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Gimnasia rítmica

Alaia, entre bambalinas

El conjunto de gimnasia rítmica del Valle de Egüés ha ganado el galardón a mejor equipo femenino navarro de 2021. Esta es la historia detrás de unas jóvenes y su medalla, las dificultades para entrenar y el esfuerzo de un club que es una familia

Ampliar De izda. a dcha.,  Naroa Idoate, Amaia Biurrun, Aintzane Olaizola, María Ruiz, Amaya Villanueva y Alexandra Nastase, en la nave del polígono Areta donde entrenan
De izda. a dcha., Naroa Idoate, Amaia Biurrun, Aintzane Olaizola, María Ruiz, Amaya Villanueva y Alexandra Nastase, en la nave del polígono Areta donde entrenanJ.P. URDIROZ
Publicado el 23/01/2022 a las 06:00
Lo primero que te encuentras al cruzar la puerta de una anónima nave del polígono Areta de Huarte es una mesa sobre la que hay una caja de hojaldres junto a una hucha de un cerdito rosa, cuadernos y un bote de gel hidroalcohólico. A la derecha, un pequeño vestuario artesano lleno de material deportivo y un baño. A la izquierda, la pista definitiva que te hace darte cuenta de dónde estás: junto a una cafetera y un cubo de reciclaje, cuelgan de un perchero aros, mazas, cuerdas y pelotas. Si te giras, ves un bombo ante un pequeño museo con trofeos. En un mes, tendrá sitio privilegiado en esa modesta vitrina el galardón a mejor equipo deportivo femenino navarro de 2021. El Club Rítmica Alaia Valle de Egüés abrió el pasado jueves las puertas de su insólito hogar a Diario de Navarra. Entrenadoras y gimnastas mostraron su trabajo, su complicidad y también los problemas que han tenido para encontrar un lugar en el que trabajar para ser tan grandes.
Alaia es disciplina. La hucha del cerdito recibe los 50 céntimos que cada deportista debe pagar por cada objeto que se dejen en la instalación. Entrenan 3 horas, 4 días a la semana. Son sacrificadas, exigentes, perfeccionistas. Pero Alaia también es familia. Los vínculos entre ellas son visibles. Los hojaldres en la mesa no son excepción, porque en Areta los dulces y las pastas son bienvenidas.
La nave industrial que acoge al mejor equipo navarro femenino de 2021, subcampeón de España en el Arena el pasado mes de diciembre, pero con muchos más podios durante sus casi 16 años de existencia, ha sido el último intento tras muchos fallidos. “Penurias”, como ratifica la entrenadora del equipo de Primera Categoría, Sara Oyón. Las gimnastas lo ven de otra forma. “Llevo entrenando toda mi vida y entrenar aquí me parece un privilegio, porque es mucho más cómodo”, afirma Aintzane Olaizola.
Para ejercitarse en Areta, las familias han arrimado el hombro económico y físico. Además, son las que pagan las cuotas, las licencias, mallas, desplazamientos, hotel, inscripciones, según cuenta Resano.
Silvia Uhalte, entrenadora del equipo júnior, que fue bronce en el Navarra Arena, explica el contraste: “Hasta las propias gimnastas ven esta nave, que es fría, con poca luz, como un privilegio, porque entiende que la comunidad Alaia, familias, padres, directiva, nosotras, se ha involucrado en este proyecto para que ellas puedan seguir haciendo gimnasia. Antes probablemente teníamos más facilidades y comodidades, y ahora no las tenemos, pero este sitio nos permite estar el tiempo que necesitemos. Venimos de unas instalaciones deportivas en las que estábamos más de 10 horas semanales. Pero de una temporada a otra nos hemos visto sin ella”.
Uhalte se refiere al cambio de Olaz a Huarte. Maite Resano, responsable de las gimnastas de Alaia, razona el porqué de este traslado: “Nosotras seguimos utilizando el polideportivo Valle de Egüés, en Olaz, pero lo compatibilizamos con este lugar porque para la gimnasia rítmica se necesitan mucha dedicación y muchas horas. Como nos han reducido los horarios, no es viable tener un equipo de competición con 8 horas a la semana y los seis conjuntos que tenemos. No damos abasto. En septiembre nos metimos en el alquiler de esta nave, que supone un gasto al club. Esto está planteado para un año. ¿Qué vamos a hacer el año que viene? No lo sabemos. Dependemos de los recursos económicos de los familiares y las subvenciones”. Otra de las entrenadoras, Maite Crespo, añade. “Todo lo que está en las naves lo han hecho los padres. Lo han limpiado, pintado y gestionado para que tengamos un sitio”. “Y hay que decir que antes de llegar aquí, tocamos muchas puertas y ninguna se abrió. Ésta fue la última opción, el último recurso”, apostilla Sara Oyón. Resano lo tiene claro: “Esta experiencia, estas dificultades, nos han hecho ir para adelante, pero de momento tiene fecha de caducidad”.
