Chimy Ávila y Osasuna, una etapa llena de picante
El delantero deja el club rojillo tras cuatro temporadas y media donde ha sido capaz de ilusionar a la afición a base de carácter y goles, pero también generar polémica por sus salidas de tono como su paseo durante la pandemia o la camiseta de Abascal


Publicado el 02/02/2024 a las 05:00
El adiós del Chimy Ávila solo podía estar a la altura de sus casi cinco años en Pamplona. Su marcha agitó el último día del mercado invernal en una especie de metáfora de su trayectoria como rojillo. Una auténtica montaña rusa. El argentino deja Osasuna tras 123 partidos oficiales, 29 goles y diez asistencias fruto de su hambre, pasión y garra.
Avalado por sus nueve goles en la segunda vuelta con el Huesca y seducido por el proyecto de El Sadar, el fichaje del Chimy Ávila se cerró una calurosa noche de junio de 2019. Negociaciones telefónicas entre Tajonar y Buenos Aires para zanjar un traspaso de 2,7 millones de euros al San Lorenzo de Almagro, su club de origen. Al final se incrementó a los 3,3 por una serie de variables. Aquella noche el protagonista confesó que tuvo que ir a casa de un vecino para firmar y enviar su contrato.
LA CARA Y CRUZ DEL FÚTBOL
En sus primeros meses en Osasuna pronto conquistó al aficionado con sus cualidades. También a base goles. De hecho, dio los tres puntos en Leganés en la jornada inaugural con un misil marca de la casa. Llegó hasta las nueve dianas y tres asistencias en una primera vuelta espectacular. Era la sensación de la liga española y se codeaba con los mejores nueves.
Su cláusula, de 25 millones, resultó ser un manjar para los grandes clubes. El Atlético le tanteó. El Barça también puso el fo-o en el jugador tras la lesión de Luis Suárez. Con el cierre del mercado encima, el Brighton inglés se adelantó a todos, pero su lesión de cruzado en la rodilla izquierda ante el Levante hizo estallar todo por los aires. El club se quedaba sin una venta que hubiera sido histórica. Frenazo en seco a todos los niveles en enero de 2020.
OTRA CICATRIZ EN EL EXPEDIENTE
Tal día como hoy hace cuatro años se le intervino de la lesión para comenzar así su recuperación. Más cicatrices en su piel tras una vida de superación en los barrios más conflictivos de Rosario, como Empalme Graneros. Fútbol para sortear las balas.
El 27 de agosto de 2020, el argentino cerró el círculo a su tratamiento en un partido amistoso frente al Mirandés en Anduva. Osasuna y El Comandante volvían a sonreír. Sin embargo, la vida le tenía preparado un nuevo revés. Solo dos semanas después, en un entrenamiento en Tajonar la rodilla hizo de nuevo crack tras un choque fortuito con Aridane. Las malas sensaciones iniciales se confirmaron días después. Misma lesión, pero esta vez en la derecha.
El bravo futbolista inició de nuevo un camino que ya había recorrido meses antes. El argentino se lo tomó con filosofía y presumió de cicatrices en sus perfiles sociales. En plena pandemia, las redes fueron el mejor altavoz del argentino y una peligrosa herramienta. Incluso pidió perdón por subir un vídeo junto a sus hijas paseando cerca de su domicilio cuando ni siquiera se podía salir de casa por las restricciones de coronavirus. Recibió duras críticas. Todas esas marcas -en la piel y en lo personal- le hicieron más fuerte y no frenaron su hambre de gol.
DE ABASCAL AL CAPOTE
Un año y dos meses después, catorce en total. El Chimy se volvió a vestir de corto en partido oficial. Fue ante el Getafe un 3 de abril. Ese curso completó siete partidos más donde recuperó sensaciones.
A las puertas de una nueva temporada llena de ilusión, el rosarino fue fotografiado en una gasolinera con una camiseta donde aparecía la cara de Santiago Abascal -líder de VOX- y una frase. La afición rojilla pronto se echó encima y, de hecho, muchos le pusieron la cruz. El Chimy alegó que desconocía sobre la política española y simplemente se identificaba con el escrito. Trató de reconciliarse con El Sadar en octubre tras anotar un gol al Granada. Pidió perdón al graderío.
Meses después, el club anunció su renovación hasta 2026. Esa temporada la finalizó con seis goles y un Osasuna, de nuevo, en una notable décima posición. El proyecto seguía consolidándose en Primera.
El petardazo definitivo tuvo lugar la temporada pasada. Nunca llegó a ser ese jugador explosivo que maravilló a propios y extraños, pero su nuevo puesto en la banda derecha le permitió anotar hasta ocho goles en una campaña histórica para el club con la final de la Copa y la clasificación para la Conference League. Aquella maravillosa tarde ante el Girona donde se certificó el regreso a Europa 16 años después, el argentino lució su capote en El Sadar.
Ya en su cuarta campaña de rojo sus prestaciones bajaron de forma notable con solo un gol en 17 partidos y muchas polémicas extradeportivas.

