Atletismo

Verdeliss: "Al Mundial iba con una presión añadida, demostrar que merecía ocupar ese lugar, pero creo que he dado la talla"

La navarra, de 41 años, se colgó este pasado domingo 20 de septiembre el oro en su categoría de edad y la plata por selecciones con España en el Campeonato del Mundo IAU de 100 kilómetros disputado en Ames (A Coruña) 

Estefanía Unzu Ripoll, con su oro y su plata tras el Mundial de 100 kilómetros en Ames (Galicia)
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Estefanía Unzu Ripoll, con su oro y su plata tras el Mundial de 100 kilómetros en Ames (Galicia)CEDIDA
Estefanía Unzu Ripoll, con su oro y su plata tras el Mundial de 100 kilómetros en Ames (Galicia)

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J.J. Imbuluzqueta

Publicado el 23/09/2026 a las 05:00

A primera hora de la noche del pasado domingo 20 de septiembre, la navarra Estefanía Unzu Ripoll -más conocida como Verdeliss por su faceta de influencer- recogía su medalla de plata por selecciones y el oro de su categoría de edad (F40) tras completar el Campeonato del Mundo IAU de 100 kilómetros, disputado en Ames (A Coruña), como sexta clasificada absoluta. Y nada más acabar la gala de premiación, y aún “en una nube” por su rendimiento y el resultado obtenido en su estreno oficial con la selección española de atletismo, la de Mutilva afrontó un viaje de vuelta desde Santiago de Compostela.  Un regreso por carretera y de madrugada, para llegar, desayunar y despedir a sus hijos antes de que, el lunes, la mayoría de los 8 que tiene junto a Aritz Seminario Ilundain fueran a su jornada estudiantil. “Ésa es realmente mi vida”, reconocía la atleta del Ederki, de 41 años, empresaria y creadora de contenido.

“Estoy muy contenta y orgullosa. Creo que hice un buen papel para subir al podio con el equipo español y, además, pegué un buen mordisco a mi marca (casi 25 minutos, al acabar en 7h22:13)”, explica la navarra, quien ya tiene en la Maratón de Chicago su próximo gran reto, el próximo 11 de octubre.

Ya han pasado unos días. ¿Qué sensaciones tiene tras las sus dos medallas y el debut en el Mundial?

Ha sido un debut súper emocionante. Físicamente he acabado muy bien, fenomenal, estoy de piernas mejor que después de cualquiera de las otras prueba de 100 kilómetros que he hecho. Incluso podría echar ahora una carrerita suave (ríe). Pero, emocionalmente, todavía estoy digiriendo todo. Estoy muy contenta, muy satisfecha. En el fondo iba con mucho miedo. Pensaba que  había hecho bien el trabajo en verano pero, en un 100 kilómetros, hay muchas variables que se pueden torcer.

¿Cómo se gestiona una cita en esa distancia, en un día con más de 30 grados y un circuito exigente?

Fue una carrera dura, sobre todo, por las condiciones climatológicas. Hizo mucho calor. Pero lo supe gestionar bien. Igual fue lo que marcó bastante la diferencia entre varios atletas. Por lo demás, le dije a mi familia que, mientras corría, no me dijese nada, no quería sumar presión. Quería hacer mi carrera. Desde el equipo español sí me fueron informando, sobre todo la posición que llevábamos como equipo. Fuimos en todo momento primeras pero, al final, las croatas, un grupo muy compacto, nos terminaron por adelantar.

Y al cruzar la meta, ¿qué se le pasa por la cabeza?

Me puse a llorar. Sueltas todo lo que llevas en la carrera, sobre todo en los últimos 15 kilómetros, también toda la preparación del verano, que no ha sido fácil. Esos últimos kilometros los sufrí muchísimo. En ese momento ya me quedé sin piernas y tiré con lo que me quedaba de corazón, de cabeza: aguantar hasta el final. Todas 'pinchamos' un poquillo en esos últimos kilómetros y estuve negociando continuamente el no abandonar. Llegar a meta fue un alivio y me quedé muy contenta. Son pocas oportunidades, te juegas mucho en un 100 kilómetros.

