El móvil y los menores: ¿educar o prohibir?
El uso del teléfono móvil cada vez en edades más tempranas se ha convertido en un debate que copa las conversaciones en patios de colegios, parques, salas de profesores, reuniones familiares


Actualizado el 16/01/2024 a las 10:00
A pesar de ser un dispositivo electrónico que lleva en nuestras vidas más o menos desde 1990, cuando comenzó a popularizarse, ahora más que nunca el uso del teléfono móvil se ha convertido en un debate que copa las conversaciones en patios de colegios, parques, salas de profesores, reuniones familiares e incluso le está ganando espacio al tiempo como temática de las charlas de ascensor.
La brutal evolución de estos aparatos que nos permiten hoy en día hacer muchas más cosas que llamar por teléfono y el acceso a ellos cada vez en edades más tempranas han encendido todas las alarmas en las familias, en los centros educativos y entre los profesionales. Se habla de “adicción”, han aparecido términos como “nomofobia” (miedo a estar sin teléfono móvil) o “phubbing” (el acto de ignorar a una persona y al propio entorno por concentrarse en la tecnología móvil), se valora regular su utilización en el ámbito educativo e incluso prohibirlo hasta los 16 años. Hablamos de todo esto con representantes de todos los afectados. Madres y padres, educadores, psicólogos, policías y los propios menores nos dan su punto de vista.
Educar y acompañar
Más de 30.000 padres y madres en Navarra han pedido retrasar la edad de uso del móvil a los 16 años. Lo hacen a través varios grupos de WhatsApp con el nombre ‘Adolescentes libres de móvil Navarra’ (ALMNa). Entre sus argumentos, por ejemplo, están “los peligros de utilizar libremente Internet”. “Ya hay niños de 8 años que, sin quererlo, están viendo contenido pornográfico”, ejemplifican. Detrás de su propuesta está también el deseo de “evitar el acceso a contenidos perjudiciales para la salud física y mental de nuestros hijos”. Consideran que si se alarga la edad de comienzo a los 16, recalcan, “les daremos tiempo a madurar antes de decidir si un contenido es adecuado para ellos”.
Marta Beranuy, psicóloga, profesora de la UPNA e investigadora sobre los riesgos y las adicciones tecnológicas, sin embargo, considera que “una introducción del teléfono móvil de golpe a los 16 años podría ser peor todavía”, aunque está de acuerdo en “introducirlo en la vida de una persona lo más tarde posible, sin poner una edad, pero hacerlo de forma reflexionada, valorando, en cada caso concreto, la responsabilidad y la madurez del menor y la casuística familiar”. Insiste, además, en la necesidad de que una vez entregado el móvil al menor es importante que exista un acompañamiento y una educación en su uso por parte de los padres. “Si le dejas ir a tu hijo al cole solo, primero le enseñas el camino e incluso los primeros días le acompañas. Con el móvil es lo mismo. No basta con dárselo, decirle que tenga cuidado y ya está”, argumenta. Al respecto, un estudio de 2021 de Unicef Navarra sobre tecnología y adolescencia apunta que solo el 26,3% de las familias establece algún tipo de control o límite o normas sobre el uso de Internet y las pantallas. Y en concreto: solo el 24,4% limita las horas de uso diario y el 13,3%, los contenidos a los que permite acceder a sus hijos.
Dar ejemplo
“Los padres nos tenemos que implicar, volcarnos en la educación de nuestros hijos en el uso del móvil. Me parece primordial gestionar en casa, cada familia, con sus particularidades, temas como cuánto tiempo van a poder utilizarlo. Incluso pactar con nuestros hijos ciertas condiciones de uso. Que haya comunicación y no solo prohibición”. Quien habla es Teresa Módol, profesora de un instituto público, madre de tres hijos y presidenta de la Concapa Navarra (Federación Católica de Padres de Alumnos y Padres de Familia). Reflexionando a través de esa triple mirada que ella tiene sobre el asunto también pone el acento sobre la importancia de dar ejemplo. Tanto padres como profesores. “¿Cómo les vamos a pedir a los adolescentes nada si luego nosotros estamos todo el rato con el móvil, incluso dándoles clase? Tenemos que reflexionar todos sobre el uso que hacemos de este aparato en la sociedad de la inmediatez. Dependemos del móvil todo el rato. El problema lo tenemos los adultos porque nuestros hijos, nuestros alumnos, nos copian”, considera y anima a las familias a apuntarse a las formaciones sobre esta temática que ofrecen distintos colectivos como Concapa Navarra.
