Montaña
Murolas y Barrio, tras su cumbre en el Makalu: "El descenso fue durísimo, muy largo e íbamos ya en la reserva"
La pareja pamplonesa alcanzó el pasado 10 de mayo los 8.463 metros del Makalu, la quinta montaña más alta del planeta, y de regreso ya a Pamplona reconocen nuevos planes para afrontar un nuevo 'ochomil' el próximo año en Pakistán

Publicado el 29/05/2025 a las 16:15
“La cumbre siempre se celebra una vez que llegas de regreso al Base. Arriba te alegras, sientes mucha satisfacción, la sensación dei silencio, el aislamiento, el paisaje... pero sabes que aún te queda la bajada. Y, en el caso del Makalu, fue muy dura”. Los pamploneses Uxue Murolas Aguerri, de 54 años (31-XII-1970), e Ignacio Barrio Fernández, de 48 (8-IX-1976), pudieron festejar su ascenso a los 8.463 metros del Makalu nepalí, la quinta montaña más alta del planeta, el pasado 11 de mayo. Lo hicieron “tomando una cerveza que pedimos a otra expedición porque nosotros no teníamos” y al día después de haber descendido de la cima del 'ochomil'.
En total la pareja navarra, tal como detallaba este jueves 29 de mayo en un acto organizado por la Fundación Miguel Induráin y en la que les acompañó Ernesto Modrego -que este 30 de mayo dejará la gerencia de la fundación al jubilarse-, necesitó cerca de 18 horas y media de esfuerzo para subir y bajar desde el último campo de altura (7.500m).


“Fue uno de los descensos más duros de mis expediciones. No tanto por la dificultad técnica sino porque fue muy largo. Fue durísimo, muy largo e íbamos ya en la reserva”, reconocía Murolas. “Tuvimos un día de cima espectacular. Nunca había estado en una cumbre de 8.000 metros con ese buen tiempo. Me pude quitar incluso una de las manoplas y disfrutamos mucho del paisaje. Pero eso mismo hizo que la nieve se transformase muy pronto y en el descenso estaba ya muy profunda. Tuvimos que ir abriendo huella y, además, comenzó una ventisca con viento muy fuerte”, recordaba la navarra. “Ya en casa, viendo un vídeo, me he dado cuenta de la cara de cansancio que llevaba. No tenía esa sensación. Pero ahora entiendo que Ignacio me preguntase un par de veces durante el ascenso a ver cómo iba y que recordase que luego había que bajar. Él quizá sí lo veía pero yo no era consciente de lo cansada que iba”, explicaba Murolas, quien ha logrado así su tercer ochomil tras el Manaslu (8.163m) y el Lhotse (8.516m) que compartió también con Barrio (que suma uno más tras haber subido también el Cho Oyu, 8.201m).
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El porteo de material desde los 6.900 metros del campo II a los 7.500m del campo III, en un ascenso de más de 7 horas con mucho calor, fue un desgaste añadido previo a esa jornada final de cumbre. “También es cierto que en los campos de altura quizá no nos hemos alimentado lo suficientemente bien. Intentas comer, intentas hidratarte lo máximo que puedes pero no entra y ,al final , no es mucho para el esfuerzo que realizas”, detalló por su parte Barrio, quien reconoce que el plan de variar la aproximación habitual a la montaña y hacer una marcha “más larga y exigente”, superando dos collados a más de 6.000 metros y con el ascenso al Mera Peak, les ayudó en el buen devenir de la expedición. “Al final llevábamos dos años sin cumbres tras los intentos al Kangchenjunga y esta vez lo hemos disfrutado un montón. La verdad. Aunque la cima la disfrutas más una vez en casa que al conseguirla”, explicaba.
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Tras las labores previas, que les llevaron a ascender dos veces a 7.000 metros antes, la pareja dejó la tienda sita a 7.500m a las 22.00 horas del 10 de mayo. De allí, solos, iniciaron su ascenso, viendo amanecer al alcanzar la cota de 8.000 metros y llegando a cima en torno a las 9.30 horas. El descenso les llevó casi seis horas más. Todo ello sin ayuda de porteadores de altura ni uso de oxígeno artificial.
“No me planteo la ascensión de otra forma. Con botella de oxígeno puedes llegar a la cumbre pero no habrás subido un ochomil. No vivirás la atmósfera real de un monte a esa altura. No sabes el verdadero esfuerzo que se necesita para lograrlo. Es igual que el hecho de llevar todo tu material a la espalda. Basta con coger una mochila de 7 kilos y subir a San Cristóbal. Y luego probar a subir sin mochila. Pues esa diferencia se puede extrapolar a lo que es un ochomil. No tiene nada que ver una cosa con la otra”, decía Murolas. “Al final el uso del oxígeno no deja de ser una forma de ‘dopaje”, añadía por su parte Barrio.
Apenas dos semanas después de haber llegado de vuelto a España -y con todas las vacaciones del año gastadas en la expedición- la pareja ya está haciendo nuevos planes para regresar a las grandes montañas el próximo año. “Cuando vuelves de un ochomil, ya estás dando vueltas para ir a otro”, exponía la pamplonesa. En principio, Pakistán podría ser su próximo destino, sin olvidar el Kangchenjunga, cumbre que ya intentaron en 2023 y 2024. “Al Kangchenjunga volveremos. No sé cuándo. Pero volveremos seguro . Es una montaña preciosa”, reconocía.
¿Y qué es lo que encuentran en la montaña? “Es como un reseteo. A veces aquí te crees más de lo que eres. Pero luego vas allí y ves lo pequeña que eres en esas montañas. Lo que ves es inmenso, mucho más poderoso que tu y ésa es una sensación que me engancha”, explica Murolas. “Simplemente me encuentro bien allí. Ya desde que iba de niño me pasaba. Estoy muy agusto y disfruto. Aquí todos tenemos ataduras pero en el monte eres mucho más libre”, añadía Barrio.

