Rácing Féminas-Osasuna

Un pequeño Sadar que no dejó de creer

El Municipal de Bezana se tiñó de rojo para empujar al equipo de Kakun Mainz

Un pequeño Sadar que no dejó de creer
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Un pequeño Sadar que no dejó de creerJosé Antonio Goñi
Un pequeño Sadar que no dejó de creer

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M.V.M. / B.B.S.

Publicado el 31/05/2021 a las 08:25

La jornada comenzó y finalizó de la misma forma. Cantando, brindando y celebrando por la gran temporada de Osasuna. El ascenso a Primera Iberdrola no pudo ser, pero las rojillas siguen ganando adeptos a su causa, en particular, y reivindicando el fútbol femenino navarro, en general.

El despertador sonó muy pronto para la mayoría de afición osasunista que se desplazó en el día desde Pamplona para poblar las gradas del Municipal de Bezana. Dentro de las medidas de seguridad, el Racing Féminas permitió la entrada de unas 300 personas que dieron calor al equipo de Kakun Mainz. Una expedición formada por 20 guerreras que llegó al estadio poco antes de las once de la mañana. Los aledaños ya presentaban un aspecto formidable con camisetas, banderas y bufandas rojas. Al último partido de la temporada tampoco podía faltar San Fermín, que estuvo muy presente por medio de un estandarte que dio la bienvenida a las jugadoras tras bajarse del autobús. El primer momento emotivo de la mañana se produjo cuando se comprobó que las futbolistas estaban ataviadas con camisetas con el dorsal ‘10’ a la espalda y el nombre de Dani Zugasti. Dani era hermano de Patri y falleció el pasado 17 de mayo a causa de un accidente de tráfico. Además del vínculo familiar, era muy rojillo y no se perdía ningún partido de su hermana. En el de ayer volvió a estar muy presente. ¡Cómo podía perdérselo!

Quedaba una hora para que comenzase el encuentro y la emoción ya estaba a flor de piel. Más si cabe cuando las jugadoras saltaron a calentar y la grada, literalmente, se vino abajo. El pequeño Sadar ya hacía de jugador número 12. Los ánimos se prolongaron durante todo el partido, a excepción del respetuoso minuto de silencio que dio paso a la batalla.

Desde el primer minuto las gargantas rojillas se dejaron notar. En la grada y en el campo. “Un, dos, tres... Osasuna”. Fue el grito de guerra del equipo titular que formó una piña. Una piña han demostrado ser durante una tediosa temporada llena de obstáculos. Pero ayer la dificultad se superó pronto, concretamente en el minuto siete, gracias al gol de Sara Carrillo. Un golazo olímpico desde el córner izquierdo del ataque. La ‘9’ se recorrió todo el campo para fundirse en un abrazo con su compañera Patri Zugasti, que esperaba su oportunidad en el banquillo. La mañana prometía emociones fuertes y no defraudó.

En ese momento, Osasuna era equipo de Primera Iberdrola porque el Alavés seguía empate a cero. Cinco minutos duró la alegría. María González ‘Ibra’ puso el 0-2 en Santander, pero Miriam también anotó para las Gloriosas. Un tanto en tierras madrileñas que enseguida fue conocido por la afición rojilla. Es lo que tiene la era digital. Todo se conoce al momento.

Llegó el descanso y, con él, las propias jugadoras se informaron del 0-1 en Madrid. El cuerpo técnico se encontró un vestuario tranquilo y, más allá del plano deportivo, trataron de cuidar el aspecto anímico y mental. “Disfrutar, disfrutar de la experiencia”, apoyaba el analista Mikel Álvarez desde la banda.

El momento más emotivo del mediodía se produjo cuando Patri Zugasti anotó el 1-5 definitivo. El guion estaba escrito para que ella, precisamente ella, anotara el último gol de la temporada. Un tanto para acercar todavía más la figura de su hermano Dani. La centrocampista corrió al banquillo, miró al cielo y mostró orgullosa una camiseta blanca serigrafiada: “Siempre en mi corazón hermanito”.

El final del camino se acercaba. Pausa de hidratación. Minuto 75. 1-5 en Santander y 0-2 en Madrid. Nada salía. El ascenso se alejaba y un grito de ánimo se escuchó desde la grada: “Rojas sois enormes”. El pitido final despertó del sueño a equipo y afición. Primero hubo ojos húmedos de decepción y rabia, después, lágrimas de orgulloso. Eran momentos duros y el equipo se apoyó en su inseparable afición. Ahí emergió el “somos un equipo valiente y luchador” tan típico del osasunismo. No fue ayer, tampoco será mañana, pero seguro que volverán a intentarlo.

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