Un instante de felicidad para niños y militares ucranianos gracias a Enfermeras de Navarra

La fundación Enfermeras de Navarra, en una extensión de su proyecto ‘Nash Dim’ (nuestro hogar), realizó una expedición hace dos semanas a Ucrania para llevar material deportivo a niños refugiados y militares heridos en la guerra

Un militar ucraniano posa con un balón de la Federación Navarra de Fútbol
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Un militar ucraniano posa con un balón de la Federación Navarra de Fútbol
Un militar ucraniano posa con un balón de la Federación Navarra de Fútbol

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Luca Ciordia

Actualizado el 17/06/2023 a las 09:26

Suena la alarma antiaérea y nadie se inmuta. Una vez, dos veces, tres… y nadie se mueve. Una sensación desconocida, provocada por un estímulo humano de supervivencia, recorre tu cuerpo. Te dicen que un avión ruso ha despegado y Ucrania advierte a su población de un posible impacto de misiles. Pero a ellos no parece preocuparles. La ciudad de Leópolis se ha envuelto en una atmósfera de indiferencia al peligro. Es difícil de comprender cómo la mente del ser humano puede asumir tal catástrofe, pero ninguno puede desafiar el poder de los sentimientos y cómo estos nos afectan en un momento de tanta impotencia. Son más de trescientos días presenciando con sus propios ojos como los militares del otro bando arrebatan una a una las vidas de algunos valientes que han decidido entregarlo todo por su nación. Un país que ha visto más sangre derramada por sus calles en un año que en mucho tiempo. Su bandera, azul por el cielo y amarilla por el trigo, se ha manchado de sangre y ahora ondea los cementerios ucranianos una similar, pero de color rojo y negro, en honor a los militares fallecidos en guerra. Ante esta situación hay pocos motivos a la que agarrarse para seguir sonriendo, pero por mucho que suene extraño, el fútbol es uno de ellos. Un balón es capaz, por un instante, de sanar cualquier herida.

Tres niños refugiados sonríen después de recibir material deportivo llevado desde Pamplona por la fundación Enfermeras de Navarra
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Tres niños refugiados sonríen después de recibir material deportivo llevado desde Pamplona por la fundación Enfermeras de NavarraLuca Ciordia
Tres niños refugiados sonríen después de recibir material deportivo llevado desde Pamplona por la fundación Enfermeras de Navarra

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Nash Dim, un proyecto de vida

Hace unos meses Enfermeras de Navarra buscó una solución a la guerra, o al menos lo hizo para algunas familias. La rehabilitación de un antiguo edificio se convirtió en el objetivo principal del proyecto. Este recibió el nombre de Nash Dim, que traducido al castellano significa ‘nuestro hogar’. El lugar para que cien mujeres y niños refugiados, algunos con problemas mentales, puedan sentirse como en casa en un ambiente de libertad. A finales de agosto del año pasado la fundación navarra firmó un acuerdo, junto a la ONG ucraniana Ángeles de la Guarda, con el ayuntamiento de Kernytsya, a 28 kilómetros de Leópolis. En él, el ayuntamiento local cedió a ambas organizaciones un edificio de dos plantas con terreno adyacente en el que poder construir un campo de fútbol. Este espacio se trabajará para que antes de que llegue el invierno las familias puedan habitarlo y disfrutar de sus instalaciones. Varias expediciones a Ucrania han servido para ir progresando en el proyecto y matizando a la perfección cada uno de los pasos a seguir para que el sueño que comenzó hace diez meses se convierta en una realidad. “Nash Dim también es nuestro hogar. Probablemente emprendamos más acciones focalizadas en acelerar la obra para que la casa esté habitable el invierno que viene”, comenta Isabel Iturrioz, presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Navarra.

Varios niños de la zona de Kernytsya esperan en fila para recibir sus nuevas camisetas.
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Varios niños de la zona de Kernytsya esperan en fila para recibir sus nuevas camisetasLuca Ciordia
Varios niños de la zona de Kernytsya esperan en fila para recibir sus nuevas camisetas.

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LA OPORTUNIDAD PARA UNOS POCOS PRIVILEGIADOS

Una de las vías escapatorias del pueblo ucraniano ha sido la emigración a los países vecinos. Abandonar la tierra que les vio crecer para dejar atrás una vida que tenía los días contados. La suerte ha acompañado a algunos, pero otros han caído por el camino y muchos no han logrado alcanzar la frontera. La ciudad de Skole, situada al oeste del país, ha acogido a muchas familias que lo han perdido todo desde que comenzó la guerra. Casas, negocios y un lugar donde crecer. Mujeres ucranianas se han visto obligadas a vivir, junto a sus hijos, en edificios derruidos, pero al fin y al cabo siguen siendo un hogar. Las goteras, los agujeros en las paredes y el espacio tan reducido impide a estos supervivientes vivir con la tranquilidad de saber que sus paredes no se derrumbarán en cualquier momento. Pero para ellos cualquier tejado es válido. La queja es inadmisible y cualquier atisbo de esperanza es recibido con los brazos abiertos. Han alcanzado un momento de catarsis en el que sus mentes han sido invadidas por una liberación emocional que se ha sobrepuesto a las afecciones negativas. Parte de la culpa de esta mejora de vida la tiene la fundación Enfermeras de Navarra. Más de medio año de trabajo y esfuerzo han valido la pena. Muchas de las familias refugiadas podrán vivir en unos meses en un edificio reformado en la zona de Kernytsya. Este se ha convertido en el plan de futuro para unas personas que ya solo pueden optar a creer en que aún queda luz al final del túnel.

