Empate... de cine

Óscar al guion menos original

Un final previsible para una película que ya se ha visto demasiado este curso

Lucas Torró, Juan Cruz y Alejandro Catena se lamentan tras el gol de Sadiq que hacía que se esfumase la victoria, una vez más /
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Lucas Torró, Juan Cruz y Alejandro Catena se lamentan tras el gol de Sadiq que hacía que se esfumase la victoria, una vez más /
Lucas Torró, Juan Cruz y Alejandro Catena se lamentan tras el gol de Sadiq que hacía que se esfumase la victoria, una vez más /

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María Vallejo

Publicado el 03/03/2025 a las 09:26

La pasada madrugada, pocas horas después del nocturno encuentro de El Sadar (meritazo de los 19.230 espectadores que acudieron a un partido que acabó a las once de la noche de un domingo), se han repartido los 97 Premios Óscar que concede la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. 

El que no ganó un Óscar fue Osasuna. En el estadio rojillo, a falta de premios, se escribió un guion demasiado sabido, demasiado predecible y con poco suspense al final: ése en el que la película acaba en empate.

Es la duodécima vez esta temporada en la que Osasuna concluye un encuentro con tablas en el marcador. Desalentador. En la previa, se esforzaba Vicente Moreno en advertir que las palabras son una cosa y los hechos, otra. Que por mucho que el equipo haya merecido o dejado de merecer más victorias, las frases hechas se las lleva el viento y la realidad es tozuda. Si no se pasa del empate, no se puede mirar hacia arriba, ni aspirar a protagonizar superproducciones en el futuro.

LOS PREMIOS QUE SE ESCAPAN

A Vicente se le escapaba el Óscar al mejor director del partido. El técnico valenciano había recibido críticas por parte de algunos miembros de la Academia por no ser capaz de sacar más partido a sus actores, aunque no hay que olvidar que también son culpables de estropear una peli.

La grada de El Sadar aspiraba, como siempre al Óscar a la mejor película de animación. No fue su mejor pase, porque tampoco el equipo le hizo conectar. Aun así, tuvo momentos para el disfrute, como la celebración de tres goles en la primera parte. Incluso aspiraba al Óscar a los efectos visuales, protestando al árbitro con pañuelos blancos y con las linternas de los móviles.

UN ÓSCAR CANTADO

El Óscar al mejor actor principal, cómo no, no tenía rival. Ante Budimir pasaba a la historia y recibía un homenaje postrero deslucido para lo que él habría merecido, con la grada ya semivacía. Un final de peli estropeado por el golazo de Sadiq, que contra pronóstico se llevaba el Óscar al actor secundario, ése que rompe la quiniela prevista y amarga a los favoritos.

El mejor cortometraje de acción real lo recogía con merecimiento Aimar Oroz, que se tuvo que marchar antes de tiempo por lesión y dejó de iluminar a sus compañeros. También Jesús Areso se iba del campo dolorido, después de haber recogido uno de los premios más deseados, el Óscar a toda una carrera. Esa última cabalgada por la banda dejó maltrecho al Potro, que recibió el cariño de los espectadores al irse. “Areeso, Areeeso”. A veces es más importante ese vínculo con los tuyos que ganar un premio, pero ojalá haber logrado las dos cosas.

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