Los profesionales navarros (7)
Ibai Azurmendi: "La vida me ha dado una segunda oportunidad, y la pienso aprovechar"
Mediada la temporada el leitzarra Ibai Azurmendi, de 28 años, tuvo que dejar el ciclismo por una cardiopatía. Su corazón le dio un aviso en O Gran Camiño con riesgo vital. Esta es la historia de alguien a quien le quitan la gran pasión de su vida, pero que poco a poco consigue darle la vuelta y reorientar su vida profesional y personal


Actualizado el 05/11/2024 a las 08:30
Cuando uno teclea Ibai Azurmendi en busca de su palmarés ciclista no encuentra victorias, ni puestos de relumbrón. Y, sin embargo, este ciclista de Leitza que milita en el Euskaltel-Euskadi consiguió el pasado 25 de febrero en la última etapa de O Gran Camiño la gran victoria de su vida. Estar vivo. Ese día su corazón le mandó un mensaje directo e inequívoco. Él y la alta competición no eran compatibles, había un riesgo vital elevado. Después de un par de meses de pruebas estudios, Azurmendi anunció su retirada del ciclismo profesional con 27 años, en la teórica madurez. Esta charla con Ibai Azurmendi, que se produjo en su casa de Leitza, en una sala atestada de copas y trofeos, es la conversación natural, fluida sobre la vida, la muerte, la incertidumbre, la presión… Cosas que van mucho más allá de la bicicleta, los resultados, las estrategias y expectativas. La vida le ha dado una segunda oportunidad, es consciente de lo que ha tenido, vivido y sufrido, y que está empeñado en ayudar a otros a través de su propia experiencia.
No es una pregunta recurso, sino real. ¿Cómo está?
Estoy físicamente bien. Me miraron bien, para hacer vida normal no corro ningún riesgo. El riesgo estaba en el deporte de alta competición. Y ante lo que fue un batacazo vital tremendo tenía dos opciones. O lamentarme, o seguir construyendo un futuro. Enseguida me puse a estudiar.
Todo empieza el último día de O Gran Camiño en Galicia. Van a subir el último puerto, kilómetro 8 y ahí…
Salí enchufado a pillar la fuga, porque era una etapa durísima. Y ahí empecé a notarme raro. Los síntomas no eran normales.
Los días anteriores se había sentido bien.
Sí, igual me había visto un poco débil, no había tenido mis mejores sensaciones. Pero no con esos síntomas.
¿Qué pasó?
Estaba yo saliendo a los ataques de salida, y empecé a notar como una opresión en el pecho que cuanto más hondo respiraba, más me apretaba. Entonces lo que hice fue intentar no respirar hondo, pero ir a tope. Me daba miedo porque cuanto más hondo respiraba, más presión tenía. Luego empecé a notar que me quedaba sin fuerza en los brazos, y que la vista se me estaba yendo, estaba ya empezando a perder un poco el control, creo que intenté frenar la bici como podía. Alguno me dijo que tenía muy mala cara, que no estaba donde estaba. Paré, me llevaron al hospital y empecé con taquicardias.
¿Fuertes?
Al día siguiente, que le había mandado a mi madre y a mi hermano a comer, empecé a notar un escalofrío por la espalda y de repente se me puso el corazón disparado. Las sensaciones son muy malas, porque ves que el corazón se acelera, se acelera, no sabes si va a parar, me maree… empecé a atar hilos. Y gracias a esa taquicardia del hospital, que quedó registrado, se hicieron a la idea de lo que podía pasar.
Y empezó el Tour de las pruebas.
Empezó un recorrido que no se terminaba nunca. En Galicia me hicieron una resonancia, vieron cosas, y me mandaron para casa bajo su responsabilidad. Y aquí ya he hecho un montón de pruebas, aunque en la primera prueba de esfuerzo y un doble ecocardiograma de estrés que me hicieron ya vieron lo que había. Llamaron al médico del equipo y luego hice más pruebas complementarias. Al final siempre tienes una pequeña esperanza de algo, pero cuando me llamaron…
¿Pero albergaba alguna esperanza de fuera otra cosa?
Bueno, cuando me dijeron lo que tenía me quité tal peso de encima de la incertidumbre que me quedé supertranquilo. Estaba en un punto que no sabía si lo que me estaba pasando era algo mental o qué. Lo que más miedo me daba era que los médicos no terminaran de dar con lo que era de verdad y que lo dejaran en mis manos. Yo sabía lo que había sentido, y sabía que había algo, no podía rendir al 100%.
Porque tenía ya interiorizado de que ahí pasaba algo.
Eso es. Y a la competición no puedes ir con dudas. Si estando bien, sufres todo. Imagínate ir con dudas. Y al mismo tiempo albergaba una pequeña esperanza en mí. Ojalá sea algo tipo Sagan, a ver si con alguna pequeña intervención… pero cuando vieron lo que tenía y comprobaron que no había solución, me llevé un palo terrible. Estuve muy jodido. Lo que me ayudó mucho fue que todos los cardiólogos me dijeron que había tenido una suerte terrible, y que tenía que estar contento.
