Una etapa para la leyenda
Navarra acoge este sábado una jornada con Issarbe, Larrau, Laza y final en Belagua


Actualizado el 09/09/2023 a las 12:50
El menú presentado es inmejorable. 156 kilómetros entre Savaterre de Bearn y la estación de Larra-Belagua. Un viaje por el corazón del Pirineo Navarro jalonado por tres colosos. Los altos de Issarbe, el legendario Larrau y la tachuela de Laza como transición hasta la llegada en Belagua. Ahora solo falta que los comensales lleguen con hambre a la cita. Queda la incógnita de saber si Jumbo queda saciado con el atracón que se dieron en el Tourmalet. Y si el resto de los comensales tiene estómago como para zamparse un menú tan atractivo y sugerente como indigesto, según le salga el día.
El Pirineo Navarro plantea este sábado el escenario para una gran batalla deportiva. Inspirado en el trazado de la marcha cicloturista Larra-Larrau, la Vuelta tiene en su segunda cita pirenaica una jornada de máxima exigencia. Con 3.700 metros de desnivel acumulado, prácticamente 3.000 de ellos en los puertos, la etapa arranca con la ascensión a Hourceré (Issarbe, de categoría especial. 11 kilómetros de carretera estrecha rugosa y exigente.
Tras una rápida bajada llega el juez de la etapa, y quizá de la carrera. El temible Larrau y sus 15 kilómetros que lo convierten en uno de los reyes del Pirineo. Es un puerto implacable, que desnuda al débil y castiga al fuerte. Quien pierda contacto allí sufrirá hasta Belagua.
El viaje desde Larrau hasta la ascensión final en Belagua es un frenesí sin descanso. Un buen equipo organizado puede endurecer y hacer trizas la carrera en ese tramo favorable. Larra-Belagua, que ya fue meta de la Vuelta a Navarra hace dos ediciones, no es una subida tan exigente como las dos primeras. Pero allí terminarán por aparecer los esfuerzos continuados de dos días en los Pirineos.


LA ILUSIÓN DE IMANOL ERVITI
La Vuelta a España 2023 cuenta con la presencia de un solo ciclista navarro, el veterano capitán de ruta del Movistar Imanol Erviti. El pamplonés cree que la primera jornada de la Vuelta en Navarra se presta a movimientos en sus más de 150 kilómetros.
“Puede ser una etapa decisiva en muchos aspectos. El día del Tourmalet tenía tres puertos durísimos desde salida y no se podía hacer una fuga porque estaban seguidos. El día de Belagua sí que puede haber una escapada. Hay 50 kilómetros muy duros por el prePirineo que puede coger tiempo. Si la fuga llega a después de Laza, se pueden producir movimientos tácticos interesantes en Larrau. Un equipo organizado y bien armado puede hacer mucho daño a un solo corredor aislado”, apunta. “Es una etapa durísima, con el punto más exigente lejos de la meta y que da para moverse desde el principio”.
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Vingegaard, Roglic y Kuss vieron Larrau por separado
Jumbo no deja cabos sueltos en ninguna grande, aunque antes hayan ganado el Giro y el Tour. Por eso sus tres bazas para la Vuelta a España se acercaron hasta Navarra para ver in situ la subida a Larrau, y conocer in situ un puerto que puede ser juez de la carrera.
Quien primero vino a supervisarlo fue Primoz Roglic, lo hizo en julio. Vio en compañía del biomecánico navarro Jon Iriberri la ascensión de Larrau por el lado francés y también supervisaron el tramo de chalet de Iraty.
Jonas Vingegaard, el doble ganador del Tour, también visitó el alto fronterizo, fue en agosto y también con la compañía de Iriberri. Por su parte Sepp Kuss, que vive en Andorra, aprovechó uno de sus días de entrenamiento para acercarse hasta esta zona del Pirineo para ver la ascensión.
Los Jumbo no vieron in situ Issarbe ni la subida final a Belagua, pero lo han trabajado con otras herramientas.
La tercera ascensión a Larrau por el lado francés, primera en la Vuelta a España
Larrau es un puerto que goza con un áurea y una fama sorprendente para una ascensión que solo se ha ascendido en dos ocasiones en competición de profesionales, ambas en el Tour de Francia. El alto fronterizo se estrenó en la Grande Bouclé en 1996, en una de las etapas pirenaicas más duras de la historia reciente. 262 kilómetros entre Argeles-Gazost y Pamplona, etapa 17º. Ese día estaba ideado como la gran etapa homenaje a Miguel Induráin en su pelea por conseguir su sexta victoria en Francia. La realidad fue que el pentacampeón sufrió en la ascensión al Soudet y terminó descolgándose con Abraham Olano en Larrau, donde el primer ciclista en coronar fue Virenque, que llevaba el maillot de la montaña de aquel día. El pentacampeón pasó con más de cuatro minutos perdidos. La segunda ocasión que el Tour pasó en Larrau fue en 2007, fue en la decimosexta etapa Orthez-Aubisque y el paso fronterizo fue el primer alto de la jornada. Pasaron escapados dos navarros: Chente García y Gorka Verdugo. El tafallés coronó primero.
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