Fundación Osasuna
La empatía del Chimy Ávila
Dentro de una actividad promovida por Fundación Osasuna, el argentino vive un encuentro cargado de complicidad y emoción con unos jóvenes internados en Ilundáin (Aranguren)


Actualizado el 21/04/2022 a las 23:02
"¿Por qué te ha llamado la atención venir aquí a un reformatorio?”. El Chimy Ávila responde a la cuestión: “Porque hace unos años yo estaba en el sitio que estás tú ahora. Pero en peor situación. En Argentina. A punto de cumplir la mayoría de edad, se me acusó de un robo y estuve desde los 18 hasta los 20. Hoy en día tengo muchos amigos que han muerto dentro de la cárcel . Más allá de lo que están viviendo aquí, esto es un paraíso en comparación con las cárceles de Sudamérica. Me tocó estar en la menor y en la mayor. Solo ustedes pueden saber lo qué pasa por su cabeza, nadie mas”.
Este es un extracto de un encuentro reciente que mantuvo el delantero de Osasuna con internados del centro Berriztu de Aranguren. Forma parte del último proyecto de Fundación Osasuna (se llama Integrol: Educación y Fútbol) y está dirigido a adolescentes en riesgo de exclusión social. Es una escuela de fútbol de carácter social que tiene por objetivo emplear el deporte como una herramienta integradora, para contribuir a mejorar la calidad de vida de los jóvenes. Hay 50 jugadores y jugadoras que proceden de varias asociaciones. Una de las actividades ha sido la visita del argentino al centro de Ilundáin.
Osasuna difundía este jueves un impactante vídeo de 16 minutos con ese encuentro entre el argentino y los jóvenes. Siempre con un tono de emoción y cómplice. “Son chicos que tenían un sueño y hoy su realidad es diferente. Tienen que seguir luchando. Una cárcel te cierra, pero no te mata”, les dice el de Rosario. “Ustedes saben lo qué sienten, lo que pasa por su cabeza de noche. De día lo pasas, pero lo peor es la noche. Me pongo en su sitio porque he estado ahí. Quería venir. El que se olvida de dónde viene no sabe adónde va”.
Uno de los jóvenes le comenta: “Se agradece que vengas”. Y el Chimy no duda: “Las veces que haga falta. Yo aquí soy uno más. Mañana, que salga lo que salga en cámara, pero me hace ilusión estar aquí con ustedes. No vengo a hacerles de psicólogo. Luego nos iremos y quedan ustedes. Las lágrimas vienen cuando estás cerrado en la habitación. Te acuerdas de tu madre y hermanitos”.
Un interno le asiente: “Aquí te das cuenta de todo”. El delantero continúa captando la atención del grupo. “Y los verdaderos amigos aunque sea te mandan una carta. Te das cuenta de eso. Ojalá salgas y puedas dominar tu cabeza. Luego hablaremos sin cámaras y me abriré mucho más con ustedes”.
Muestra su lado más empático. “Siempre digo que los presos no tienen sueños apagados, los tienen en pausa. Nunca tienes que dejar que te quiten los sueños. Guárdalos. Llévense las cosas buenas cuando se cierre esa puerta. Y decir, quiero un cambio”, les aconseja. “Fuera te mirará mucha gente de reojo y ¿por qué? Me equivoqué y lo pagué. Que quieres que pague con mi vida. Mira, allá dentro aprendí a conocer el otro yo”.
El Chimy, que tiene dos niñas, provoca las risas cuando dice que no quiere tener más descendencia para evitar un tercer yerno. “Los tres se quedarían con todo. Con dos es suficiente”, bromea. Y se pone más serio para contar una anécdota. “A mi madre le veía con dolor de panza y nunca comía. Cuando empecé entender la vida, me di cuenta que a mi madre no le dolía la panza . Era que me daba su comida a mí”.
“ME HAN LLAMADO FASCISTA”
El goleador de Osasuna valora la educación a sus hijas, más que comprarles una zapatillas nuevas o nueva tablet, y rechaza los prejuicios. “Me han juzgado de muchas maneras . Me han juzgado de fascista, de discriminador... De muchas cosas. Por un fallo mío. Hacer una cosa sin saberlo (en referencia a aquella foto con la camiseta de Abascal, líder de Vox)”. Les explica: “Mi mejor amigo es negro, mi ahijada es negra. Es Estupiñán. Me lo llevo todas las vacaciones conmigo. Mis hijas aman a sus hijas”.
Por último, habla de El Sadar, que le recuerda a las canchas de Argentina. “Es como una pecera. Escuchas a la gente cantar. Estás ahí dentro. Les digo a mis hijas que es como el jardín de mi casa. Es el momento que a mí me gusta vivir. Es brindar un espectáculo a la gente. Hay gente que quizá no toma mañana el desayuno por pagar un abono o una entrada. La gente de fuera tiene que ser tu inspiración, nunca tener la vergüenza. La peor vergüenza es no asumir que te equivocas”.
El rosarino sigue su tono sentimental, “hay una sola persona que llorará por ustedes, su madre” y por último muestra sus ganas por volver rompiendo la seriedad del encuentro: “Me traigo un colchón y vengo. Cuando me eche la mujer”.