Este edificio no solamente servirá como hogar, sino también como una oportunidad de poder trabajar para aquellas personas que estén capacitadas para ello. La apertura del campo de fútbol y sus instalaciones, a escasos metros del edificio Nash Dim, permitirán a las familias obtener un trabajo a la vez que sus hijos disfruten al aire libre del deporte. Hace dos semanas, una expedición compuesta por Eduardo Prieto Iglesias, árbitro de Primera División, Javier Lerga, director técnico de la selección femenina de fútbol, Benjamín Rekarte, presidente de la Asociación de Peñas de Osasuna y Adriana Arregui e Isabel Iturrioz, enfermeras de la fundación, viajó a Skole para conocer de primera mano la evolución de los refugiados que vivirán en el edificio del proyecto. El objetivo de la expedición, entre otros motivos, fue el de entregar a las familias más necesitadas todo tipo de material deportivo facilitado por la Federación Navarra y Española de Fútbol o clubes como el Castellón. El recibimiento en Skole fue algo único. Las sonrisas y los abrazos, a pesar de ser desconocidos para ellos, se sucedieron durante todo el día. Las palabras de agradecimiento, siempre en un inglés adaptado, no cesaron por parte de unas familias que se vieron eternamente agradecidas por la labor de la fundación. “Las caras de alegría y la esperanza en los rostros al ver las cosas que llevamos para ellos fue bastante gratificante. Te hace ver la vida con otra perspectiva y te hace valorar mucho más la situación en la que vivimos”, indica Javier Lerga. En esos momentos uno se da cuenta que la felicidad son los pequeños instantes. Un balón, una visita inesperada, o incluso un abrazo de un desconocido puede dar a cualquiera la fuerza suficiente para seguir creyendo en la vida.

Un militar ucraniano juega fútbol en un campo de Kernytsya.
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Un militar ucraniano herido en la guerra juega a fútbol en un campo de KernytsyaLuca Ciordia
Un militar ucraniano juega fútbol en un campo de Kernytsya.

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Algo más de setenta kilómetros separan a estas familias de su futuro hogar. Allí, el edificio y el campo de fútbol ya avanzan sus obras para poder combatir la llegada del frío en invierno. En Kernytsya la expedición española realizó su segundo campus de fútbol con niños de la zona. Esta vez las actividades se realizaron con pequeños que, por suerte, aún mantienen sus casas en pie. Más de veinticinco niños pudieron disfrutar de una mañana en un campo de fútbol habilitado para los habitantes del pueblo. Todos y cada uno de ellos pudieron volver a casa con su nueva camiseta y equipación de fútbol. Un regalo que no olvidarán en mucho tiempo.

LA VISITA DE CINCO HÉROES NACIONALES

Aquella mañana no solo disfrutaron del fútbol los niños. El proyecto ‘Nash Dim: Jugamos en Casa’ atrajo la atención de cinco militares, todos ellos mutilados en la guerra. Sin piernas, brazos o incluso ambas extremidades, los militares fueron recibidos por los niños ucranianos como unos auténticos héroes nacionales. Y para alguien que ha visto su vida peligrar, jugar al fútbol sin una pierna o con prótesis en ambas no resulta ningún impedimento. Ejemplos de superación que, a pesar de haber perdido alguna extremidad de su cuerpo, no pierden la sonrisa por seguir disfrutando de la vida. “Es una experiencia de contrastes y emociones. Vienes de la comodidad de nuestro día a día y venir aquí lo que te provoca es bajar a la tierra. Te das cuenta de otras realidades que están ocurriendo en otros países y que de alguna manera en la medida de nuestras posibilidades tenemos el deber moral de traer algo de alegría y tranquilidad”, asegura Eduardo Prieto tras finalizar la expedición.

Han pasado más de trescientos días desde que comenzó la guerra. Los bombardeos no cesan, la pobreza aumenta y sus habitantes ven peligrar su vida a cada minuto que pasa. Y desde ahí, sentado en la silla de su casa, un simple gesto puede cambiarlo todo. Una donación, una ayuda o un viaje, por mucho que sea express, puede cambiar la vida de muchas familias. Y la suya también.

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