¿Qué le explicaron?
Que podía pasar que en un momento de máximo rendimiento el corazón se descordinara, llegara un bloqueo y… en Galicia estuve en el límite, seguro. Más vale que fue allí y no entrenando. Creo que la vida me ha dado una nueva oportunidad.
Antes nunca había pasado nada igual.
No, así nunca. Y nunca había tenido taquicardias. Sí que había pasado mil revisiones antes, pero… Me quedo con lo bueno, y que he podido vivir unos cuantos años de lo que más me gusta.
Cuando le dan la noticia, ¿piensa que podía haber muerto por esto?
Claro, y da mucho vértigo. Es verdad que siempre aparece ese pensamiento recurrente que tenemos todos, el a mí no me puede pasar. Pero cuando estás en el limbo y lo ves… Por eso cuando tuve que tomar la decisión de dejar la bici no me costó, lo vi tan claro, me lo dijeron tan claro, que no pude ni elegir. No he pensado mucho, pero sé que el riesgo ha sido real. Las cosas vienen como vienen, y he intentado quedarme con lo que he tenido, no con lo que me pierdo. Soy una persona positiva, siempre he hecho las cosas lo mejor que he podido y lo mejor que sé, y esto ha sido algo externo, incontrolable. Me está costando mucho.
¿Antes de recibir la confirmación definitiva, podía dormir?
Muy mal, he pasado noches de no dormir. Mentalmente te hundes, te haces preguntas, piensas ojalá pudiera dar marcha atrás al tiempo con lo feliz que estaba yo hace un mes. Lo ves todo negro, valoras mucho lo que has tenido… Yo el tiempo en el que más estaba disfrutando del ciclismo eran los últimos años. Eso es lo que pecamos todos los deportistas, que estás venga a pensar en el futuro, futuro, futuro, y no disfrutas del presente.
¿Cómo es el momento en el que alguien dice se acabó?
Hice la prueba de esfuerzo, en el momento no me dijeron nada pero ya vi gestos y detalles que me decían, aquí pasa algo. Y después me llamaron, era por la tarde. Primero me dijeron los riesgos que había corrido, y que había tenido mucha suerte porque me podía haber dado un colapso y no me dio. Y solo transmitiendo el mensaje así, te lo tomas desde el lado positivo. Mi entorno me ha ayudado muchísimo. A mí me tranquilizó mucho la llamada de Juan Martínez de Irujo, el pelotari, que le diagnosticaron lo mismo. Me dijo que estuviese tranquilo, me explicó el proceso…
¿Qué pasó cuando colgó el teléfono tras esa llamada?
Pues lo primero que dices es, ¿y qué hago yo con mi vida ahora? Tal cual. Al final son 15 años haciendo lo mismo, ocho de profesional. Esto es una forma de vivir en la que tienes todo bajo control, siempre controlas todo. Y de repente te llega un golpe por el que ya no controlas nada de tu vida. Y, claro, dices qué hago. Porque al final piensas que solo vales para hacer eso.
¿Intenta uno buscar respuestas a una pregunta tan simple como por qué?
Claro, le das muchas vueltas a las cosas. ¿Por qué a mí? Hasta que un día me paré a pensar y dije. He sido un afortunado porque no me ha pasado “nada”, y estoy aquí. El pronóstico es bueno, porque si hago una vida normal, no me va a pasar nada. Pues ya está, me ha tocado. Estoy en una edad en la que puedo redirigir mi vida.
¿Cómo es el momento en el que se lo tiene que decir a su familia?
Durísimo, pero me liberé. Me dolía intentar dar explicaciones de cosas que realmente no sabía, la incertidumbre te mata. Pero cuando lo sabes y lo das a conocer, la familia, la gente solo te da cariño, te arropa. Se lo dije a un circulo muy cercano, que me han dicho lo que necesitaba escuchar, no lo que quería escuchar. Y me han ayudado mucho en avanzar.
Su familia ha visto todo lo que se ha tenido que dejar para ser ciclista, ¿cómo lo han vivido ellos?
Mi padre se llevó un palo terrible, porque me ha llevado a todos sitios desde pequeño. Mi madre creo que me ha entendido más. Con mi hermano, que es joven que ha sido ciclista, me he soltado más. Pero lo he llevado todo mucho por dentro, porque sabía que van a sufrir mucho.
Pero uno no se puede tragar todo.
Ya, pero me he llevado muchos palos en la vida, una vida dura, y he aprendido a gestionar cosas de estas.
Pero seguro que ha tenido momentos de soledad en los que ha llorado mucho.
Muchos y mucho. Cuando me iba a andar era para desahogarme, para que no me vieran mal. Lloras de rabia y de impotencia, porque tu ilusión, tu forma de vida te la han quitado. Es una impotencia brutal, te sientes perdido, solo...
¿Cómo son esos primeros días, meses?
Pues al principio te crees que sigues siendo ciclista, no lo asimilas, no lo crees.
