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Bután

La felicidad del Rey Dragón de Bután depende de una única mujer

Bután, el reino budista que se ha abierto al mundo por 200 euros de visado al día, celebra haber podido darle esquinazo al coronavirus

Las fotografías más relevantes de las últimas horas.
Una estatua del Buda Dordenma sobre el pueblo de thimphu en Bután. MCNAUGHTON / REUTERS
  • S. Rodríguez. Colpisa
Actualizada 12/09/2020 a las 06:00

Recoge la RAE que la felicidad es el estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno. Y, en su segunda acepción, cosa, circunstancia o suceso que produce ese estado. La felicidad se considera cada vez más una medida que cuantifica el progreso social y que los gobiernos utilizan para poner en marcha políticas que permitan a sus ciudadanos vivir mejor. Pero, ¿es esto posible? Pues parece que sí. Finlandia, Dinamarca, Suiza y Noruega encabezan el ránking de felicidad global, el World Hapiness Report. Las variables que se emplean para la confección de esta lista son ingresos, esperanza de vida saludable, apoyo social, libertad, confianza y generosidad.

Sorprende que en este listado no aparezca el reino de la felicidad por excelencia: Bután. Aunque, claro, todo depende del cristal con que se mire. En este país del sur asiático -del tamaño de Suiza y una población de 750.000 habitantes-, como se sabe, la calidad de vida se mide en FIB en vez de en PIB. Para que se entienda, en Felicidad Interna Bruta en lugar de Producto Interior Bruto. El término fue acuñado por el anterior monarca, Jigme Singye Wan, que accedió al trono con 17 años tras la repentina muerte de su padre. Una de sus primeras decisiones, de hecho, fue incorporar este término al día a día del pueblo butanés. Fue su respuesta a las críticas por la constante pobreza del país. En esos primeros años del joven rey, Bután siguió siendo pobre, pero al menos, oficialmente, eran felices.

Sin proponérselo, con su paulatina apertura al mundo, este peculiar monarca que se casó con cuatro hermanas en una misma ceremonia en 1979 y es padre de diez hijos (cinco hombres y cinco mujeres) consiguió que el improvisado eslogan del país de la felicidad también trajera ingresos extras a Bután. No puede decirse que sea un gran destino turístico, porque no lo es, pero cada vez son más los curiosos que deciden pasar unos días en este reino budista en el bordo oriental del Himalaya, de espectaculares paisajes y salpicado de monasterios y fortalezas. Y no puede decirse tampoco que el viaje a Bután resulte barato. Más que nada porque el visado cuesta 200 euros al día. Para que luego digan que la felicidad no tiene precio.

El boom turístico y que llevó a que muchos buscaran en el globo terráqueo dónde está Bután se produjo hace ahora nueve años. Jigme Singye Wan abdicó en su hijo en diciembre de 2006, poco después de cumplir los 50 años. El nuevo monarca, el quinto Rey Dragón -que así se le llama- de Bután, ocupó durante un lustro el título de soltero de oro. Y deseado. El compromiso de Jigme Singye Wangchuck con Ashi Jetsun Pema -una compatriota de buena familia que estudió relaciones internacionales en Londres- les convirtió en los 'Guillermo y Kate' del Himalaya. La imagen de la pareja comenzó a recorrer el mundo. Representaban la modernidad, el aperturismo, la despedida de viejas tradiciones. Y el amor de Wangchuck por Pema era (y es, se entiende) tal que él, en un hecho sin precedentes, anunció al parlamento que será hombre de una única mujer. Adiós a la poligamia, aún vigente en Bután.

Las redes sociales han hecho el resto. A través de Instagram, los Reyes de Bután han anunciado y presentado la llegada de sus dos hijos -el pequeño nació en marzo-. Él siempre ataviado con un gho y ella con una kira, la colorida indumentaria del día a día en el reino de la felicidad. Un sentimiento que en estos tiempos también se mide por la salud. Y, precisamente, Bután puede presumir de haber dado esquinazo al coronavirus. Había temor en la población, en la Familia Real, a que la cercanía con China provocara la catástrofe humanitaria que la covid-19 está causando en otros rincones del mundo.

Pero Jigme Singye Wangchuck se ha involucrado personalmente para que su pueblo fuera 'inmune' al virus. De ahí que cortó por lo sano cuando a principios de marzo se detectó el primer caso. Fue de un turista estadounidense, procedente de la India, que cayó enfermo en Bután. ¿La solución? Trasladarlo a EE UU en un avión medicalizado prestado por el rey. Antes, el monarca le colmó de atenciones y le envió al hospital "una colcha y dos pijamas de seda azul".

Sin fallecidos, Bután ha registrado unos 200 casos. Y hace unas semanas Wangchuck recorrió el país para preocuparse y concienciar a sus súbditos. Lo hizo, en muchas ocasiones, a pie, como fue dejando constancia en su cuenta de Instagram, donde, a buen seguro, en octubre colgará una foto para celebrar el noveno aniversario de boda con la Kate del Himalaya. Una pareja de anuncio que, dígase de paso, todos los años comparte un calendario con su pueblo con ellos como protagonistas.


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