Para estar en Areta, se han traído los tapices, han fabricado los vestuarios, gracias al padre de una gimnasta júnior, que es carpintero. “Todo el mundo ha colaborado. Se ha traído una televisión, sillas de oficina, cada uno lo que ha podido”, apunta Maite Crespo. “Todo lo que está en las naves lo han hecho los padres. Lo han limpiado, pintado y gestionado para que tengamos un sitio”, continúa.
¿Cómo resumir algo así? Las gimnastas dicen tímidamente, en boca de Alexandra Nastase: “Es la realidad”. “Nosotras intentamos que ellas vengan, entrenen, disfruten y se vayan. Lo demás es para el equipo técnico y la junta. Ellas vienen a practicar su deporte de la mejor manera posible y ser felices”, apunta Maite Crespo.
LA SORPRESA DEL GALARDÓN
¿Y quiénes son las grandes protagonistas? Seis jóvenes navarras entre 17 y 20 años: Alexandra Nastase, 17 años, de Obanos, y estudiante de 2º de Bachiller en el IES Zizur; Naroa Idoate, de Elcano, 17 años y estudiante de Segundo de Bachiller, María Ruiz, 20 años, de Zizur y estudiante de 2º de ISA en la Universidad de Navarra; Amaia Biurrun, pamplonesa de 17 años que estudia 2º de Bachiller; Aintzane Olaizola, 18 años, que estudia un grado superior; y Amaya Villanueva, 19 años y de Sarriguren, que estudia 2º de Psicología.
Muchos años haciéndolo bien y por fin son reconocidas en los galardones. María Ruiz resume así su reacción. “Estamos impresionadas. Cuando nos dijeron que habíamos ganado, nos pusimos súper contentas”. Sara Oyón recalcaba: “Como era la primera vez que nos pasaba algo así ya estábamos súper orgullosas. El hecho de estar nominadas ya era una recompensa, un reconocimiento que este deporte pocas veces recibe”.
Maite Resano valoraba la participación popular de los galardones. “ Que la gente nos haya dado su apoyo eso dice mucho. Es la primera vez que estamos nominadas y nos dan el galardón, pero llevamos muchos años en el podio. Este año, al ser en el Arena, fue especial”, explicaba la entrenadora. Amaia Biurrun reconoce que “competir en casa” les dio más repercusión.
Sentadas en el frío suelo en semicírculo, ataviadas con la indumentaria de entrenamiento, con mascarilla y las desgastadas punteras ya puestas, transpiran compañerismo. “De lo que más orgullosas estamos es de nuestro trabajo y de cómo nos llevamos entre todas”, afirma Aintzane. María Ruiz coincide: “Somos una familia, una piña. Hemos visto que el trabajo de toda una temporada se ha visto recompensada. Que si no hubiera salido bien, también habríamos estado contentas, pero la medalla te motiva mucho más”.
¿Y estas chicas tienen relación al margen del tapiz? Se escucha un unánime ¡sí! “Solemos quedar mucho. En Navidades hicimos un viaje a Madrid y nos lo pasamos muy bien. Pasamos muchas horas juntas pero nos gusta quedar”, cuentan.
“Muchas veces, cuando vengo de estudiar me sirve para desconectar”, explica Olaizola. No siempre salen las cosas perfectas, también saben asumir el error y seguir adelante. “Mente fría”, resume Aintzane. Amaia Biurrun precisa: “Este deporte es así. No puedes arrastrar a las demás si tienes un mínimo fallo en el ejercicio”.
Pero lo que les ha dado el galardón, esa plata nacional, ante los suyos, fue una auténtica explosión. María Ruiz lo recuerda: “Es una alegría que no te puedes imaginar. No se puede expresar”. Maite Resano lo ve así: “Entráis con muchos nervios y ver que ha terminado hace que esa tensión se convierta en subidón de adrenalina”.
La vida continúa, entre las paredes de la nave industrial, y hay que empezar el entrenamiento diario, de 3 horas. Ya encaran la primera fase de la Copa de España de conjuntos del 1 de mayo. “Ahora toca preparar coreografías nuevas. Cada entrenadaora pensamos la de nuestro equipo, aunque siempre nos echamos un cable. Desde que pensamos en la música lo compartimos. Las cuatro somos muy diferentes y cada una aportamos nuestro estilo. Eso nos hace ser más fuertes”. Y esa es la clave de Alaia, lo que hay detrás de su elegancia y sus sonrisas: fuerza.
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