La pizarra
El plan de Arrasate: la normalidad como fórmula de éxito
Osasuna venció y convenció, sin un brillo despampanante pero siendo un equipo reconocible


Publicado el 18/10/2026 a las 18:33
El reestreno de Jagoba Arrasate en el banquillo de Osasuna cumplió con las expectativas. Desde la alineación hasta los cambios, pasando por el desarrollo del partido. En lo futbolístico y en la energía que envolvía lo que sucedía en el césped. Chispazo para activar la fórmula del éxito. La normalidad en mayúsculas, característica de Jagoba, se instauró en el primer planteamiento de su segunda etapa.
Osasuna venció y convenció. Sin un brillo despampanante, pero siendo un equipo reconocible, muy próximo a la idea prevista: línea adelantada, presión intensa tras pérdida, revoluciones altas y cargar el área. 20 tiros, 30 toques en el área rival y 21 faltas -9 del Racing- dibujan el cambio. El equipo abandonó el estilo de arroparse atrás y buscar el orden para buscar al contrario. Desde la intensidad sin balón empezó a cimentar su solidez, sin apenas conceder ocasiones al Racing (solo tuvo una clara) y generando peligro. La portería a cero alimenta la moral. El entrenador quería que se viera su sello desde la primera pincelada. Y en el minuto 5 ya había un gol anulado y un penalti a favor. Pasaban cosas.
PIEZAS EN SU SITIO
La alineación no sorprendió porque era una especie de vuelta a la normalidad, de que las aguas volvieran a su cauce. Naturalidad. Jagoba optó por mantener a Aitor Fernández bajo palos, una de las principales dudas. Prefirió dar continuidad a un portero que ha dado la talla desde el cambio por Sergio Herrera, quien, por cierto, vivió el partido intensamente desde el banquillo.
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Gran parte de su nueva filosofía se vio en la defensa. Rosier, ya recuperado, fue el lateral derecho en lugar de Iñigo Arguibide. Hasta ahora, Ramis no había tenido disponible al francés. Arrasate lo incluyó en el once y el canterano rompió el partido en la segunda parte con una cabalgada excelsa.
Sí tuvo más influencia en la toma de decisiones en el centro de la defensa. Enzo Boyomo recuperó su sitio en la zaga, cuando hasta ahora permanecía prácticamente en el ostracismo por decisión del técnico. Estuvo a buen nivel junto a Catena. Bretones completó la línea defensiva.
Otra de las novedades estuvo en la banda izquierda. Sin los extremos puros disponibles al cien por cien (Moro y Barja), Dubasin ocupó esa posición para estirar a Osasuna y proyectar desmarques al espacio, huyendo de centrocampistas jugando en banda. Se vio su mejor versión desde que fichó este verano, quizá uno de los grandes beneficiados del cambio en el banquillo. Le anularon dos goles. Rubén García, en la otra banda, tuvo gran dinamismo e impacto en el fútbol ofensivo.
OTRO ECOSISTEMA
Iker Muñoz, Moncayola y Moi Gómez armaron el centro del campo, con el de Garínoain más cómodo en el ida y vuelta y el alicantino en un rol muy dominador, además de mostrar una gran predisposición al trabajo. Budimir siguió a lo suyo: marcando, presionando con voracidad y mostrando una gran determinación.
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Es cierto que Osasuna dejó vivo el partido hasta el final, pero, desde el intervencionismo en el banquillo, se logró recuperar la batería que faltaba, con la entrada de Osambela, central con Ramis y mediapunta llegador con Arrasate. El plan no se ciñó a dejar pasar los minutos agazapados. Hubo un paso adelante para buscar el segundo. Tan difícil y tan fácil. Y Arrasate empezó con buen pie.