Equilibrio vital
Osasuna parece haber encontrado la clave para recuperar la senda del triunfo


Actualizado el 17/02/2024 a las 20:22
Llegaba nuestro Osasuna a Donosti siendo uno de los equipos más goleados y con más dudas que el que suscribe ante una declaración de la renta -que, para lo poco que cobro, hay que hacer más números que Tales con sus teorías-, y se obró el milagro. O se encontró la clave, la tecla, la fórmula, ese "Eureka" que no nos daba la cuadratura del círculo ni el Teorema de Pitágoras, para cateto ya estoy yo. Pero sí los puntos. Y si llegan los puntos, hasta las comas son felices.
Equilibrio. Esta es la clave del triunfo de los rojillos en las dos últimas jornadas. Una pizca de suerte en el Reale Arena pero, tirando del mismo plan, nueva victoria contra el Cádiz. Y ese equilibrio parte de la seguridad defensiva, de saber permanecer juntos, centrados y a las órdenes del gran Sergio Herrera para que, si no se encaja, poder construir arriba. Si a esa seriedad defensiva, insisto, con dos roscos en contra seguidos, le sumas el encanto de un cisne en racha, miel sobre hojuelas.
Osasuna está equilibrado. Lleva parecidos puntos a la temporada pasada, y si la chavalería mantiene el ritmo puede superar el techo de Jagoba en el que puede ser su último año. ¿O no? Para eso no hay equilibrio que exista, basta con sentarse a negociar, pero me huele que el bueno de Berriatua quiere irse como lo que es, todo un señor. Y qué mejor que hacerlo con récord de puntos y, si se anima, incluso de clasificación. Ojo a Europa...
Europa no anda equilibrada que digamos, tanto por los conflictos bélicos como por las crisis económicas o movimientos migratorios. Al revés que los nuestros. Equilibrio a raudales, por todas partes, con la defensa volviendo a dar la imagen que queremos ver. Con un Herrando que, a día de hoy, es el auténtico jefe de la retaguardia, con la sabiduría del internacional, que se acopla y dirige, con unas bandas peligrosas y con un centro del campo en el que ha vuelto Moncayola y parece que se va a quedar.
Pero ese equilibrio sin repuestos no permitiría que el bólido pudiera mantener la velocidad de crucero que ha cogido. La segunda fila, los del banquillo, saltan para sumar. Que le digan algo a Areso, que está como un cohete. Y a Torró, o a Juan Cruz, o Pablito... Si hasta se terminó el partido sin necesidad de echar mano de Catena, relegado al tercer central por el buen papel de los otros.
Si la cosa está equilibrada, la emoción de la hinchada hace lo mismo. Imita ese sonreír con modestia, celebrar con mesura la victoria ante un Cádiz que parece que va a sufrir mucho este año. Pobre equipo el andaluz, que despierta cariño allá por donde viaja y que, por lo menos a mí, me dolería que perdieran la categoría. Y eso que en la primera parte, guiados por el deseado Robert Navarro, nos lo pusieron difícil. Pero...
Es lo que tiene el fútbol. Tras casi un cuarto de hora aburrido nivel mataovejas en la reanudación del choque, que parecía que no iba a pasar nada, ni el tiempo, una salida de Areso que entrega el cuero a Rubén García, un centro a lo tomahawk del Joker y un misil croata que corta el aire, salta, cabecea y la pone tan cruzada que ni un Conan, Bárbaro o no, la puede despejar. 1-0, el cisne despliega las alas (o las orejas) y el equilibrio de la buena defensa encuentra el complemento perfecto a cien metros de distancia.
Osasuna empezó a jugar mejor a favor de corriente. Se controló más el balón, se hilvanaron buenas jugadas, tan sobrados iban que ni apenas protestaron el penalti a Budimir, agarrón de Fali, que si en vez de esta pareja son Catena y Lewandoswki el cuero está en los 11 metros. Pero ya sabemos los raseros, ahí sí que no hay equilibrio y la balanza se inclina a favor del de siempre, que no es otro que nuestro rival. Raza cruel la del pito... perdón, silbato.
Y el equilibrio se aumentó con una nueva Aresada, un Barrabás que no tiene techo, que le presiona a Machís, que le gana a correr a Machís, que levanta la cabeza tras superar a Machís y ve a uno de rojo, espigado, alto, cabeza apepinada y acento croata y le manda un regalo en forma de pase que aprovechó a las mil maravillas. Control, disparo y 2-0. "Todo pescado vendido", que decía el bueno de Michael Robinson...
Este equilibrio rojillo mola, da alegrías y lleva en volandas a un equipo que hace medio mes parecía desnortado y sin brújula. Y es que el fútbol es lo que tiene, esa magia que hace que los seguidores pasemos del amor al odio en una suerte de bipolarismo que se repite jornada a jornada. Pero es que llevamos dos con alegría, y ahora a Canarias. ¿Equilibrados? O como sea, la única certeza que tenemos es que el descenso está muy lejos. Y el resto veremos qué ocurre...
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!