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Alpinismo de Raíz

En la montaña nunca hay como una primera vez

Fermín Izco, en 1992 durante el ascenso al Lempo-Gan (7.083m)
Fermín Izco, en 1992 durante el ascenso al Lempo-Gan (7.083m)cedida
  • Mikel Zabalza
Publicado el 14/10/2021 a las 06:00
Corría el año 1992 cuando, junto a Fermín Izco, nos aventuramos a viajar a Nepal con la idea de escalar montañas difíciles en el valle de Langtang. Lo hicimos motivados por unas diapositivas que nos mostró un amigo, Fernando Monasterio, que había viajado por el país recorriendo varios de sus trekkings.
En el vuelo a Katmandú coincidimos con la mujer de Mikel Repáraz, con el que iba a juntarse tras su exitosa expedición al Everest. La acompañamos al Hotel Thamel donde se alojaban los expedicionarios y, entre otros, vimos a los hermanos Iñurrategi, que habían conseguido la ascensión del coloso del Himalaya sin oxígeno.
Nosotros íbamos a objetivos desconocidos, mucho más bajos que el Everest, pero el tiempo y una buena perspectiva me ha hecho valorar en su justa medida la audacia y, sobre todo, el atrevimiento que tuvimos en esa mi primera expedición. En autobús local viajamos a la aldea de Dunche y allí contratamos tres porteadores. Debimos de medir bien lo que llevábamos porque ahí, más lo que cargaban nuestras pesadas mochilas, llevábamos todo para 40 días. Nuestra economía era inversa a nuestro atrevimiento y debimos prescindir de guía local, oficial de enlace, cocinero y cualquier ayuda externa que no fuesen aquellos tres porteadores. Cuando llegamos a la parte alta del valle de Langtang nuestras miradas se iban irremediablemente al Ganchempo.
Es un precioso pico de 6-350m con paredes de hielo en todas sus vertientes. Allí escalamos dos rutas bastante técnicas. Para bajarnos de las mismas tuvimos que abandonar prácticamente todos los tornillos de hielo y estacas que teníamos. Tras este periplo, echamos una buena partida a cartas para jugarnos quién de los dos bajaba a Katmandú a comprar más tornillos y estacas. Por suerte para mí le tocó a Fermín y yo, mientras tanto, aproximé equipo a la base del lejano Dorje Lakpa ayudado de dos vecinos de Kyangin Gompa (última aldea poblada del valle).
Días más tarde nos juntamos de nuevo en Kyangin, Fermín con la mochila repleta de estacas y tornillos y yo con un hornillo estropeado; no teníamos otro. Tras horas de tensión lo conseguimos arreglar y seguimos con nuestra aventura. El Dorje es una montaña preciosa que sólo tiene vía en la arista oeste, la norte se ve imponente y nos atrae sobremanera.
Pensamos que quizás debemos aclimatar un poco más ya que el Dorje tiene casi siete mil metros y la norte se ve difícil.
- Entonces, ¿qué? Subimos el monte que tenemos en frente, ¿te parece?
- No parece muy difícil y en el mapa pone que se llama Lempo-Gan (7.083m)
En 5 días y en puro estilo alpino ascendimos y descendimos esa montaña. La ascensión fue mucho más técnica de lo esperado y, con el escaso material que teníamos, tuvimos arriesgar bastante. Sin saberlo -me enteré de ello 15 años más tarde- habíamos ascendido un pico virgen.
Nuestros víveres tocaban a su fin y decidimos atacar la norte del Dorje Lakpa sin apenas descanso. Superada la parte más técnica de la pared y ya muy cerca de la arista oeste, nuestros cuerpos dijeron basta y descendimos en rápel antes sobrepasar la línea roja. En aquellos años no existían los teléfonos satélites y nadie estaba pendiente de nosotros ni sabía dónde estábamos.
Ahora, 29 años después de aquella experiencia regreso al Dorje. Esta vez como responsable del Equipo Español de Alpinismo. Las circunstancias no son las mismas pero mantenemos la incertidumbre y la dosis de aventura. Nuestro plan es acceder por el sur e intentar la montaña por una nueva ruta en esta vertiente inexplorada. No hay apenas información y llegar al Base ya será una aventura.
Creo que podemos vivir una bonita aventura aunque sé que nunca hay como una primera vez.
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