Ocasiones

A Budimir no le salió nada y pidió perdón al equipo

El croata vivió en Butarque su partido más aciago

Fotograma de una de las claras ocasiones falladas por Budimir contra el Leganés
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Fotograma de una de las claras ocasiones falladas por Budimir contra el Leganés
Fotograma de una de las claras ocasiones falladas por Budimir contra el Leganés

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María Vallejo

Publicado el 07/04/2025 a las 23:49

Hablar de Ante Budimir es casi siempre sinónimo de buenas noticias. La aportación del croata a Osasuna, especialmente en estas dos últimas temporadas, es antológica. El Cisne bate récords, destroza estadísticas y se gana el corazón de la afición rojilla con su implicación. Es el jugador más decisivo de los últimos tiempos, el que marca las diferencias. Budi es mucho Budi. Pero, a veces, muy de vez en cuando, Budi falla. Lo que no es nada habitual es que ocurra lo que sucedió este lunes en Butarque. Que le salga todo mal.

Se va a cumplir un año de aquel fatídico partido de El Sadar frente al Valencia en el que el balcánico fallaba un penalti ante Mamardashvili que dio la vuelta al mundo. Budi diseñaba un lanzamiento estrambótico que, sin fuerza y a media altura, recogía mansamente el portero georgiano. Era el minuto 97 y volaba la posibilidad de empatar para Osasuna.

Ocurrió el 15 de abril de 2024. Pocos segundos después recibió un golpe y se fracturó las costillas. Se esfumaba así la lucha por el Pichichi en la que estaba inmerso. Un año después, Budimir ha vuelto a ser el goleador fantástico e implacable que forja su leyenda en el club navarro. Aun así, llegaba a Leganés con una pequeña racha negativa, poco frecuente en él últimamente. Es cierto que marcó al Getafe de penalti en el anterior encuentro de El Sadar, pero es el único que ha anotado en los últimos siete. Es más, en este 2025, con diez partidos disputados, ha marcado tres. Viniendo de quien viene, con once goles en los primeros 18 partidos de la temporada, sabe a muy poco. Sin duda, Osasuna echa de menos los goles de Budimir, pero es que el croata ha echado de menos muchas veces una mayor participación en el juego del equipo.

No fue el caso de este lunes. Quien crea en lo sobrenatural se imaginará que Budi recibió algún conjuro. El resto lo traducirá de una forma más simple: hasta la estrella del equipo tiene derecho a fallar.

Porque Budi falló. Mucho. Muchísimo. Hasta lo surrealista. Hasta solo delante de la portería. La más rocambolesca fue la del minuto 29. Su intento de remate entre forzado y antinatural a un metro de la portería sin marcaje le hizo saltar y tropezarse con el balón en vez de dirigirlo a la red. El pase atrás de Moncayola había sido mágico. Pero el balón no entró.

Como afectado por esa jugada, se vería a Budi gesticular y lamentarse en muchas ocasiones durante el partido. Antes del descanso llegó la segunda, en una acción con sello propio. Se revolvió como solo él sabe en el área y su disparo se fue por poco al lateral de la red. Ésas son las que le entran siempre.

En la segunda parte, el pepinero Rosier le estorbó lo suficiente para que el balón fuera desviado a córner cuando se iba para dentro. Y otra más, salvada por Dmitrovic, cuando el balón le cayó en la frontal. Cuatro ocasiones, ningún gol. Inverosímil.

Lo peor es que, con el penalti final, la mirada hacia esas ocasiones falladas por el estandarte del equipo se vuelve inevitable. Si no, habría sido una anécdota.

Y, como ocurrió ante el Valencia, Budi volvió a pedir perdón al equipo. Así lo reveló Vicente Moreno en la rueda de prensa posterior al encuentro. “¿Perdón de qué?”, le repelió el técnico rojillo. Exactamente lo mismo que ocurrió hace un año, cuando Budi se disculpó por su penalti y Jagoba Arrasate le defendió con uñas y dientes.

Quizá lo mejor sea decir que los fallos de Budimir fueron noticia. El croata tiene demasiado bien acostumbrado al osasunismo. Pero hay días en los que nada sale.

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