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Fútbol europeo

La retirada de los seis clubes ingleses deja agónica la polémica Superliga

Los propietarios estadounidenses y el Tottenham terminan uniéndose a la espantada iniciada por el Chelsea y el Manchester City

Protestas de los aficionados del Chelsea contra la Superliga.
Protestas de los aficionados del Chelsea contra la Superliga.
Efe
  • Iñigo Gurruchaga. COLPISA. Londres
Actualizada 21/04/2021 a las 09:11

Los seis clubes ingles que el sábado sellaron su pertenencia a la denominada Superliga terminaron dando este martes por la noche la espantada a un proyecto polémico, que queda así agonizando. Chelsea y Manchester City fueron los primeros en responder con su renuncia a una reacción muy negativa en el Gobierno británico y entre los hinchas del fútbol precisamente en el país donde se crearon sus reglas.


Manchester United, Liverpool, Tottenham y Arsenal anunciaron poco después que también se bajarían del barco apenas 48 horas de que zarpase de puerto. Incluso el consejero delegado del Manchester United, Ed Woodward, a quien los medios señalan como uno de los principales organizadores de la Superliga, comunicó su intención de dimitir. La política de comunicación del consorcio ha sido desastrosa, al menos en Reino Unido, y la mano derecha de la familia Glazer desde su adquisición del club de Old Trafford en 2005 paga por el desaguisado.

La reacción del primer ministro, Boris Johnson, sorprendió por su radicalismo. Se reunió ayer con la Federación inglesa y con representantes de la Premier y de las hinchadas. Después, afirmó que su Gobierno está dispuesto a introducir legislación en el Parlamento para impedir la formación de la nueva competición.


Los aficionados se han movilizado masivamente. En Elland Road, donde el Liverpool se enfrentaba al Leeds United en la noche del lunes, se congregaron hinchas del club para insultar a jugadores y técnicos del primero. Jurgen Klopp, el entrenador carismático de los rojos de Anfield Road, advirtió que el equipo no había participado en las decisiones.


La plantilla al completo del Liverpool criticó en este sentido con dureza el nuevo modelo.


El príncipe Guillermo, presidente honorario de la Federación inglesa e hincha del Aston Villa, se sumó al malestar. "Ahora más que nunca debemos proteger a toda la comunidad del fútbol, desde la cima hasta la base, con los valores de la competición y de la justicia en su centro. Comparto la preocupación de los hinchas sobre la propuesta de la Superliga y sobre el daño que podría causar al juego que amamos", afirmó en un comunicado oficial.


James Milner, futbolista con fama de honesto y versátil con una larga carrera en diferentes clubes y en la selección inglesa, fue el primero entre los jugadores hoy en activo, en su caso con el Liverpool, en expresar rechazo. Marcus Rashford, delantero del United y de la selección, muy popular por sus campañas para dotar de alimentos a los hijos de familias que tienen dificultades para comprar comida o por el fomento de la lectura entre los jóvenes, también se expresó en la línea de esos hinchas.

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Pep Guardiola, técnico del City, fue la voz más nítida en contra de la Superliga. "Para mí, si no hay relación entre esfuerzo y premio no es deporte", dijo sobre la presencia garantizada de los creadores del torneo.

"No es deporte si el éxito está garantizado, si no importa que pierdas. Quiero estar en la competición más fuerte, especialmente la Premier, y no me parece justo que un equipo pelee hasta llegar a la cima pero no pueda clasificarse". Así, se preguntó también por qué un club como el Ajax, con cuatro Copas de Europa o Champions, no estaba dentro del nuevo torneo.

Objetivo retratado Los promotores de la nueva competición habían adelantado más detalles financieros -los préstamos del banco estadounidense JP Morgan, el límite de un 55% de ingresos para "gastos deportivos", la estimación de ingresos por venta de derechos de televisión, la dotación de 400 millones de euros a clubes modestos y federaciones- que sobre la mecánica de su liga. Dando prioridad a las finanzas frente a otros temas retrataban su objetivo.


Las primeras horas de esta revolución del fútbol han producido una escisión tan relevante que puede incluso llevar a pique la Superliga sin apenas haber nacido. El Arsenal es propiedad de Stan Kroenke, dueño del Denver Nuggets, de la NBA, y de otros clubes de deportes diversos.


El Liverpool fue adquirido por John Henry, dueño también de los Red Sox de Boston, un club de béisbol. La familia Glazer, dueña del United, lo es también de los Tampa Bay Bucaneers, de la NFL.

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Estos propietarios estadounidenses se han distinguido en el fútbol inglés por negar las ambiciones infinitas de los hinchas para gastar más y adquirir grandes estrellas. No son como el millonario ruso Roman Abramovich, dueño del Chelsea, y el jeque Mansur Al Nayhan, del City.


Disfrutan de la propiedad de los clubes por su afición y su egolatría.


Han buscado construir un negocio que dé buenos beneficios.


En la sombra estaba Joe Lewis, con cientos de compañías en múltiples países. Una es el Tottenham, que en los viejos tiempos era de los judíos proletarios del norte y del este de Londres, justo donde Lewis nació.


En este pleito entre negocio e identidad puede ser quien mejor entienda el dilema. Ahora, solo Real Madrid, Barça, Atlético, Milán, Inter y Juventus siguen en un proyecto incierto.


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