La resaca rojilla
Osasuna, experimentos que funcionan


Publicado el 18/04/2022 a las 06:00
Tras varias semanas buscando alternativas y afinando alineaciones, Jagoba Arrasate había encontrado un once tipo en el que la única duda se situaba en la banda derecha del centro del campo. La lesión de Barja, la falta de continuidad de Javi Martínez, el olvido de Roberto Torres y la necesidad de que el Chimy juegue más cerca del área para que Budimir no esté tan solo a la hora del gol le hicieron probar este sábado con Jon Moncayola en esa posición. Y cumplió con creces. La condición física del de Garínoain está fuera de toda cuestión. Es un portento y tiene una zancada, larga, que le permite adaptarse a la posición de banda, como ya ha sucedido en más de una ocasión cuando ha ocupado el puesto de lateral derecho al ajustarse el equipo después de un cambio.
El Chimy ha estado muy bien en esa demarcación, más pegado a la banda que Moncayola, pero la distancia entre la línea lateral y la de gol le restaba posibilidades de anotar. Y, de momento, no hay dos Chimys en la plantilla.
La previsible baja de Torró este miércoles ante el Real Madrid por acumulación de amarillas -ha visto diez en los que llevamos de temporada- puede reubicar a Moncayola en el eje, pero el centrocampista cumplió con brillo el papel que le adjudicaron en Mestalla.
Probó también Arrasate por la izquierda con el doble lateral Cote-Manu Sánchez, que dejó a Rubén García en el banquillo. Y alineó también a Aridane -uno de los mejores- por la lesión de Juan Cruz. Y Oier volvió a ser titular como hace una semana lo fue Íñigo Pérez. Jagoba está probando cosas para ver lo que tiene en casa -renunció a utilizar a jugadores del Promesas pensando en el ascenso- y está dando oportunidades, que además, se están traduciendo en resultados. Atrás queda el once tipo inamovible de hace un mes. Y funciona.
Torró, sancionado, no jugará contra el Madrid
Lucas Torró está completando una temporada sensacional. El 24 de Osasuna juega de ‘5’ argentino como un nativo del Río de la Plata. Su despliegue físico y técnico por delante de los centrales rojillos es una de las claves del buen comportamiento general del equipo. Roba y da, como Robin Hood. Sin embargo, en Mestalla vio su décima amarilla de la temporada, lo que le acarrea su segunda suspensión que, en principio, le dejará fuera de la convocatoria frente al Real Madrid. Fijo entre los fijos de Arrasate, el de Berriatua tendrá que pensar en nuevas soluciones para cubrir la baja del alicantino. Y el club, en tratar de protegerlo para conservarlo en la plantilla y que no ceda a los cantos de sirena que seguro ha empezado ya a oír.
José Bordalás, siempre protagonista
Hay entrenadores que se empeñan en caer mal y lo bordan. Mourinho, Clemente, Luis Enrique... La lista es larga. En los últimos años, Bordalás se ha empeñado en entrar en este selecto grupo y le han recibido por la puerta grande. Suelen reivindicar su valía a través de los resultados -y no les falta razón- pero cuando éstos fallan, despliegan su particular arsenal de excusas: el VAR, el césped, el horario de los partidos,... Ayer, Bordalás se agarró al VAR, reclamando la inexistencia de una falta a Herrera, y dos penaltis muy muy dudosos de los que uno les fue concedido. Desde que se inventaron las excusas, se acabaron los errores.
Casi las mismas faltas que en tres visitas
La fama que precede a los equipos de Bordalás de emplearse con excesiva dureza y marrullería no se justifica por lo visto en Mestalla frente a Osasuna. Los rojillos sí estuvieron mucho más intensos que en sus tres partidos como visitantes de los que salieron goleados. Frente a Real Sociedad, Barcelona y Betis hicieron nueve, cinco y once faltas respectivamente. En Valencia, 22. No es cuestión de defender el juego brusco y menos aún la violencia, pero el sábado Osasuna estuvo intenso, disputando cada balón y, sobre todo compitiendo, algo que se le reclamaba al equipo en las tres visitas precedentes donde estuvo lejos de competir.
El VAR no fue tan determinante
El partido de Mestalla tuvo mucho que pitar. Y el colegiado lo resolvió bien. La presunta falta en el área sobre Bryan Gil fue más merecedora de un Óscar que de un penalti. La falta que señaló, injustamente, sobre Herrera fue eso, una falta mal señalizada, no un gol anulado, puesto que Guedes introduce el balón en las mallas después de que el árbitro pitase y con la defensa de Osasuna parada. El penalti pitado a favor de Osasuna es producto de una mano clarísima. Y el señalado a favor de los ‘che’, un penaltito que ni fu ni fa, como la segunda tarjeta reclamada a Torró, muy al límite, que puede señalarse o no. Una para cada uno.