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Waterpolo

Giraldo, Lisbeth y Ainhoa, por fin juntos

Un año, 3 meses y 5 días. Ése es el tiempo que ha estado separado el jugador de Waterpolo Navarra Giraldo Carales de su mujer, Lisbeth Santana, y su hija Ainhoa. Ayer, tras soportar un papeleo eterno entre Cuba y España, volvieron a reunirse

Giraldo Carales y Lisbeth Santana, ayer de camino a Pamplona, con su hija Ainhoa, de 5 años.
Giraldo Carales y Lisbeth Santana, ayer de camino a Pamplona, con su hija Ainhoa, de 5 años.
Cedida
Actualizada 16/01/2021 a las 06:00

Todos las noches me despierto a las 5 de la mañana soñando con mi hija y ya no puedo dormir”. Así se confesaba, con la voz entrecortada, Giraldo Carales, jugador cubano de Waterpolo Navarra a este periódico hace mes y medio. Estaba sumido en una gran tristeza porque al fichar por el equipo pamplonés para iniciar su carrera profesional lejos de su país había dejado atrás a su esposa, Lisbeth, y su hija, Ainhoa, y desde entonces había sido imposible reunirse con ellas. La eterna espera terminó el viernes, por fin.

El propio Giraldo llevaba siempre la cuenta atrás, esperando que algún día todo terminase y puso ayer la cifra final: un año, 3 meses y 5 días separado de su mujer y su pequeña, de 5 años. Lisbeth Santana, internacional por Cuba como su marido, fichó por Waterpolo 9802, equipo de la segunda categoría femenina (que va segundo del grupo A) cuando Carales había firmado por WN.

Desde entonces, Lisbeth ha estado más de 15 meses sin poder ver a Giraldo, más de 15 meses sin practicar deporte en su nuevo equipo, más de 15 meses siendo víctima de la burocracia cubana y española que dificulta algo tan natural como que una familia esté unida. Más de 15 meses en los que Ainhoa ha crecido sin su padre al lado.

EMOTIVO REENCUENTRO

El viernes por la mañana, el entrenador de Waterpolo 9802, Imanol Maiza, llevó en coche a Madrid a Giraldo Carales. El encuentro en Barajas con Lisbeth y Ainhoa fue emotivo. Hubo lágrimas y mucho cariño guardado tanto tiempo.

“Estoy súper contento de poder tenerlas aquí. Fuimos a buscarlas, me llevó Imanol a Madrid. El 9802 ha sido un apoyo muy grande porque gestionó todos los papeles. El Waterpolo Navarra también facilitó todos los documentos, gracias a los dos equipos se pudo lograr que vinieran”, explicaba ayer Giraldo Carales, emocionado.

Con Lisbeth ya de camino a la piscina para su primera sesión de entrenamiento, Giraldo se quedó con su hija Ainhoa (recibió el nombre del personaje de Blanca Suárez en la serie El barco, de gran éxito en Cuba). “Estoy disfrutando de ella, la bañé como hacía con ella en Cuba cuando estábamos juntos, estamos viendo muñequitos animados. Ella hace natación artística y me está enseñando la flexibilidad que tiene. Estoy súper contento. Me encanta lo que estoy viviendo. Tengo la sonrisa más amplia que un niño pequeño”, revelaba feliz Carales.

El cubano de Waterpolo Navarra, de 32 años, narraba así cómo había visto a Lisbeth: “Estaba súper nerviosa porque era la primera vez que iba a compartir con ellas. A ver cómo sale todo. Estoy contento de que por fin estemos todos juntos”.

Imanol Maiza fue testigo del reencuentro de una familia separada a la fuerza por la burocracia: “Ha sido muy emocionante. La niña ha llegado dormida del viaje y ha tardado varios minutos en reconocer a su padre. Lisbeth estaba llorando y a Giraldo también se le ha escapado alguna lágrima”, explicaba Maiza. La internacional cubana llegó muy cansada y se durmió de regreso en el coche del técnico de W9802. “Ainhoa y Giraldo han estado juntos e inseperables en el viaje de vuelta. Han vivido una situación muy dura”, apuntaba Maiza.

EL INICIO DEL CALVARIO

Y así ha sido. Los problemas comenzaron el año pasado, cuando tras fichar Waterpolo Navarra a Giraldo Carales, éste informó al equipo de Maiza de que su esposa Lisbeth Santana era también waterpolista internacional cubana. “Nos pareció interesante traer a una jugadora que ha disputado el Mundial. El año anterior no habíamos firmado a nadie porque teníamos buen grupo de aquí, pero el pasado vimos que habíamos hecho buena temporada y que nos podía venir bien un refuerzo así. Pero lo intentamos y fue imposible”, recordaba el técnico navarro.

A partir de ahí, llegó el calvario para el Waterpolo 9802 por tratar de traer a la jugadora, pero sobre todo para la familia Carales-Santana, que no se imaginaba el tiempo que le quedaba por delante para volver a estar juntos.

“No tenemos capacidad económica para hacer contratos profesionales, pero lo intentamos vía reunificación familiar, y nos dijeron que tampoco cumplíamos los requisitos. También lo intentamos como deportista de Alto Nivel, y tampoco los cumplíamos”, relataba Maiza, enumerando todo el papeleo que se les ha exigido tanto por parte del Gobierno de España como por el de Cuba: un año de residencia en España por parte de Giraldo, un año de trabajo, un año de contrato profesional... Pero de ninguna forma se dejó salir de Cuba a Lisbeth y Ainhoa.

Y LLEGÓ LA PANDEMIA

No fue el último obstáculo que le esperaba a la familia. “No estaba siendo fácil y encima llegó la pandemia. Paramos todo. Cuando dieron las ligas por finalizadas y quedamos cuartas, habiendo ganado a los dos primeros equipos, volvimos a retomar lo de Lisbeth y a mirar en serio todos los requisitos. Ha sido una odisea. Infernal.El Ayuntamiento tenía que mirar si el piso era habitable, las nóminas de Giraldo, el empadronamiento... Cuando conseguimos todo, la Delegación del Gobierno en Navarra nos dio un empujón hacia adelante. Entonces quedaba esperar para enviarlo todo a Cuba, otras dos semanas para recibir el pasaporte... Cuando Lisbeth me llamó para decirme que ya lo tenía, empecé a buscar vuelos. Le llamé al presidente del club y le dije: ‘Por fin lo hemos conseguido’”.

De camino a Pamplona, ya juntos, se tomaron la imagen del reencuentro y Giraldo grabó vídeos a su mujer y su hija en una estación de servicio. Era la primera vez en su vida que tanto Lisbeth como Ainhoa, que habían dejado Camagüey con sol y 31 grados, veían y tocaban la nieve. Una nueva vida comienza para ellas.


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