Educación sexual
Por qué los menores ven porno, por qué no deberían verlo y cómo podemos hablarles del tema
De la mano del proyecto E-TIC, hablamos con Alexandra Crettaz, psicóloga sanitaria y sexóloga clínica, para que nos aporte algunas de las claves para entender qué buscan los menores al acceder al porno, las consecuencias del acceso temprano a este tipo de contenidos y cómo tratar este tema en casa


Publicado el 06/02/2024 a las 09:47
El inicio del consumo de pornografía se produce a edades cada vez más tempranas, concretamente a los 8 años. El 50% de los niños de 11 a 13 años ha visto pornografía en internet. El 75% de los padres cree que sus hijos no han visto pornografía nunca. El 89% de los videos pornográficos actuales muestran agresiones físicas o verbales. El 76% de los adolescentes consume sobre todo pornografía hardcore. 7 de cada 10 adolescentes consume pornografía de forma frecuente; de estos, el 94% lo hace desde el móvil. Uno de los términos más buscados en los portales de pornografía es “cómo hacer”.
Todos estos datos están extraídos de estudios recientes realizados por expertos y muestran una “epidemia” problemática, alarmante y preocupante a la que el Gobierno quiere hacer frente con, entre otras medidas, un marco legal que prohíba el acceso de menores a contenidos pornográficos a través de sistemas de verificación de edad al acceder a páginas web restringidas a personas adultas.
De la mano del proyecto E-TIC, impulsado y desarrollado por Fundación Diario de Navarra con el fin de sentar las bases y ofrecer herramientas para que los niños y niñas de 6 a 12 años aprendan a desenvolverse en el mundo digital de forma positiva, hablamos con Alexandra Crettaz, psicóloga sanitaria y sexóloga clínica. Ella nos da algunas de las claves para entender qué buscan los menores al acceder al porno, las consecuencias del acceso temprano a este tipo de contenidos y cómo tratar este tema en casa.
Lo primero que creo que conviene aclarar, ¿por qué ven porno nuestros hijos e hijas?
Porque se lo encuentran, porque buscan respuestas y porque engancha. Estamos hablando de que niños y niñas acceden de manera ilimitada e indiscriminada a todo el contenido que ofrece Internet, un lugar con iguales oportunidades que amenazas. Ya incluso antes de tener su primer móvil, se encuentran con el porno de forma accidental o no intencional por su parte; la pornografía les llega por primera vez sin haberla buscado.
También ven porno porque necesitan saber. Buscan respuestas sobre lo que somos, seres sexuados, y lo que encuentran es pornoviolencia, única fuente disponible y accesible que ponemos a su disposición 24/7 para responder a sus dudas y curiosidades. A falta de una educación afectivo sexual y relacional de calidad y presente en su educación en casa y en su centro escolar desde la infancia, Internet se ha convertido en su referente. Ni duda cabe del peligro que representa esto.
Por otra parte, el producto de consumo ha evolucionado a lo largo de las décadas, y la nueva pornografía, aquella que apareció con la revolución tecnológica, poco tiene que ver con la que se vendía antes. Hoy en día se trata de una exhibición sin escrúpulos, ética ni moral, de algo que parece sexo pero que no es, con violencias y torturas varias. Y resulta que esto, al cerebro, le engancha. Lo habitual es que muchas personas acaben haciendo un consumo problemático de pornografía; ven demasiadas horas y acaban necesitando ver cada vez más porno violento para experimentar excitación sexual. Asimismo, genera un comportamiento compulsivo, donde el eje central es la dificultad para dejar de hacerlo, aun queriéndolo e intentándolo. Mucha gente joven, de edades tempranas, reconocen estar ya enganchados.
Ante todo este panorama, muchos padres y madres se echan las manos a la cabeza, en numerosas ocasiones, por motivos éticos o morales, pero... ¿qué consecuencias tiene realmente el consumo de pornografía a edades tempranas?
