Sarriguren

Alrededor de 1.300 personas siguieron la final desde Sarriguren

El consistorio instaló una pantalla gigante para que los vecinos pudieran seguir juntos la final del Mundial 2026 entre España y Argentina

Fotos de la final del Mundial en Sarriguren

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Fotos de la final del Mundial en SarrigurenIrati Aizpurua

Irune Abadía Esain

Actualizado el 20/07/2026 a las 09:15

'Dai dai', 'Waka Waka', 'Wavin’ Flag' y todo el repertorio de canciones de otros mundiales ambientaban los minutos previos a la final del Mundial en la Plaza del Ayuntamiento de Sarriguren. El consistorio había instalado una pantalla gigante para que los vecinos pudieran seguir juntos la final del Mundial 2026 entre España y Argentina, que se disputaba en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. 

Las 600 sillas colocadas frente a la pantalla estaban ocupadas y, detrás de ellas, otras cientos de personas seguían la retransmisión desde los jardines. En total, alrededor de 1.300 personas se congregaron en la plaza para vivir de forma colectiva la cita futbolística más importante del año. 

El alcalde en funciones del Valle de Egüés, Javier Villanueva Aldave, destacaba la respuesta vecinal y el esfuerzo realizado para organizar la retransmisión con apenas unos días de margen. “Ha sido un reto conseguir una pantalla con tan poco margen. Creíamos que era nuestra obligación ponerla”, afirmaba. 

A su juicio, la asistencia confirmaba “la buena acogida social” de la iniciativa. Villanueva subrayaba además el ambiente de convivencia que se respiraba en la plaza: “Estamos contentos porque no hay que lamentar ningún incidente, ninguna disputa absurda, y Sarriguren ha demostrado una vez más que es una ciudad donde todos cabemos”. Aunque la afluencia era muy elevada, aseguraba que no les sorprendía: “Esto es una ciudad donde vive mucha gente y donde tenemos cabida personas con distintas ideologías. Hoy se demuestra que España, Navarra y el Valle de Egüés somos uno y que eso la gente también lo entiende así”. 

Entre el público, con la camiseta de la selección, estaban Vasile Goneac, de 42 años, y su hija Karina, de 14, vecinos de Sarriguren. Se habían enterado el día anterior de que se instalaba la pantalla y decidieron acercarse. “Normalmente lo vemos en casa o en algún bar, pero hoy, como estamos aquí, hemos aprovechado para ver el partido”, contaba Vasile, que se declaraba convencido de la victoria española pese a la presión de la final. El moldavo recordaba con cariño el Mundial de 2010, que vivió en sus primeros años llegado a Navarra, durante los Sanfermines: “Estábamos en las barracas y me tuve que ir para casa porque el partido era temprano, por el horario de Sudáfrica”. 

Sobre las expectativas, Karina, feliz de estar ahí, se mostraba confiada: “Es una final, pero tengo la convicción de que vamos a ganar. Estamos presionando bastante bien y varias veces ya casi metemos, así que yo creo que en alguna de esas entrará”. 

También con la equipación habían llegado hasta Sarriguren Verónica Benito Miguel, de 45 años, y Fernando Carrasco García, de 57, procedentes de Valladolid y de paso por Navarra durante unos días de vacaciones. No eran vecinos de la localidad, pero tenían familia cerca, lo que les había llevado hasta la plaza. Habían llegado a Pamplona el día anterior. Él, sobre todo, se declaraba muy futbolero; ella en especial con la selección. Recordaban con nitidez el primer Mundial que se llevó España: “Fue algo que no nos esperábamos. Mucha emoción, mucha intensidad, mucha alegría”. Esta pasada noche, aquel sentimiento se multiplicaba.

Con la bandera gigante de España a cuestas y agarrada de la mano de su hija Danae, de casi 3 años, se encontraba Fran Acien Zamora, de 33 años, que seguía el partido eufórico por el dominio del equipo español en la primera parte: “Ganar, sí o sí. Con la primera parte que se han hecho, a juego yo creo que les estamos dando un baño. Solo nos falta el gol”. 

LLEGÓ EL GOL 

Al término del encuentro, ya con España proclamada campeona, la plaza estallaba en una mezcla de gritos, abrazos y banderas sobre las sillas. David Gastón Arbizu, de 24 años, era uno de los visiblemente felices. “Muy nerviosos, muy nerviosos. Sabíamos que Argentina iba a jugar duro e íbamos a tener la posesión”, declaraba. La tensión se multiplicaba, contaba, por el contacto directo con el propio vestuario español: “Conocemos al hermano de Mikel Merino, que está allí, que nos está mandando fotos y estamos hablando con él. Hemos vivido todo el partido súper tensos”. 

Antiguo vecino de Gorraiz y ahora residente fuera de la zona, David seguía vinculado a Sarriguren porque juega a baloncesto en el Valle de Egüés, lo que le había llevado, junto a un grupo de amigos, a seguir la final en la plaza. Con el trabajo esperándole temprano al día siguiente, planeaba una celebración moderada pese a la alegría del momento: “Mañana trabajo pronto, así que vamos a ver cómo levantan el trofeo, celebraremos un poquito y a dormir”. 

En cuanto acabó el partido, con la plaza todavía vibrando por el título, una discomóvil tomaba el relevo de la atención de los asistentes para prolongar el ambiente festivo entre los vecinos de Sarriguren. Una noche que muchos no olvidarán.

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