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Chimy Ávila y la precisión de un cirujano
El argentino se ha consagrado como un jugador de banda peligroso no solo por sus remates, también por sus balones en largo, al espacio y centros. El viernes deslumbró con dos pases de alta escuela


Publicado el 22/10/2023 a las 05:00
El golpeo del Chimy es personal. Puede impulsar el balón con la derecha y con la izquierda. No se nota. La potencia es la misma. Por arriba o por abajo, según corresponda. Ese toque suele generar a menudo problemas en los defensores rivales. La fortaleza de su tren inferior le permite mandar la pelota con velocidad y virtud añadida de hacerlo en pocas décimas de segundo para armar la pierna.
Contra el Granada, el argentino desplegaba su repertorio desde la banda derecha, una posición en el campo a la que le ha ganado el pulso de un tiempo a esta parte. El Chimy asombró en punta antes de sus graves lesiones y en los últimos tiempos ha sabido reconvertirse en el costado. Allí no pierde llegada al área o disparo a la portería. Trabaja en defensa además porque tiene recorrido. Pero, sobre todo, es capaz de romper defensas con ese manejo de balón tan característico.


Los dos pases al hueco que mandó a Budimir para hacer el primer gol y provocar el penalti del segundo fueron de alta escuela. Fue generoso. El primero, con la izquierda. El balón iba raso, con fuerza y vertical. Se coló por un pasillo de defensas hacia el movimiento del croata, el delantero centro por excelencia del equipo. El segundo, con la derecha. El Chimy paró la pelota en la banda que le venía precisamente de su socio en ataque y vio su llegada al área. El pase volvió a ser milimétrico, a la carrera y donde más le duele al rival: a la espalda de la defensa y sin que el portero pueda llegar. Fueron momentos fugaces. Segundos. Estilo Arrasate.


El de Rosario demostró que se encuentra en forma. Para explosividad, la que mostró al llegar a un balón imposible que parecía salir y que alcanzó lanzándose con una acrobacia para poner centro que no tuvo rematador. Aguantó todo el partido, circunstancia que en Liga no se daba desde febrero. “Me he sentido cómodo, hacía bastante que no jugaba 90 minutos”, recordaba, hablando de la conexión perfecta. “Budimir es un chico con experiencia dentro del área. Saber cómo se mueve él hace las cosas más fáciles. Nos quedamos después del entrenamiento hablando y haciendo jugadas”.
Aparte de sus dos pases decisivos, la estadística le colocó como el jugador de Osasuna que más centros puso al área, con seis, y más balones en largo acertados mandó. De los 11 que intentó, llegaron a un destino 9. Una precisión que no es nada sencilla por la distancia a la que pone el balón y que alcanzó el 82%.