Mascotas
Soledad, la gata náufraga, vuelve a casa siete meses después de caer al mar: "Es un milagro"
Viajó con su dueño, Héctor, en un velero desde Fuerteventura al Caribe donde cayó al mar y se perdió su pista; siete meses después ha aparecido


Actualizado el 07/01/2026 a las 08:13
Soledad es una gata negra y blanca, le falta un ojo y tiene tres años y medio. Una edad que, en una gata, marca el inicio de su etapa adulta, si bien su corta vida ha estado marcada por múltiples avatares. El último ha sido pasar siete meses en una isla caribeña después de caer al mar en la costa de la isla de Martinica, en las Antillas Menores.
Su dueño, o como él dice, su "compañero humano", es Héctor Valdeón, un conocido socorrista de las Grandes Playas de Fuerteventura, que cruzó su vida con Soledad cuando la gata tenía apenas mes y medio. Se había desplazado a la isla de El Hierro en un viaje introspectivo y encontró al animal medio muerto y lleno de parásitos junto a un cubo de basura en la zona de La Restinga. "Le faltaba un ojo. Le puse de nombre Soledad porque yo estaba solo y ella dio respuestas a mi vida", explica Héctor.
En marzo del pasado año decidió emprender "el viaje de mi vida". Junto a un compañero de trabajo se embarcó en su velero de diez metros de eslora rumbo al Caribe. Después de aprovisionarse en La Gomera, recorrieron en 28 días las 2.613 millas náuticas -4.840 kilómetros- que separan Fuerteventura de Martinica. El compañero de trabajo tuvo que regresar a España por motivos laborales, pero Héctor permaneció en la isla junto a Soledad. El 11 de abril ocurrió la tragedia: el velero fondeaba cerca de la isla cuando la gata cayó al agua porque su arenero estaba mal colocado. Sucedió de madrugada y Héctor se percató de lo ocurrido al amanecer. Soledad tuvo que nadar unos 60 metros hasta llegar al puerto. "Estuve buscándola como un loco durante una semana, pero tuve que regresar. Antes pedí ayuda a gente de la zona y dejé mi contacto por si la encontraban", recuerda.
Después tocó volver a Fuerteventura en el velero pero ya sin Soledad. "Me culpaba de haberla perdido", dice. La vuelta, que duró 25 días, fue también difícil porque se quedó sin conexión a internet y tuvo que afrontar varias tormentas en pleno océano Atlántico. "Fue durísimo y pasé mucho miedo. Hubo días en los que no vi el sol y al final pensé que había sobrevivido de milagro", cuenta Héctor.
Ya en Canarias, los meses pasaron sin noticias de Soledad hasta que en noviembre recibió la llamada de una asociación animalista de Martinica. "Me dijeron que habían encontrado una gata tuerta y que me mandarían una foto al día siguiente. Cuando me llegó, vi que era ella y me emocioné. Sentí que era otro milagro". Tiffany, una joven de la asociación, se ofreció a llevar a la gata hasta París a mediados de diciembre en la cabina de un avión tras pasar los controles sanitarios. Y hasta la capital francesa se desplazó Héctor. "Ha sido el mejor regalo de Navidad y como un segundo milagro", reconoce.
Soledad llegó a París "muy delgada y demacrada" pero ahora está "gorda como una pelota y no quiere salir a la cubierta del barco". Normal. No se le pasa volver a separarse de su compañero. ¿Y cómo fue la vida de Soledad en una isla caribeña durante siete meses? "Eso solo puede contarlo ella", sonríe Héctor.