Playoff de ascenso
La historia que hay detrás del Osasuna-Espanyol en El Sadar
Desde la naturalidad, el técnico Josu Domínguez supo gestionar el “miedo escénico” de jugar en un campo como El Sadar ante más de 9.000 personas. El trabajo previo dio sus frutos el pasado domingo y el ascenso está más cerca que nunca


Publicado el 14/05/2024 a las 05:00
Detrás de la piña que formaron las jugadoras de Osasuna para celebrar la victoria frente al Espanyol en el partido de ida de la final por el ascenso hay mucha letra pequeña. Muchos días de trabajo, gestiones y vueltas a la cabeza para normalizar una situación favorable -jugar en El Sadar- que podía convertirse en un hándicap por la falta de costumbre.
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Días antes de que comenzara la eliminatoria de semifinales ante el Alhama, Osasuna ya imaginó un escenario futuro y se puso manos a la obra. Había que poner en marcha toda la maquinaria. Mientras que el cuerpo técnico y las jugadoras estaban centradas en superar al conjunto murciano, desde la entidad iniciaron las gestiones para abrir El Sadar. El primer trámite fue solicitar a la Federación Española de Fútbol (FEF) un cambio de sede. A inicio de temporada se exige a los equipos que indiquen dos campos para la disputa de sus partidos. Ambos están en Tajonar -el principal y los anexos-. No hubo problemas para dar luz verde a la petición rojilla.
El 0-3 en Alhama avivó la ilusión todavía más. Fue entonces cuando el vicepresidente de Osasuna y el presidente de la sección femenina, César Muniáin, dio un paso más. Se reunió en Tajonar con el técnico Josu Domínguez para decirle que, si pasaban la eliminatoria y el rival era el Espanyol -si hubiera sido el AEM la vuelta era en Pamplona entre semana-, El Sadar iba a acoger el encuentro de ida de la final por el ascenso a la Liga F. “Se echó las manos a la cabeza”. Esta fue la reacción del entrenador pamplonés. Ilusión y nervios a partes iguales. La plantilla conoció la noticia acto seguido. Hubo una pequeña dosis de miedo, nervios y mucho deseo de competir en el coliseo rojillo.
Los planes siguieron su curso y la derrota por 0-1 ante el Alhama en Tajonar no cambió nada. La noticia se dio el mismo miércoles. Había que movilizar a la afición y apenas quedaban 72 horas para la gran cita. El jueves día 9 la plantilla tuvo sesión de vídeo y gimnasio para recuperar. El viernes 10 disfrutaron de un merecido descanso. El sábado se ejercitaron pronto en Tajonar y, tras la rueda de prensa de Josu Domínguez y Miriam Rivas, acudieron al escenario del partido.


DOS CHISTES PARA DESTENSAR
El Sadar abrió sus puertas para una sesión informal. Las futbolistas se sacaron fotos en el vestuario personalizado para la ocasiones. En la taquilla del ‘10’ de Aimar Oroz estaba el rostro de Maite Valero. Y así con todas las integrantes del primer equipo en una pequeña sorpresa. La tienda también lució, de forma puntual, con las camisetas de las jugadoras. Hubo tiempo también para saltar al terreno de juego y soñar en grande con lo que podía ocurrir al día siguiente. Tocaron el césped, se sentaron en el banquillo y hasta besaron a San Fermín para pedirle que les echara un capotillo ante el Espanyol.
La consigna de Josu Domínguez fue clara desde el primer momento: disfrutar. Un mensaje sencillo, pero muy práctico. No era el momento de grandes charlas tácticas sino tocar el lado emotivo. Había que gestionar las emociones y los momentos que para la mayoría eran nuevos. El técnico comparó la temporada con unas oposiciones y que sus jugadoras habían sido buenas estudiantes. Bajo el papel, nada que temer. Algunas recibieron un pequeño toque de atención, pero siempre desde el tono informal y vacilón que caracteriza a esta plantilla. De hecho, Domínguez contó un par de chistes para destensar la situación.
“No tenéis más que creer y disfrutar. Corazón y cabeza y eso lo tenemos”. Este fue el consejo del técnico pamplonés ya en el vestuario de El Sadar minutos antes de saltar al césped el domingo. El grito de guerra de la capitana Miriam retumbó. Caras de concentración en el túnel de vestuarios. Ese que el día anterior había centrado la atención de las protagonistas con las frases del periodista navarro fallecido David Beriáin: “Aquí honramos nuestro pasado”.
La frase quedó muy presente tras ver el gran partido que cuajó Osasuna frente al Espanyol. Otra situación que se llevó con naturalidad fue el hecho de comunicarse con las jugadoras. Si en Tajonar no hay ningún problema para que escuchen a Josu Domínguez, en El Sadar los problemas son evidentes por el gentío. La solución bien sencilla. “Me dijo mi hijo que hiciéramos el trenecito. Decirle algo a una jugadora y que se lo transmitiera al resto”, desveló el técnico pamplonés tras el partido. Otro gesto de normalidad para una gran familia que se ha formado esta temporada y está a un paso de lograr el ascenso a la Liga F.
Porque en el descanso les dijo que estaban on fire. Ellas disfrutan, confían, “son tiburones y huelen la sangre”. Un grupo joven, pero a la vez maduro. “No hay nada hecho”, fue la advertencia de las futbolistas que formaron un círculo tras el pitido final mientras El Sadar festejaba. Supieron darle calma a la situación, aunque las pulsaciones estaban altas. Es su año y ellas lo saben. No se van a cansar de repartir escobazos hasta el último día, el jueves. Y les da igual si jugar en el campo principal de Tajonar, en los fríos anexos con hierba artificial o en la alfombra de El Sadar. La clave es la naturalidad y darle normalidad a lo anormal. Porque para ellas siempre es “un día más en la oficina”.