Además del riesgo de la adicción a la visualización de pornografía violenta, el impacto en los más jóvenes es muy perjudicial. A falta de una verdadera educación afectiva, sexual y relacional, aprenden de la pornografía. Los estudios científicos muestran que la nueva pornografía enseña y autoriza la violencia sexual hacia las mujeres y estimula la cultura de la violación, también en grupo. Han aumentado los delitos sexuales por parte de varones menores, porque lo que hacen en sus relaciones sexuales es lo que ven, y lo que ven en el porno es casi siempre negativo y, en muchas ocasiones, un delito. En estas pelis, además, se muestran relaciones entre personas donde solo hay genitalidad y placer físico; eso cuando lo hay, porque a menudo lo que hay es dolor y violencia. No enseña los afectos, los valores ni el consentimiento. No enseña que la sexualidad es consentida, libre, satisfactoria, positiva, saludable. Que el deseo sexual y la excitación se construya en los más jóvenes a través de imágenes violentas, conductas denigrantes y actitudes sexistas impide un desarrollo saludable. Reconstruir todo esto, a los años, requiere de una terapia psicoterapéutica y sexual intensa.
Por otra parte, el acceso temprano a contenido pornográfico no permite contrastar con la propia experiencia. Les anula la oportunidad de aprender por sí mismos, de conocer su cuerpo, de saber cómo funciona su respuesta sexual ante estímulos fantaseados o reales. Aún no han tenido la posibilidad de vivir ningún tipo de experiencia afectivo erótica, como para saber si lo que les inculca el porno es lo que ellos y ellas quieren hacer, sentir y pensar. Su despertar sexual se construye a través del porno, distorsionando su vivencia sexual y su aprendizaje saludable.
En el porno, las conductas de riesgo están normalizadas. En la mayoría de las filmaciones, no hay protección de ningún tipo y las consecuencias de ello, obviamente, no se ven (enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, disfunciones sexuales, dolor y lesiones varias). Además, lo íntimo y lo privado se hace público y, en consecuencia, muchos jóvenes cuidan muy poco su privacidad, con los riesgos que esto implica.
En base a todo esto, se construye una generación de personas confundidas, carentes de información válida y muy poco acompañadas en esta dimensión tan importante de su vida.
Está claro que una de las claves entonces es trabajar la educación sexual. Sin embargo, a los padres y madres parece que nos cuesta hablar del tema. ¿De qué manera podríamos abordarlo?
Como hijos e hijas de una generación en la que la educación sexual era inexistente, nos cuesta sentirnos a la altura de poder acompañar a nuestros chicos y chicas en esta dimensión. No es fácil enseñar lo que no se ha aprendido. Por otra parte, puede además que ni siquiera sepamos lo que están viendo en Internet, ni los riegos a los que se ven expuestos en el mundo virtual. Pero si no lo haces tú, la pornografía lo hará por ti. Y esto no podemos permitirlo.
Lo que sí sabemos es vivir la sexualidad con afecto, con valores, con consentimiento, valorándonos y valorando al otro, respetando el cuerpo y la intimidad. Podemos hablar con ellos de lo que sí es sexo positivo y qué señales nos pueden hacer sospechar de que no lo es. Hay que hablarles del bienestar, de la sexualidad como placer y disfrute, de buscar los límites entre yo y el otro. Sabemos más cosas de las que nos pensamos, se trata de vencer la vergüenza y establecer espacios de diálogo y reflexión. Es nuestra responsabilidad capacitarles para crecer y vivirse bien en su sexualidad. Y es importante empezar desde el primer día, desde que nacen. Sexualidad es mucho más que sexo, y podemos leer e informarnos sobre cómo empezar a educar en sexualidad en la infancia. No podemos cerrar los ojos porque, lo queramos o no, y lo quieran ellos o no, el porno va a estar en su pantalla en algún momento, y no les podemos dejar solos ante esto. Así que, busquemos fuentes fiables de profesionales cualificados en el tema para ayudarnos, y abramos un espacio con los hijos y las hijas para hablarlo.
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