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Análisis

Dos tanques para un asalto fallido

Enric Gallego y Ante Budimir, que se estrenó de inicio, formaron la pareja atacante para tratar de desarbolar a un rival físico

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Dos tanques para un asalto fallido
Actualizado el 08/11/2020 a las 08:11
Osasuna perdió este sábado por errores propios. Hacía tiempo que no pasaba, pero los errores graves cuestan puntos en Primera División. Graves por las consecuencias que tienen, no por la dureza o la mala intención de la acción. El penalti que cometió Moncayola, como el de Roncaglia el sábado frente al Atlético, cambian un partido. Y el de ayer aún sabe peor porque el partido iba para empate a cero y el resultado final refleja el único gol consecuencia del penalti.
Moncayola no quiso pisar el talón de Ocampos, claro, pero lo hizo. Calculó mal por meter el pie en un momento y lugar en que no había que hacerlo. Nada que objetar a la repetición del lanzamiento. Herrera, que volvió a utilizar todas las armas a su alcance para desestabilizar al lanzador, se adelantó medio metro antes de que el extremo del Sevilla chutara raso a la derecha del guardameta. En el segundo intento Herrera se acordó de Joao Félix y decidió volver a tirarse al mismo sitio, pero Ocampos había visto las orejas al lobo y chutó a romper por el centro.
Aun y todo Osasuna no acusó demasiado el golpe. Le costó unos minutos reponerse, hasta que trenzó una jugada buena. Incomodó bien a la defensa del Sevilla en general y Budimir remató varias de cabeza con mayor peligro que los delanteros rojillos en otros partidos. Volvieron a notarse los cambios simultáneos pero quizá esta vez al entrenador se le escaparon unos minutos para modificar el sistema. La entrada de Íñigo Pérez por Juan Cruz supuso cambiar a defensa de tres con Moncayola como central y Roncaglia de lateral izquierdo dejando las bandas para Jony y Nacho Vidal y juntando en el centro del campo a Roberto Torres con el zurdo de la Txantrea. De ahí llegaron las dos últimas ocasiones en sendos remates de cabeza de Budimir.
Y volvieron después de mucho tiempo las sensaciones de rabia con las decisiones arbitrales. Martínez Munuera pareció estar dejando pasar los minutos finales sin querer complicarse ni ver las faltas cometidas con los brazos, y erró dando solo tres minutos de prolongación con cuatro tandas de cambios, un par de atenciones médicas y un penalti repetido con parón del VAR. Pero lo importante son los errores propios. A ver si se van minimizando.
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