Robinson: "No he perdonado a Osasuna lo que le hicieron a mi hijo"
El 22 de marzo de 1992, en un partido Osasuna-Atlético de Madrid, el delegado del club pamplonés impidió que el hijo de Michael Robinson saliera al campo a fotografiarse con los jugadores
Actualizado el 29/04/2020 a las 10:22
El exjugador de Osasuna Michael Robinson y presentador de televisión fue anoche el invitado del cierre de la sexta temporada del programa ‘Chester’, de Cuatro, y entre sus confesiones destacó el reconocimiento de que no ha perdonado al club navarro un episodio que sucedió el 22 de marzo de 1992.
"Cuando volví a El Sadar como comentarista de la Liga para Canal+, pedí al gerente del club si mi hijo, de 7 años, podía saltar al campo con el capitán de Osasuna y su camiseta roja. Cuando el niño estaba en el túnel para salir de la mano de Iñaki Ibáñez, el delegado les separó e impidió a mi hijo saltar. Yo no sé qué diablos hice tan mal para que me tengan tanta manía, para inclusive hacerle eso a mi hijo… A mí pueden machacarme, pueden dejarme cojo, pero hacer eso a un niño de siete años… No he sido capaz de perdonárselo”, dijo Robinson a Risto Mejide.
Ese mismo día que recordó Robinson resultó muy accidentado en El Sadar, ya que el periodista José María 'Pipi' Estrada, que por entonces trabajaba en Antena 3 Radio, protagonizó un altercado con los empleados del club ya que no le permitían el acceso al vestuario y terminó siendo reducido por efectivos de la Policía Nacional, y el entrenador del Atlético, Luis Aragonés, le hizo una peineta al árbitro Ansuátegui Roca.
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PEDRO MARI ZABALZA, INVITADO SORPRESA
En el programa 'Chester', Michael Robinson recibió la visita sorpresa del que fuera su entrenador en Osasuna, Pedro Mari Zabalza, y a quién él conoció -según confesó en el programa de anoche- como "el director del hotel" en el que se alojaba en Pamplona.
Zabalza tuvo buenas palabras para el jugador británico, le agradeció su contribución a la permanencia en su primera temporada en Osasuna y entendió que pudiera estar enfadado con el club navarro, si bien destacó que considera que tanto el club como la afición sienten "cariño" por él.
Antes de despedirse, Robinson se levantó del sofá del programa y abrazó al técnico navarro.
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— CHESTER (@Chester_cuatro) 18 de febrero de 2018
LA ESPINA DE ROBINSON CON OSASUNA
Michael Robinson no deja indiferente a nadie cuando tiene un micrófono delante. A sus 59 años y ese inconfundible acento inglés no se corta para opinar de cualquier asunto, sea deporte o no. Ayer recordó con humor cómo fue su llegada a Pamplona aquel 7 de enero de 1987 después de que la entidad que presidía Fermín Ezcurra pagara 25 millones de pesetas al Queen’s Park Rangers. “Yo pensaba que Osasuna era un lugar. Lo creí hasta estando ya entrenando con ellos. Yo solo entendía ‘hola’, ‘adiós’, ‘gracias’, ‘cerveza’ y contaba hasta cinco. Lo fundamental, ¿no?”, comentó en la entrevista, antes de ponerse más serio cuando recordó que le obligaron a operarse de la rodilla. “Yo era feliz allí. Había encontrado una maravilla en ese equipo. Pero tenía un problema, ya se lo había advertido antes de fichar. Estaba mal de la rodilla. Les dio igual. Me hicieron una intervención quirúrgica que yo no pedí y que no necesitaba. Seis semanas después de aquello, a los 19 minutos de volver a jugar, me quedé cojo”.
Lo peor, sin embargo, estaba por llegar. Robinson jugó 52 partidos completos en tres temporadas en dos años, con 16 goles. Su carisma dejó huella en la afición de aquel imborrable Sadar. Ante la cámara, el exrojillo confesó aquel desagradable momento que le hizo cambiar su mentalidad sobre Osasuna. “Años después, cuando volví a El Sadar como comentarista de la Liga para Canal+, pedí al gerente del club si mi hijo, de 7 años, podía saltar al campo con el capitán de Osasuna y su camiseta roja. Cuando el niño estaba en el túnel para salir de la mano de Iñaki Ibáñez, el delegado les separó e impidió a mi hijo saltar. Yo no sé qué diablos hice tan mal para que me tengan tanta manía, para inclusive hacerle eso a mi hijo... A mí pueden machacarme, pueden dejarme cojo, pero hacer eso a un niño de siete años... No he sido capaz de perdonárselo”, relataba ayer.
Fue el 22 de marzo de 1992. Osasuna recibía al Atlético de Madrid que presidía Jesús Gil (1-1) y estas páginas reflejaron lo sucedido en los minutos previos al partido. El periódico contaba que la mujer de Robinson, Cristine, se sentía confundida en un rincón de la antesala del túnel de vestuarios cuando faltaban diez minutos para el comienzo del partido. ¿La razón? Que su hijo Lian no había podido fotografiarse con los jugadores navarros en formación. “Le habíamos comprado el traje de Osasuna para la ocasión y sin embargo no nos han dejado que se hiciera la fotografía. No sé, ha debido ser algún problema de comunicación”, indicaba la esposa del ya comentarista televisivo.
Había una razón que esgrimió Osasuna. Los partidos de Medio día del club y en los televisados, los niños no podía fotografiarse en el campo, ya que según responsables del equipo, “se formaría un auténtico follón con tanta gente circulando por aquí”. El ex jugador de Osasuna no acertaba a comprender tal norma y mantuvo un enfrentamiento dialéctico con los responsables de velar por las medidas, que no accedieron en ningún momento al intento de Robinson. Les parecía incorrecto haber rechazado a más de 30 peticiones y aceptar la del británico. “Es intolerable lo que hacen”, señaló enfadado.
RECIBIÓ LA INSIGNIA
Años más tarde, el 30 de octubre de 2000, Robinson recibió un pequeño homenaje por parte del club que presidía Javier Miranda. Se le entregó la insignia de oro y brillantes antes de un partido contra el Valencia, en la temporada del regreso a Primera División. Lian pudo cumplir su deseo y saltó al terreno de juego de ese Sadar que había saboreado cuando era un niño.
Recibió una camiseta rojilla del entonces central José Manuel Mateo que se la colocó con orgullo. “Tuve mucha suerte de jugar ante este público. La desgracia es que no me dejaron despedirme. Estoy encantado de tener la oportunidad de decir adiós y hola de nuevo”, dijo Robinson a los periodistas. “Es un embajador de Osasuna”, fue como le valoró el presidente Javier Miranda.
Robinson ha estado en El Sadar en decenas de ocasiones como comentarista y su presencia siempre ha llamado la atención social. No son pocos, los que le recuerdan, los que le piden autógrafos y fotografías. Nunca ha ocultado su cariño por Osasuna pero es evidente que aquel trato que recibió al retirarse no se le ha olvidado.
