzaría hasta 14 años más tarde y que Marimar cantará en su cuarto de adolescente.

DE TERELU A GURRUCHAGA

Margarita falleció en 2019 (Yurena duerme junto a sus cenizas, como descubre 'Sigo siendo la misma') y siempre vio a su hija como una niña. Por eso, en la serie, la pequeña Sofía González da vida a la cantante incluso cuando es adulta, porque la contemplamos con los ojos de una madre posesiva y sobreprotectora. En otra radical decisión de guion, Leonardo Dantés (un maravilloso Secun de la Rosa) se desdobla en dos versiones de sí mismo en el segundo episodio. Porque está el bufón televisivo, el de 'El baile del pañuelo', y también el letrista de Manolo Escobar y Los Chunguitos, el niño gay de un pueblo de Extremadura que regresó a su pueblo cansado de que España se burlara de él. Jekyll y Hyde. También hay dos Tamaras, la que 'triunfó' y la que se quedó de cajera de supermercado en Santurtzi.

Vigalondo se propone encontrar la humanidad de unos seres grotescos que el resto del mundo contempla como mamarrachos sin talento. Payasos de un circo televisivo que les devoró en tertulias de cotilleo chusco. Protagonistas de escándalos y montajes a los que les gustaba las cámaras más que a un tonto una tiza. Los iniciados en el 'tamarismo' reconocerán hitos: la rivalidad de Loly Álvarez con Tamara, las maniobras de Arlekin, villano de la función, que tan pronto grababa un vídeo porno con Tamara como se estrella en coche en la Fuente de la Cibeles.

'Superestar' retrata pasiones amorosas tóxicas y transformaciones físicas dignas de 'Vértigo' de Hitchcock. A cada nuevo episodio, la serie se va volviendo más sórdida pero no por ello menos divertida y sorprendente. Una noche toledana que empieza en una sauna gay con Tony Genil y Paco Porras puede acabar con un Michael Jackson de acento catalán. Todos los actores, incluidos invitados como Javier Gurruchaga y Terelu Campos, están soberbios. Quién iba a decirnos que escuchar 'El cielo no entiende' de OBK veinticinco años después podría hacernos llorar.

Nacho Vigalondo: "No me perdonaría que la serie prolongara el desprecio que sufren"      

Nacho Vigalondo (Cabezón de la Sal, 1977) conoció a Yurena en 'Los felices 20', el 'late show' que el cineasta cántabro presentó inspirado, apunta, en el desmadre de 'Crónicas Marcianas'. La cantante ya ha visto la serie y dado el plácet a la particular biografía firmada por el autor de 'Los cronocrímenes'.

¿Veía 'Crónicas Marcianas' en la época?

Me pilló de lleno en mi época más vulnerable: compartiendo piso en la universidad, primero en Las Arenas y después en Madrid. Formaba parte del colectivo adicto a esa dosis de caos todas las noches. Me convertí al 'tamarismo' de lleno.

¿Por qué le enganchaba?

Ahora es fácil teorizar, uno siempre se recuerda mejor de lo que fue. Quiero pensar que ya entonces tenía la capacidad de valorar algo que no obedecía a las reglas habituales de la fama y la popularidad. Siempre me ha molestado la dictadura de la juventud en el 'mainstream'. A mí me gustaban los 70, el show de Johnny Carson, Nino Bravo... Personas un poco ajadas. Tamara apareció de la nada con treinta y pico años.

'Superestar' llega a Netflix junto a un documental que cuenta qué fue de esta troupe.

El documental es fantástico. Hay que aparcar el clasismo y partir de un hecho elemental: todos merecemos ser ficción en un momento dado. No hay ningún ser vivo que no merezca ser objeto de una reflexión de cara a una historia. Si tú hablas de la mafia o el autoritarismo es más fácil alcanzar el prestigio, ¿pero por qué no se puede hablar de personas que han sido conocidas por cosas completamente diferentes? ¿Por qué narcos sí y 'tamarismo' no? 

España se reía de estos personajes. Su reto es encontrar humanidad en ellos.

Es lo que más percibo que se está celebrando de la serie. Esa humanidad es algo que hacemos en las películas, que se cuentan desde dentro del personaje. La sátira sin más y el análisis de una época no me interesaban demasiado. Ya hemos contado muchas veces los claroscuros de la televisión de entonces. Se reían de ellos, de acuerdo, no lo oculto. También tenían su parte de complicidad. Querían ser tomados en serio, pero encontraban irresistible que se rieran de ellos. El reto de la serie era no negarnos a hacer un disparate, un espectáculo imprevisible, pero tomándonos en serio a los personajes. Hay gente que los desprecia y ya tiene la serie calificada en su cabeza. Cree que damos popularidad a personas que no la merecen. 'Superestar' no está contada desde una posición superior, condescendiente, como 'The Disaster Artist', de James Franco, sino desde dentro.

Es enternecedor cuando alguien se cree poseedor de talento y el resto del mundo no lo ve así, como Ed Wood.

Estos personajes me permiten hablar de algo tan inevitable como la identidad. ¿Cuánto hay de nosotros en lo que hacemos? ¿Somos nosotros realmente cuando nos exhibimos? Loly Álvarez decidió hacer como en 'Vértigo' pero al revés y ser otra persona para ocupar su sitio. Margarita Seisdedos era madre en los platós de televisión, donde no tenía sentido que lo fuera.

LA MADRE DE YURENA

La serie juega con la verdad y la mentira.

Nunca agradeceré lo suficiente a Los Javis que me hayan permitido romper las normas del biopic, ellos fueron pioneros con 'Veneno'. No hubiera soportado la presión de contar lo que verdaderamente pasó. Es un mosaico donde cada personaje tiene su espacio, un 'Black Mirror'.

¿Cree que a Xavier Sardà le va a gustar la serie? Su programa no sale muy bien parado...

En ningún momento he querido moralizar o cargar las tintas con una denuncia de la televisión de la época. Sería injusto ser despectivo, como si los espectadores no tuviésemos nada que ver, porque estábamos en primera fila riéndonos. No muestro una trastienda lúgubre de un programa cuyo desmadre nos inspiró para 'Los felices 20'. 'Crónicas Marcianas' era un formato autóctono y no heredado de la tradición estadounidense.

¿Ha conocido a Yurena?

La conocí en 'Los felices 20' y nos causó un embrujo. Ya ha visto la serie y le pareció muy bien. No consiente que nadie le falte al respeto a su madre.

¿Le da miedo que estos personajes vuelvan a sufrir al salir a la palestra?

No me perdonaría que la serie funcionase como una prolongación del desprecio al que están habituados, lo que hizo Cárdenas con su película, 'FBI: Frikis Buscan Incordiar', pura explotación.

¿Usted se ha sentido alguna vez como ellos?

Por supuesto. Yo me puedo ver perfectamente representado en cada uno de los seis en un momento dado.

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