El dato
Hasta que llegó Osasuna
El Barcelona tenía un balance de 36 victorias y seis empates en casa


Actualizado el 17/07/2020 a las 06:00
La visita al Camp Nou siempre se ha antojado como una de las más difíciles de todo el campeonato. El coliseo azulgrana, con capacidad para casi 100.000 espectadores, ya solo impone desde el exterior y es una plaza hostil, incluso para las grandes escuadras europeas. Todos esos condicionantes obligan a los equipos a rozar la perfección si quieren lograr, al menos puntuar, en la Ciudad Condal. Para la historia quedó la frase que acuñó el técnico Joaquín Caparrós y que todavía hoy recuerdan muchos entrenadores. “Jugar en el Camp Nou es como ir al dentista. Nosotros ya lo hemos hecho, que pase el siguiente”, afirmó el extécnico rojillo en su etapa en el Levante.
Lejos de todo eso, los hombres de Jagoba Arrasate se plantaron en Barcelona con la intención de poner la guinda a la temporada y competir sin presión, ante un conjunto azulgrana con la obligación de ganar y con la mente en Valdebebas. La sorpresa llegó en el minuto 15 cuando Jose Arnaiz adelantó a los navarros tras culminar una bella jugada por banda izquierda. Si el pasado domingo el rojillo dedicó el tanto a su futura hija, este jueves tuvo la oportunidad de brindarle el gol a Mia, que nació el martes. A esa hora de la noche, ya saltaba la banca en Can Barça.
El paso de los minutos confirmó la posesión estéril de los jugadores de Quique Setién, ante un Osasuna ordenado, y los comentaristas tiraron de hemeroteca para recordar la última derrota del Barcelona en su estadio. Hubo que echar la vista hasta el 11 de noviembre de 2018 cuando, precisamente un Real Betis dirigido por el técnico cántabro, conquistó el Camp Nou en un encuentro loco que terminó 3-4 para los andaluces. Desde entonces, los catalanes habían sumado 36 victorias y 6 empates en los siguientes 42 duelos. Unos registros encomiables que rompió Roberto Torres de un plumazo en el descuento.
La conexión navarra la inició Iñigo Pérez, que filtró para Kike Barja ante la desarbolada defensa culé. El de Barañáin la puso en el segundo palo donde apareció el mago de Arre para aniquilar a Ter Stegen. Un gol que hizo vibrar a Navarra entera.
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