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TikTok cambia la forma en la que comen tus hijos

Un estudio demuestra hasta qué punto lo que ven en esta red influye en su manera de alimentarse

Imagen de una joven escuchando música rodeada del loootipo de TikTok
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Imagen de una joven escuchando música rodeada del loootipo de TikTokSTOCK.ADOBE.COM
Imagen de una joven escuchando música rodeada del loootipo de TikTok

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J.C. Castillo

Publicado el 25/04/2026 a las 05:00

TikTok es la red social favorita de los adolescentes. La usan para todo. Para seguir a sus influencers de cabecera, pero también para informarse, elegir su ‘outfit’ para el fin de semana, la rutina del gimnasio y... ¡hasta lo que comen! Esta es, al menos, una de las conclusiones a las que ha llegado el estudio ‘For You to Fork: TikTok’s Influence on Young Consumers Food Behaviors’, publicado en el ‘International Journal Consumer Studies’. El equipo comandado por Artur Strzelecki, investigador de la University of Economics de Katowice, entrevistó a 406 usuarios habituales de esta red social para ver cómo el contenido nutricional publicado en la plataforma afectaba a su actitud hacia la comida, la composición de sus dietas y sus preferencias de restaurantes.

Y la conclusión fue clara: mucho de lo que comen nuestros jóvenes está altamente influenciado por los vídeos que les muestra el algoritmo, que en esta red social se agrupa bajo la etiqueta #FoodTok. Un 97% de los encuestados reconoció haber replicado en casa los platos preparados por sus creadores de contenido favoritos. Y más del 50% aseguraron visitar determinados restaurantes únicamente por haberlos visto en TikTok.

Del ‘feed’ al TCA

El problema de este influjo irremediable radica en que la mayoría de publicaciones sobre comida se encuentran patrocinadas por cadenas de ‘fast-food’ o fabricantes de alimentos ultraprocesados (tan llamativos como poco nutritivos), que no es precisamente lo más saludable. Sarai Alonso, nutricionista especializada en trastornos de la conducta alimentaria, se muestra preocupada por el tipo de público de estos vídeos. «La adolescencia es una etapa especialmente vulnerable, ya que en ella se está formando la personalidad y se experimentan importantes cambios físicos, mentales y sociales. Por eso, la exposición constante a estos contenidos puede tener un impacto mayor que en otras etapas de la vida, dada la búsqueda de identidad, la necesidad de pertenencia a un grupo y la presión social propia de estas edades».

Las recetas virales y los retos de comida «pueden despertar curiosidad y motivar a probar cosas nuevas», admite la especialista, pero también «fomentar conductas alteradas relacionadas con la comida si se prioriza lo llamativo o popular sobre lo adecuado». Y habla con conocimiento de causa por lo que ella misma se ha encontrado en consulta. «Muchos pacientes se sienten mal por no comer ‘lo suficientemente saludable’, les provoca culpa, frustración y una relación cada vez más rígida con la comida», señala.

La consecuencia de todo esto puede ser un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). «Esta dinámica puede favorecer la aparición de comportamientos obsesivos como la ortorexia, donde la persona rechaza determinados alimentos por miedo o desinformación. En otros casos, el intento constante de seguir modelos idealizados de alimentación termina generando el efecto contrario: restricciones muy estrictas que desembocan en episodios de atracones», precisa.

El riesgo de lo viral

La investigación de Strzelecki determinó, además, las razones por las que estos vídeos cortos calan tan hondo en su público objetivo. «Pesan más la viralidad y el entretenimiento (reforzados por el boca a boca posterior entre amigos y familiares) que la información nutricional propiamente dicha, especialmente si el influencer que los protagoniza se ha ganado la confianza de los espectadores», detalla el autor principal del estudio.

Alonso está muy de acuerdo con esta conclusión. «En los últimos años hemos visto que ciertos alimentos que antes se tomaban de forma ocasional han pasado a consumirse con regularidad solo por estar de moda (como ocurre ahora mismo con la comida con un aporte extra de proteínas); también observamos un mayor seguimiento de pautas que a ‘tal influencer’ le han funcionado (el ayuno, los batidos detox...), llegando a generarse ‘ciclos’ de consumo: cuando una tendencia pierde popularidad, se abandona y se sustituye rápidamente por otra, lo que dificulta construir hábitos estables y conscientes».

Y todo ello aderezado con la ignorancia, porque lo que pasa en la mayoría de los casos es que los creadores de contenido rara vez tienen formación en materia de nutrición. «Deberían evitar los mensajes extremos, promover una relación flexible con la comida y, sobre todo, derivar a fuentes fiables o profesionales de la salud cuando hablen de temas específicos. No deben perder de vista que el público que está viéndoles puede estar viviendo situaciones muy complejas de salud física y mental», concluye la nutricionista.

CASIFICACIÓN 
​Hay dos tipos de vídeos que deben hacer saltar nuestras alarmas.
Los de restricciones Son aquellos que prometen adelgazar consumiendo pocas calorías o promueven cuerpos irreales: «Suelen transmitir la idea de que hay que restringir constantemente la comida para ‘hacerlo bien’».
Los de milagros Hablan de ‘superalimentos’ o ‘dietas mágicas: «Simplifican en exceso la nutrición y hacen creer que un solo producto o pauta va a solucionar todos los problemas».

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