Tenis
Carlos Alcaraz se disfraza de abeja en Indian Wells tras su victoria
El tenista murciano aceptó el reto de unos aficionados que le entregaron un disfraz


Publicado el 13/03/2026 a las 20:23
En Indian Wells, las abejas no son una rareza sino casi parte del paisaje. El Masters 1000 se juega en pleno desierto de Coachella, en California, una zona donde las altas temperaturas y la abundancia de palmeras y plantas ornamentales atraen a numerosos enjambres de abejas, sobre todo en primavera. Cada año es relativamente habitual que aparezcan colonias en las estructuras del estadio -cámaras, focos o techos- y el torneo cuenta incluso con apicultores especializados que acuden cuando ocurre.
En 2024, Carlos Alcaraz vivió una situación llamativa cuando tuvo que interrumpir uno de sus partidos ante Alexander Zverev por la picadura de una abeja. El murciano salió corriendo hacia el vestuario mientras intentaba protegerse ante la sorpresa del público. La escena culminó con la aparición de Lance Davis, un apicultor conocido como 'Killer Bee', que retiró el enjambre con un aspirador y sin apenas protección, convirtiéndose en protagonista inesperado de la jornada.
El español, tras derrotar a Cameron Norrie y meterse en las semifinales del torneo californiano, terminó el partido con una escena inesperada: saltando sobre la pista con un disfraz de abeja. El traje se lo habían regalado desde la grada, donde un grupo de aficionados animan al español vestidos con las clásicas rayas amarillas y negras.
Desde aquel episodio de la picadura a Alcaraz, algunos aficionados decidieron rendir homenaje al episodio acudiendo disfrazados de abeja a los partidos del murciano en Indian Wells. La ocurrencia fue creciendo hasta convertirse en un pequeño ritual en las gradas.
"Es divertido verles en las gradas animando con ese disfraz", explicó después en rueda de prensa. "Hoy me trajeron uno y empezaron a decirme: 'Póntelo, póntelo'. Me estuvieron animando desde el primer punto hasta el último, así que pensé que tenía que hacerlo por ellos".
La escena resume bien una de las claves del fenómeno Alcaraz: un número uno en potencia que juega con intensidad feroz, pero que todavía encuentra tiempo para divertirse y, si hace falta, zumbar un rato vestido de abeja.