Juan Santiago, miembro del Grupo de Delitos Informáticos de la Policía Foral, comparte la opinión de Teresa Módol. Según su experiencia como mediador en distintos problemas derivados del mal uso de las nuevas tecnologías en centros escolares, “hay carencias de educación digital”. Y apunta hacia una dirección clara: “Los padres son el principal agente educativo y tienen que dialogar y formar a sus hijos en actos y conductas, que se conciencien y sensibilicen para convivir en sociedad. Eso después se extrapola al entorno digital”. Aunque considera que el tema es muy complicado tiene claro que a todo esto habría que sumar un actor más que asumiese su parte de responsabilidad, “la industria tecnológica y las operadoras”.
En los centros escolares
Por su parte, el Gobierno de Navarra ha anunciado que regulará el uso de móviles por menores en colegios. Todavía no se ha especificado de qué manera, pero es una propuesta que ha aplaudido, en general, la comunidad educativa. “Es primordial que se regule y que haya una normativa de convivencia bien establecida común a todos los centros, amparada por el Departamento de Educación. No se puede dejar todo al azar de cada colegio y que dependiendo del centro se sea más estricto o más laxo. Es un tema importante que afecta a los docentes, a las familias y a la sociedad”, considera Teresa Módol. No obstante, matiza que es partidaria de educar y no de prohibir; incluso de tener cierta flexibilidad según los casos. “Sí prohibiría el móvil en las aulas, porque ya tenemos tecnología suficiente que es útil para enseñar y no es necesario móvil. Pero sí creo que se dan algunas circunstancias en las que el alumno podría llevarlo al centro, pero que no lo pudiese usar, que lo dejase en una especie de parking de móvil. Por ejemplo, hay alumnos cuyos padres están separados y tienen que avisar a uno u otro, hay niños con discapacidad a los que se les da un móvil para fomentar su autonomía… En esos casos es necesario e incluso bueno. En realidad, el móvil no es malo, lo malo es cómo lo usamos”, reflexiona Módol.
Ella es testigo como docente en un instituto de que este aparato afecta al rendimiento escolar y provoca en los adolescentes lo que denomina “enganche”. “Los chavales lo llevan todo el rato encima, en el pantalón, te piden ir al baño y se ponen con el móvil. No sé para qué lo usan, pero se distraen muy fácilmente. Tienen como ese tic de mirarlo, aunque solo sea para ver la hora, pero es como que necesitan ese contacto con el móvil”, explica sobre su experiencia.
¿Genera adicción?
Uno de los mensajes más frecuentes en la justificación de esta especie de campaña contra el móvil en menores es que genera adicción. Sin embargo, la psicóloga Marta Beranuy, experta en adicciones tecnológicas, asegura que “la adicción al móvil como concepto psicopatológico no existe, no está reconocida ni por la OMS ni por la Asociación Americana de Psiquiatría, ni parece que lo vayan a considerar. Lo han investigado y debatido y la línea general es que no existe. El móvil genera mucha atracción, absorbe mucho la atención de las personas, se invierte mucho tiempo en él, pero no sigue los mismos patrones que las adicciones”.
No obstante, añade algo que considera muy importante para los padres: “Dentro del móvil hay distintas aplicaciones que sí generan adicción y pueden ser muy problemáticas, como algunos videojuegos y las apuestas. Este tema hay que controlarlo y no por el problema que supone perder dinero familiar. De hecho, algunos videojuegos tienen las famosas cajas de botín, que son cajas dentro del juego que compras por menos de 1 euro, que en la economía familiar casi no se nota, pero el funcionamiento es igual que las máquinas tragaperras: el circuito que activan es el mismo. Estás facilitando futuros jugadores patológicos de juego de azar, porque están activando los mismos canales neuronales y eso es peligrosísimo.

