La trastienda
Pamplona 7 de julio

Publicado el 08/07/2026 a las 05:00
Quienes tienen el privilegio de trabajar con personas mayores se benefician de algunos conocimientos y vivencias que difícilmente podrían tenerse trabajando en un puesto remoto frente a un ordenador. Una de ellas es la tertulia y la otra el descubrir su reminiscencia y la música. Los recuerdos de cada uno son un mundo pero en la música, en Navarra, La Rioja y Aragón, uno acaba descubriendo tarde o temprano el mundo de la jota. Ayer en plena Estafeta un jotero se arrancó a pelo con una jota maravillosa que dice , Pamplona 7 de julio, cantan los mozos y mozas, los de la montaña en Vasco [sic.], los de la Ribera en Jota.
Resultó un momento mágico porque si ya al autor de la jota habría que hacerlo Presidente del Gobierno por la sensatez de la letra, quien lo interpretaba lo hizo en unos instantes donde nadie lo esperaba y fue capaz de poner el bar patas abajo. La magia de una jota cantada por una persona anónima. Poco pudimos saber del intérprete, más allá de que trabaja en Saltoki y que todo el mundo en estas fiestas quiere poner un pingüino en su vida, pero nos puso el vello de punta, porque el recuerdo nos hacía pensar en tantos presentes y ausentes.
Pero no sólo las jotas unen a quienes vivimos a la ribera del Ebro. El toreo es otra de ellas. Aarón Palacio, matador triunfante ayer, ha sido capaz de sacar la cabeza y llegar a los carteles de figuras partiendo del erial taurino que actualmente es Zaragoza. En la ciudad del Ebro que es enorme y tiene ahora unas dimensiones mastodónticas, unos cuántos barandas se han empeñado en reventar el toreo. Nadie firmaría ahora que en las fiesta de El Pilar pueda abrirse la plaza de toros. Ni para festejos de lidia ni para los populares. Una plaza bicentenaria tiene en sus propietarios, la Diputación de Zaragoza, su principal enemigo.
Y en medio de ese desierto, un torero cabal llamado Miguel Cuartero arrancó hace unos años una escuela taurina llamada “Mar de Nubes”. Juntó chavales que soñaban con el toreo, padres que arrimaban el hombro y unos cuántos aficionados prácticos dispuestos a pegar un muletazo a lo que fuera. Sobre el papel podría ser un proyecto buenista más.
La realidad, años después, ha dado como fruto ya un matador de ferias. Y eso no es nada fácil. Aarón Palacio, que de niño disfrutaba un día de sanfermines junto a su tío Humberto y los pastores del encierro, ayer supo hacer todo lo que hay que poner en el ruedo de Pamplona si el tiempo se acaba y la corrida no funciona. El matador embistió al toro. Se ganó a un tendido de Sol que ya navegaba por su cuenta, y como con el crujido de una jota bien cantada, paró el corazón a todos en el momento de la estocada.
Pamplona 7 de julio, donde hay toreros que suplen con el corazón lo que la razón no entiende. Como una jota bien cantada.