Llegó al Mundial sin conocer personalmente al resto del equipo, solo a través del móvil. Y han sido plata mundial peleando todas por subir a ese podio...

No nos conocíamos personalmente pero sí -en este fin de semana de concentración, compartiendo actividades, reuniones, desplazamientos, comidas...- hemos mucha piña. Hubo como mucho sentimiento cooperativo entre todos. Y luego, en carrera, en un circuito de 5 kilómetros que se fue repitiendo 20 veces, siempre nos cruzábamos en alguna vuelta o nos veíamos en un tramo. Y ahí , una sonrisa, unas palabras de ánimo...

¿Y la familia? Tener allá a su pareja, a sus hijos, a sus padres... Oírles, verles, en cada una de las vueltas es una ayuda añadida en una prueba tan exigente en lo mental como la del ultrafondo ¿no?

Por supuesto. Fue muy importante para mí. Además, me prepararon unos carteles gigantes y, como son tantos, se pusieron en diferentes localizaciones a lo largo del circuito (ríe). Me animaban a mí, animaban al resto de chicas, al resto de chicos, así como muy 'hooligans' con todos los de la selección. Se hicieron notar. También es cierto que tuvimos la suerte de que el Mundial se celebrase en España. Todos los internacionales españoles nos sentimos en casa, la gente nos apoyó más que al resto y eso se notó. Te aplaudían, te chillaban... Es algo que se agradece mucho en una carrera así. Fue muy emocionante todo.

En redes ha puesto que 'no se trataba de callar bocas', pero ¿siente que este Mundial le sirve como respaldo, como espaldarazo a su faceta más deportiva? ¿A qué se le valore más sus logros deportivos al margen de otras cuestiones?

Al final, creo que las cosas se demuestran corriendo. Pueden haber muchas opiniones, muchas etiquetas, comentarios... Pero los hechos los demuestran las zapatillas. Calzándotelas, yendo a una carrera y con marcas. He hecho un tiempo que es el segundo mejor de una española en la historia de los 100 kilómetros (Gemma Arenas, bronce absoluto y campeona F45, batió en Galicia su propio récord con 7h17:50) . He ido al Mundial y creo que he dado la talla. Quedar sexta del mundo está muy bien. Y supongo que lo que me ha llevado a las medallas nunca fue el odio. Siempre ha sido el amor. Me quedo con eso. Ya está. Es cierto que llevaba una presión añadida a este Mundial. Yo no solo tenía que cumplir deportivamente, tenía que cumplir por demostrar al resto que merecía ocupar ese lugar. Y estoy contenta, estoy satisfecha. Mi vida es difícil. La gestión del verano ha sido muy complicada. A nivel físico, pero sobre todo a nivel mental. Me consumió el pánico, la angustia, el miedo a que me dañasen. La amenaza normalizada. Y he superado todas estas adversidades. Y eso se ha demostrado en el Mundial.

Y ahora, ¿vuelve la corredora más recreativa? ¿O le ha picado el gusanillo de la competición?

Ahora mismo vuelvo a la Estefanía disfrutona porque vuelvo a mis maratones, donde no sufro tanto. Me voy a Chicago, que es una de las 'major' y me encanta el ambientazo, la fiesta que se siente. Y es que el domingo, cuando terminé la carrera, dije: ‘Yo no vuelvo a hacer un 100 kilómetros en mi vida’. Se pasa mal. Es una frontera en la que cruzas del cansancio al sufrimiento y ves muy lejana la meta. Pero, con el paso de las horas, ya lo veo de otra manera. E igual, a lo mejor, sí que me gustaría volver a probarme en la distancia. Pienso que puedo seguir mejorando. No es la disciplina que habría elegido pero, quizá, sí es la que mejor se le da a mi cuerpo. Siempre está ese punto de superación contigo misma. Y se te olvida pronto el dolor.

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