La crónica

Al rincón de pensar

Osasuna sale goleado de Granada tras un partido calamitoso

Lucas Boyé, presionado por Iker Muñoz y Mojica
AmpliarAmpliar
Lucas Boyé, presionado por Iker Muñoz y Mojica
Lucas Boyé, presionado por Iker Muñoz y Mojica

CerrarCerrar

Gorka Fiuza

Actualizado el 28/04/2024 a las 21:20

El golpetazo de Osasuna en Granada escoció sobremanera. Goleada en contra frente a un equipo casi descendido y, lo que es peor, una falta de tensión competitiva alarmante, sobre todo en el segundo tiempo, cuando los tres goles casi se quedaron cortos. Irreconocibles, entregados y sin alma. Con la puerta europea cerrada, la imagen resultó hiriente por la falta de reacción y la sensación de fragilidad extrema. El Granada, que solo había ganado tres partidos, se dio su mayor festín del curso ante la desidia generalizada, impropia de un equipo que ha hecho de su gen competitivo su mejor aliado. Ni rastro de ello.

La tercera derrota seguida de la temporada, tras caer contra el Valencia en casa y en Vallecas hace una semana, supuso un mazazo antológico pese a caminar sin objetivos por el campeonato. Una pesadilla.

Porque Osasuna fue el antónimo del Osasuna de los últimos tiempos con Arrasate, quien tiene cinco partidos por delante para tratar de mejorar la imagen. Si no, puede hacerse eterno el final de temporada y el epílogo de un ciclo glorioso. Sería una lástima. La herida quedó abierta en el Nuevo Los Cármenes, escenario del flojo nivel de los rojillos.

SIN TENSIÓN COMPETITIVA

El espectador bostezó al son de dos equipos con escaso ritmo competitivo en los primeros minutos. A Osasuna se le notó su relajada situación, con Europa lejos y la permanencia en el bolsillo, un sueño casi inalcanzable para los nazaríes, que a base de corazón tratan de acabar con buen sabor de boca. Tiene mérito.

Jagoba Arrasate siguió con la misma idea de Vallecas, pero dio entrada a Mojica y Moncayola por Juan Cruz y Pablo Ibáñez, respectivamente. Osasuna sigue echando en falta especialmente a David García y Budimir, dos futbolistas capitales, pero sobre todo estímulos que llevarse a la boca. La falta de velocidad en el juego anestesió cualquier opción. Previsible, lento, apático, desajustado y sin colmillo. Así es imposible.

Algunos destellos de Raúl fueron el único atisbo de esperanza ante un Granada con pie y medio en Segunda que aprovechó la zozobra en momentos clave. El desconcertante criterio arbitral en la primera parte fue el reflejo de un encuentro difícil de digerir y que descorchó el marcador en una pérdida de Rubén García. De lado a lado, Pellistri se plantó ante Sergio Herrera, al que fusiló con suma facilidad. Osasuna empezaba a partirse en mil pedazos y fue incapaz de detener la sangría. Llamó la atención que solo hiciera 5 faltas, todas en el tramo final. Una versión irreconocible.

LOS INTENTOS DE RAÚL

Pero con muy poco pudo igualar el marcador. Lo intentó Raúl en un doble acercamiento. Primero chocó contra Batalla en un tiro cruzado y después estrelló su remate de cabeza en el poste tras un gran centro de Rubén Peña. Dos chispazos desaprovechados justo antes del descanso.

Pero lejos de conectarse al partido, Osasuna se lanzó al vacío nada más empezar la segunda parte. Arrancó de la peor manera. Myrto Uzuni aprovechó un balón filtrado por dentro para no fallar en el mano a mano. Otra vez, alfombra roja y una línea defensiva desajustada. El albanés perdonó el tercero un par de minutos más tarde. La caída libre parecía inevitable.

A LA DERIVA

Arrasate movió el banquillo para intentar girar la inercia de un partido abocado al fracaso. Arnaiz ocupó la banda izquierda y Rubén Peña se movió a la derecha. En ese punto, Raúl volvió a tener otra gran ocasión en el regreso a su tierra. Al menos lo intentó. Y hasta ahí. Porque el Granada, que voló como nunca lo había hecho, tuvo tres ocasiones clamorosas para poder aumentar la ventaja. Uzuni, Józwiak y Arezo rozaron la goleada. Esperando su momento, los de Sandoval hicieron daño al contragolpe.

Ni el sistema de tres centrales, cuando entró Unai García, sirvió para algo. Ni para tapar la hemorragia, ni para llegar con más peligro por las bandas. Ni Areso ni Mojica fueron protagonistas. En todo caso, al correr hacia atrás. La falta de profundidad retrató a un equipo sin pulso de arriba a abajo. Sin balón sufrió lo indecible y en la construcción no encontró el camino contra un bloque al que le bastó orden. El último gol de Boyé en el descuento despidió una tarde horrible que lleva a Osasuna al rincón de pensar.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora