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Osasuna

La conjura que paró la caída

Club y vestuario analizaron la situación en las horas previas

Ampliar Oier Sanjurjo, en un momento de la sesión de este lunes en Tajonar
Oier Sanjurjo, en un momento de la sesión de este lunes en TajonarJ.P. Urdíroz
Publicado el 11/01/2022 a las 06:00
El jueves, día de Reyes, Osasuna tocaba fondo con una eliminación copera acompañada de nuevo por una imagen lastimosa en Girona. Aquel equipo más o menos reconocible desde que Arrasate está los mandos se estaba cayendo mientras se coleccionaban disgustos. Jugara quien jugara. Fuera el sistema de juego que fuera. Tampoco importaba el rival.
Muy serio, Oier se ponía frente a la cámara de vídeo del club en Motilivi, lugar de grato recuerdo en la historia rojilla y que esta vez acogía el contrapunto dramático. “La situación es delicada. No estamos atravesando nuestro mejor momento ni física ni técnica ni táctica ni anímicamente”, admitía en un mensaje que se compartió para la afición en las redes sociales.
Que Osasuna cayera eliminado contra un rival de una categoría inferior podía entrar dentro de cualquier planteamiento. Pero no así. En Liga, con una mirada fría, la situación clasificatoria tampoco apremiaba poniéndola en contexto sobre otras temporadas, con seis puntos de ventaja sobre el descenso (22 en 19 jornadas). En un club de los recursos que maneja Osasuna, nunca se debe restar valor a la permanencia. Pero no así.
ERA UNA CUESTIÓN DE SABER COMPETIR
Existía una preocupación nuclear que no solo alcanzaba los pensamientos negativos de la hinchada rojilla. La clave era frenar una caída a tiempo. Diez partidos sin ganar y una imagen que distaba sobre lo que se esperaba de un equipo de naturaleza competitiva. Jugadores estáticos que no arriesgaban en los pases y que se estaban viniendo abajo ante cualquier adversidad o planteamientos tácticos erróneos. Ni ataque ni defensa.
No es nada sencillo jugar a las altas revoluciones de otras épocas con Arrasate porque hay picos de forma, futbolistas y perfiles. El grave problema era que estaba siendo un Osasuna sin intensidad, sin amor propio y sin corazón. Preocupaba más que el de la campaña pasada que pisaba el infierno de los puestos a Segunda y le tenía todo en contra en forma de lesiones y de malos arbitrajes. No se vino abajo el vestuario.
“Hay que responder a la situación. Tenemos que mejorar muchas cosas. Nos vamos a emplear a fondo”, siguió el capitán en esa alocución de un minuto y medio que tuvo quince mil reproducciones.
Hay situaciones en Osasuna que se vienen repitiendo en diferentes ciclos. Máximas desde el “si nos confiamos somos muy malos” parafraseando a Pedro Mari Zabalza a las sentencias que hace década y media pronunciaba la voz potente de César Cruchaga. Venía a decir que hasta que no se ve el peligro de cerca, este equipo no saca la raza. El instinto de supervivencia. Ha vuelto a pasar.
El partido del domingo nunca podía ser decisivo con media temporada por delante, pero sí podía marcar un punto de inflexión para evitar la UCI. En esas horas entre Girona y la llegada del Cádiz, el club lo entendió así para mover ficha. Y el vestuario se dio cuenta de la situación para variar el rumbo.
“NOS HEMOS DICHO LAS COSAS A LA CARA"
Estos días ha habido conversaciones con los jugadores y de los jugadores. No solo con los capitanes. El club quiso ser claro con todos por la importancia de lo que había en juego, jugara quien jugara en los partidos. No era momento para señalar culpables. Tampoco de broncas ni presiones. Era una llamada a remar hacia adelante. El vestuario se conjuró. Abrió los ojos. Se tendieron puentes.
“Ha habido gente muy tocada sobre todo tras la eliminación de Copa. Nos hemos mirado a la cara y nos hemos dicho las cosas claras. Quizá ha sido un punto de inflexión”, reconocía Bittor Alkiza tras el 2-0, el hombre que ante la ausencia por covid de Arrasate ha tenido que salir a dar la cara en este momento tan espinoso.
La imagen de compromiso del equipo saltó a la vista de todos. No solo se ganó sino que volvió el Osasuna de raza. Hubo muchos detalles que marcaron ese cambio de actitud. Un equipo que recuperaba rápidamente el balón después de perderlo, que atacaba en cuanto podía, que se imponía en los duelos individuales y que no dejaba que el Cádiz llegara al área.
La sensación fue de alivio. Debajo de la lluvia incesante, la foto de los jugadores haciendo una piña sobre el césped de El Sadar era muy significativa. No era un triunfo cualquiera el de anteayer.
DECISIONES A TOMAR A MEDIO PLAZO
Osasuna y sus aficionados lo ven de otra forma. Se ha levantado el equipo, que más allá de perder o ganar ha regresado al camino de donde nunca debió descarrilar.
Para junio, habrá tiempo de tomar decisiones. La renovación de Jagoba se ha quedado de momento en suspenso. Es pública la predisposición de ambas partes, pero ese puente no se cruzará por ahora. “Estamos hablando de un hipotético quinto año con todo lo que ello supone”, reflejaba Arrasate a comienzos de diciembre pidiendo tiempo.
“Sería su quinto año”, había dicho Braulio el día anterior. “Es complicado. Cuando llevas mucho o cambias de futbolistas o el entrenador. Lo dice Guardiola. Los roles de los jugadores cambian. Le cuesta mucho las relaciones personales. Otros mantienen más distancia, tiene sus ventajas e inconvenientes. Tiene futbolistas que son amigos”.
Mientras la permanencia se pueda ir amarrando, en los próximos meses se irá perfilando el que será un nuevo ciclo en Osasuna. Puede haber cambios importantes. Jagoba no es el único que acaba contrato. Sucede lo mismo con Oier e Iñigo Pérez, que están gozando de muy poco protagonismo este año al igual que otro peso pesado como Roberto Torres.
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