Pero mañana y pasado no vas a entrenar.
Ya, pero hasta que no llegan las 10 de la mañana que es el momento en el que solía ir a entrenar, no lo ves, no te das cuenta. Yo me despertaba y me venía el pensamiento, a ver cuántas horas tengo que entrenar hoy. Cuando te despiertas, desayunas y te tienes que quedar en casa es cuando te llevas el golpe de verdad. ¿Qué hago yo hasta la hora de comer? ¿qué hago después de comer si estoy todo activado? Con el tiempo te das cuenta que me ha pillado en una edad buena, puedo estudiar y redirigir mi vida, hacer cosas que nunca he hecho, disfrutar de la bici de otra manera...
¿Llega uno a entrar en un bucle destructivo esos días?
Hay un problema y es que no tienes nada que hacer y no puedes hacer nada. El día tiene muchas horas, el no hacer nada y muchas horas por delante hace que le des mucho a la cabeza, aunque te vayas a andar. Y solo pensaba en dos cosas, que he sido un privilegiado de todo lo que he vivido y que no me haya pasado nada. Y que todo esto es algo externo, que estaba fuera de mi control. Y ante eso… No puedo hacer nada, yo no cambiaría nada de lo que he hecho en mi vida. La vida te da golpes, hay que encajarlos, y para delante.
¿De dónde saca uno fuerzas en momentos así?
Del entorno, de hacer cosas y planes con los amigos. En realidad ellos no sabían lo que me pasaba. Oficialmente tenía una bronquitis. Lo sabían mis cinco amigos íntimos, y me ayudaba mucho que nadie me preguntara. Me ha ayudado hacer vida normal. El equipo me ha ayudado muchísimo, el médico ha acelerado todo, y los compañeros me escribían todos los días.
Visto ya con perspectiva, ¿qué se ha dejado en la vida para llegar a ser profesional y para rendir como un profesional?
Trabajo, disciplina y pasión. He sido una persona que se ha sacrificado una barbaridad. He hecho cosas que pensaba que eran el camino correcto y que, en realidad, no lo eran. Por ejemplo, ha habido etapas de mi carrera en los que salía a entrenar y si no sufría entrenando mucho sentía que no había entrenado. No había sitio para el disfrute. Si no llegaba a casa muerto, si no me hacía “daño” pensaba que no había entrenado. Llegaba quemado de cabeza a las carreras. Con el tiempo aprendes y disfrutas más. Igual no hay que hacer tanto, sino hacer las cosas fácil, eso me lo enseñó Mikel Nieve. Lo que es fácil es hacerlo fácil.
Cuando antes se refería a que he tenido una vida difícil, ¿lo dice porque se sentía de menos respecto a otros?
Nunca he tenido ni complejo ni la sensación de ir en desventaja. Más que problemas profesionales he tenido problemas familiares y personales que me han trastocado mucho, se me hizo una bola que no avanzaba y perdí la ilusión por la bici. Y hay un fenómeno que es que cuando tú te machacas mucho, entrenas a saco y luego las cosas no salen, te frustras el triple. Me estoy dejando la vida, y no ando. Entras en un bucle. Entreno, no ando, qué hago… Por suerte Jorge Azanza hizo como un padre que le coge al hijo y le da dos bofetadas para que espabile; y él me sacó de ese circulo. Si llego a seguir, no hubiese aguantado. Estaba haciendo animaladas, yo pensaba que lo único satisfactorio estaba en la meta, cuando en realidad lo satisfactorio es el camino, el día a día.
¿Cómo ha rehecho su vida?
Al poco de anunciar mi retirada en abril me puse a estudiar un master en psicología, alto rendimiento y coaching, que es un mundo que siempre me ha gustado y con lo que he despejado la mente. Y me he puesto con el título de director deportivo nivel 3, y terminando mi carrera de Magisterio. Soy muy movido, y dentro tengo mucha energía para dar. Es mejor estar ocupado que darle vueltas y lamentarme por lo que me había pasado.
¿Cuesta?
Claro que cuesta volverse a poner a estudiar, todo te cuesta el doble, especialmente la concentración. Pero ahí tienes que ir como en la bici, marcándote pequeños objetivos.
¿Quiere seguir en el ciclismo?
Estoy estudiando muchas cosas, y espero poder abrir alguna puerta. No he acabado quemado con el ciclismo, si me he ido es por una causa externa. Es un sitio en el que estoy feliz, es mi mundo, creo que tengo mucho que dar, y creo que puedo aportar con mi experiencia.
Sin prisa.
Me voy formando, soy optimista y creo que si haces las cosas con ilusión las oportunidades van a llegar.
¿Ha vuelto a tocar la bici?
Sí, y es lo que me hace feliz. La dejé cuatro meses para ver cómo evolucionaba la lesión del corazón, y luego los médicos me recomendaron que hiciera deporte siempre respetando unas limitaciones y menos de lo que me gustaría. Pero me sirve para despejarme y para seguir sintiéndome ciclista.