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La crónica

Y de repente, Osasuna

Derroche de casta y ambición para zanjar la crisis de identidad

Ampliar La piña de celebración de los jugadores de Osasuna tras el segundo gol al Cádiz
La piña de celebración de los jugadores de Osasuna tras el segundo gol al CádizUrdíroz/Goñi
Publicado el 10/01/2022 a las 06:00
De repente, en medio del diluvio y un mar de dudas, emergió Osasuna. El que quiere su afición. El de la raza. El que no se deja nada por recuperar un balón. El de los centros y remates. El de siempre. El Sadar celebró la que es por el momento la mejor fiesta de la temporada. El ambiente estaba revuelto en las horas previas por el preocupante declive. El equipo, sin embargo, se transformó en una tarde-noche de la que necesitaba disfrutar pegado a su grada.
El triunfo alivia el paisaje que se comprometía. Un respiro en la tabla y en la imagen de un Osasuna que recobró su identidad a la vieja usanza. Encerrando al Cádiz, mordiendo por cada balón y dando rienda suelta a las piernas. Eso en Pamplona siempre ha gustado y gustará. Habrá sistemas y dibujos tácticos que funcionen más o menos, pero en El Sadar es sagrado jugar con la flecha apuntando hacia adelante y sin retrovisor.
Hubo escaso rival delante que se marchó sin generar ni una sola ocasión. Bien por su temeroso planteamiento bien por lo feroz que estuvo Osasuna. No hubo lagunas que alarmaran. Se tocó siempre la misma melodía, la del colmillo afilado que aguarda cualquier situación de remate. Budimir rompió el marcador en el 38, pero había camino sembrado.
El 1-4-4-2 por el que apostó Arrasate se ejecutó con acierto. Juego directo buscando abrir la pelota a los costados y encontrar a los dos tanques de referencia, que ayer sí se entendieron a la perfección. Llegaron las ocasiones ante ese Cádiz incapaz. Avisó Moncayola con una tremenda volea desde la frontal que salió rozando el larguero. A continuación, Budimir cabeceó fuera el centro de Nacho Vidal. Pudo después celebrar su gol. Osasuna seguía embotellando al Cádiz. Barja ganó una disputa de cabeza y Kike García metió un centro potente para evitar el despeje de la defensa. El croata, con la caña preparada, se lanzó a la hierba para alcanzar el remate con la bota. Gol de 9 puro que le rearma de confianza.
Había claros síntomas de mejoría en un bloque acompasado y siempre entregado con esas dosis de garra. Interesante el costado izquierdo. Juan Cruz anuló a Sobrino en un soberbio partido como central; Cote dio un recital de cómo armar su tan característica pierna izquierda para trazar líneas de pase; y Rubén García volvió por sus fueros con esa punta rápida en la conducción interior y más participación en los ataques. En la parcela ancha, Torró y Moncayola fueron dominadores con absoluta suficiencia gracias a su despliegue físico y presencia. Y Kike Barja recuperó su brillo para driblar, mandar centros y mucho más. Como el equipo. Ese Osasuna de actitud sobresaliente herido en el orgullo. El Cádiz lanzó seis córners en la primera parte, pero sin poner en aprietos a un enemigo que llegaba en crisis defensiva. Herrera fue un espectador más.
MÁS REVOLUCIONES
Osasuna redobló su insistencia en la segunda parte, sin mostrar ninguna señal de conservadurismo. El 2-0 fue clarificador. La muestra del partido. Jugadores que mordieron hasta encontrar el premio. Se embarulló una jugada con un disparo de Budimir y Barja fue con todo fiel a su personalidad positiva. La pelota acabó pegándole en la cara tras la salida de Ledesma, directa hacia la red de Graderío Sur. El Sadar lo celebró en dos ocasiones. En el momento del gol y en el momento del OK del VAR tras un minuto de verificación.
No era día para disgustos, sino para ovaciones a los sustituidos y a gestos de esfuerzo en cada carrera o balón recuperado. El Sadar sabe agradecer la entrega. El Cádiz seguía dos velocidades por debajo. Osasuna fue ambicioso para buscar el tercero. Pudo llegar con un remate de Budimir a centro de Cote que sacó Ledesma o con una contra que montó Darko. Los rojillos jugaron el último tramo con un jugador menos por un golpe en la nariz de Kike García y las ventanas de los cambios agotadas.
Un tal César Cruchaga dijo una vez: “Cuando te quema tanto el culo, sale la rasmia y la raza que debe tener Osasuna”. Este domingo, tras 10 partidos sin ganar y un bajón preocupante, se vio al mejor Osasuna.
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