Amunt, amunt, amunt y más amunt

Osasuna nos deja una pequeña alegría en unos días tristes

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Fran Pérez

Actualizado el 02/11/2024 a las 16:42

Son días tristes, de lágrimas, de solidaridad, de tragedia, de estar con las gentes valencianas y manchegas, con todos los afectados, los miles y miles de personas que se han visto borradas del mapa, que lo han perdido todo, que los afortunados pueden agradecer seguir vivos. Son días de arrimar el hombro y de pensar en Valencia, en Castilla La Mancha, en las localidades que ha arrasado la DANA y que ha dejado a su paso dolor, desolación e incapacidad de los políticos. Aunque esto último no es nuevo. Son días de animar a todos, de colaborar en la medida de lo posible de cada uno, de mandar fuerza a todos los damnificados. Amunt, amunt, amunt y más amunt. Fuerza, paisanos...

No debería haberse jugado la jornada, y es una opinión. Luego ya los mandamases de este país del Quijote deciden, cortan y manejan al gusto del personal, pero las más de 200 personas fallecidas, que según los rumores pueden ser miles, no se merecen que se juegue a fútbol. Ni a nada. Pero eso pesará sobre las conciencias de los que deba pesar, si es que las tienen. El caso es que ha habido Liga. Menos en Valencia, sí en el resto. Y a nosotros nos ha querido tocar jugar esta aciaga jornada.

Osasuna rindió homenaje a las víctimas. Su técnico, Vicente Moreno, valenciano de pro, puede estar orgulloso de sus chavales que han dedicado la victoria a los que más sufren, a sus compatriotas. Un equipo que ya atesora 21 puntos como 21 soles en su casillero, en la jornada 12, a siete del descanso, ya tenemos la mitad del trabajo hecho. Un puntazo, un equipazo, una plantilla que ha recogido el valenciano y a la que le ha dado una nueva versión para mejorarla. De campanillas.

Victoria, alegría entre tanta miseria, más que justa. Y corta. Porque bien podrían haber sido tres o cuatro los goles de Osasuna, con un primer tiempo primoroso y un segundo tiempo similar, con el cansancio acumulado y las esperadas prisas del rival al final que, viendo lo corto del marcador, siempre va a buscar el punto de marras. Ya los siento, Limeño, hoy por ti y mañana por mi pero, de momento, más por mí. Pero es que hay que ver cómo juegan estos chavales...

Hay que ver la jerarquía de Torró, qué bueno que volviste, Lucas. Ocupa todo el ancho y todo el largo, hasta por alto gana todo. Dirige, corta, conduce, asiste, abre, cierra, defiende... El nivel del de Cocentaina es excelso, pero como él todos los demás. Sobresale por su planta, por su peculiar figura, esa camiseta por dentro de la pantaloneta, que se llama ahora pantalón. Pero no le quedan a la zaga el resto, ese Moncayola en labores de segundo de a bordo, esa pareja de centrales inexpugnable, con Areso y sus cuatro pulmones, con Juan Cruz haciendo todo bien, en plan yerno perfecto. La magia de Bryan Zaragoza, la superclase de Oroz, el olfato goleador y asesino de Budimir. Osasuna es un súper equipo a estas alturas del campeonato, y mola.

Mola que Sergio Herrera haya dejado a cero dos metas consecutivas, mola que Budimir marque, aunque sea de penalti (justo, por cierto). Mola el nivel de Oroz, que pide una cláusula de 100 kilos a gritos. De Bryan no decimos nada nuevo, se sale y punto. Una pena no tener el dinero para comprarlo y que se quede, que la goza bastante en este equipo. Mola el banquillo, los suplentes, hasta los que no saltan pero aportan presionando a los titulares para que no se relajen cada día de la semana. Hasta el tercer técnico mola, ante las ausencias de Vicente y Pendín por sanción...

Ahora viene la Copa. Antes me toca correr los 21 kilómetros de la Media de Las Murallas. Cierro esto y subo a Pamplona. ¿Curiosidad? 21 kilómetros con Osasuna con 21 puntos. No, tranquilos. No creo que salte a hacer una maratón. Pero como el equipo siga a este ritmo, me veo para enero entrenando el doble de una media, y es que la chavalería está que se sale. Y cualquier atisbo de sonrisa en estos tiempos es bienvenido. A seguir igual, chavales, que el fútbol viene bien para desconectar de realidades más duras. Sin bajar los brazos, peleando siempre y hoy, más que nunca, al grito de amunt, amunt, amunt y más amunt...

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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