La razón de Sergio

Osasuna dio una pésima imagen en Cádiz y se subió a Pamplona con excesivo premio

La reacción del Forofillo, tras el empate contra el Real Madrid
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La reacción del Forofillo, tras el empate de Osasuna
La reacción del Forofillo, tras el empate contra el Real Madrid

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Fran Pérez

Publicado el 10/12/2023 a las 21:21

Como una mona estaba Sergio González Soriano, el técnico del Cádiz, en sus declaraciones al finalizar el encuentro. Ojo, no eran cabreado, que había pasado más de media hora y podía haber reposado y bajado pulsaciones, pero el hombre estaba más caliente que la pipa de un indio en tiempos de negociaciones de paz, chup chup arriba, chup chup abajo. Y con razón.

La crónica del partido podría resumirse en un medio atraco rojillo en tierras gaditanas. Ojo, que los de Arrasate tuvieron ocasiones para incluso ganar, que si no es por Conan el Bárbaro Ledesma nuestro Chimy se sube con doblete y a saber si no metemos tres o cuatro. Pero ni siquiera con esas ocasiones tan claras tiene excusa el juego de un Osasuna que está volviéndose el equipo más ramplón que recuerdo desde que sigo a esta entidad nacida en 1920.

Sin alma, sin ideas, sin ocasiones, sin entendimiento ni comunicación, pese a lo numeroso de su departamento de prensa. Con broncas entre los jugadores, más empeñados cada uno en hacer su guerra que en trabajar y remar todos juntos en pos del triunfo. Un equipo que fue superado por un Cádiz que es, por méritos propios, candidato a perder la categoría. Junto a Granada, Celta y Almería. Pero que nos pintó la cara en la primera `parte.,

Decía Braulio, uno de los testaferros de La Famiglia, que Osasuna arrancaba ahora cuatro choques contra rivales directos, una información que manejábamos todo rojillo que se precie desde que se sorteó el calendario. La duda estaba en saber si ellos mismos, los jugadores, Arrasate y el cuerpo técnico lo sabían. Porque la salida en el Nuevo Mirandilla fue de café con coñac, a saber, acarajados perdidos.

Cinco minutos de nada, con el balón moviéndose entre los defensas rojillos, el Internacional y el que volvía por ausencia de Catena. Para nada. A lo España de Hierro en el Mundial de Rusia, jugadas que la amiga Sara Sánchez narraba adelantándose a cada pase de lo previsible que eran. Pero es que la cosa de ahí no fue a mejor, no. Lo contrario, ensombrecidos y a callar...

El Cádiz dio un paso adelante. Juan Cruz se coló y no sabe ni él qué quiso hacer en un despeje de cabeza que le cayó al pisapenales Alejo. El centro del extremo rubiales se paseó por el área rojilla como abuelo en residencia de lujo, sin oposición, libre, valiente, como que la cosa no va con él. Y claro, la deja el Internacional, la deja Unai, Areso no llega y Roger parece Bellingham cabeceando a placer. Ni la manopla de Sergio Herrera echaba una mano para tratar de salvar a una defensa más retratada que los cuadros en los que salían nuestros abuelos.

Pero ojo, que el error no está atrás. El error cubre todo el campo. Quitando a Budimir, que veremos a partir de marzo en qué está pensando, el resto para quedarse en la caseta. Moi, el tipo que más calidad atesora en sus botas, parecía un juvenil. Torró ni ancla, ni boya, ni estacha, ni pañol de contramaestre y ni merocas de estribor. Rubén García perdido, Aimar fallón, el Chimy tratando de hacer la batalla a su manera. Un desastre colectivo.

Un solo cambio, Iker Muñoz por Torró, como medida. Manda bemoles, la confianza del técnico en gente como Raúl García de Haro (don 6 kilos al garete), Darko Brasanac o Arnaiz, por citar a algunos. El caso es que en el segundo tiempo se mejoró, se dispuso de ocasiones claras, Ledesma negó el gol a Rubén García tras un cabezazo que en otras épocas hubiese ido para adentro, o al Chimy en un balón que cazó en el área y le dio como pudo, con olor a gol. Hasta que llegó el motivo, el plot point que podía haber supuesto un giro en el argumento de la película para que acabara en remontada. Llegó el penalti,

¿Es señalable? Con la norma, sí. De hecho, se señaló. ¿Debía haberlo señalado? Sinceramente no lo creo. Un cabezazo del Chimy que se iba a la playa de la Tacita de Plata que, eso sí, vio el argentino como mano clamorosa de MBaye. Y el VAR, que si te acercas a saludar a una prima con dos besos cuando te lo repite parece que la has babeado entera por el efecto que tiene, nos llevó a los once puntos. Y de ahí, al empate del Cisne.

Me joroba, por no decir me jode, lo de Alejo. En la final de la Copa del Rey me hice una foto con él, estaba en la zona noble de La Cartuja y me reconoció que iba con nosotros. De ahí que ese pisapapeles en el punto de penalti es algo que no debería haber hecho. Es antideportivo, poco señorial e inasumible en un jugador de elite. Aunque también lo es el comportamiento (y decisiones) del pitolari que nos tocó, amigo del Atlético al que le anuló un gol en contra en El Sadar, o el Roger Martí, que le calzó una a Areso por detrás y a destiempo que ni siquiera señaló el pitolari como falta. Pero...

No me extraña el cabreo de Sergio. Lleva razón. El VAR ninguneó al Cádiz, que nos pintó la cara pese a ser un equipo de los más justos de la categoría. Pero denuncias aparte, o este equipo nuestro cambia el chip o no va a tardar ni dos semanas en meterse en la quema. Pese al empeño de Almería, Granada, Celta, Cádiz y demás en quedarse ahí abajo. Con ese juego, con esa actitud, con esos planteamientos, con esos onces y con esas ganas somos carne de Ipurúa, Anduva, Heliodoro Rodríguez López...

Un punto más. Seguimos sin ganar, por lo menos no se pierde. Hay que hacerlo bueno contra el Rayo Vallecano, pese a que se juegue en fecha de cenas y fiestas de empresas. Pero somos profesionales. Los que trabajamos no disfrutamos de esas prebendas, más dadas a gente de oficinas u horarios cerrados. Esto es periodismo, papi. Esto es fútbol, Sergio. La próxima vez será..

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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